Experiencias, cultura y opiniones

El universo del modelaje puede ser tan oscuro para cualquier mortal que no se relacione con el medio, que para lograr entender la movida tuvimos que ver una cantidad absurda de documentales y leer cualquier reportaje que tocara las puertas de The New York Times.

Sin embargo, después de estudiarnos la movida internacional, nos encontramos con una realidad un poco diferente en los límites venezolanos; con ayuda de América González tuvimos una probada de su experiencia, pero ahora, contactamos a Camila Cisneros para adentrarnos en el modelaje nacional y sus bosquejos en el mundo real.

Con cinco años de experiencia y una larga lista de campañas dentro y fuera del país, Camila se ha paseado por el mundo de la moda desde que tenía 14 años y se ha convertido, justamente, en una de las caras más conocidas de la movida del modelaje venezolano. 

Es por eso que husmear en sus experiencias era lo más adecuado por hacer. 

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Les presentamos a Camila Cisneros.

Sobre tu carrera

¿En qué momento decidiste aventurarte en el mundo del modelaje? ¿Cómo empezaste?

En verdad la que empezó fue Juliana, mi hermana. Bookings la llamó para un desfile de Vestimenta y yo fui a verla. Ahí la booker me vio y me preguntó si quería estar y me animé. No me lo imaginaba pero la verdad no era ajena al mundo del modelaje, sí me gustaba. Nos hicimos unas fotos con Alejandro Lee y ahí comenzó todo.

¿En cuántas campañas has participado?

Más de treinta.

¿Cuál ha sido la sesión más peculiar que has protagonizado?

La más wao fue una a la que fui ahorita, en Miami, para una marca de maquillaje y las fotos quedaron espectaculares.

¿Qué es lo más raro que te han pedido en una sesión?

No es raro, sino incómodo. Eran como mis terceras fotos, tenía quince años y me dijeron que mis fotos eran desnuda porque era la “más exótica del grupo”. Por supuesto eso no pasó, una de las modelos me ayudó y habló con el fotógrafo.

Sobre la movida del modelaje en Venezuela

¿Qué se siente ser una de las nuevas caras del modelaje en Venezuela?

Se siente bien porque mi esfuerzo dio frutos. Yo estoy en esto como desde los 14, y era justamente lo que yo quería: hacer la mayor cantidad de fotos con las marcas de aquí, para tener una buena base y ya que me voy, y me da oportunidad afuera.

Me siento orgullosa de mi misma. Sé que no es un trabajo horrible, pero tiene sus sacrificios: pararse a las 4:00 a.m., o acostarse demasiado tarde; estar todo el día parada siendo literalmente un gancho de ropa. Es divertido pero llega un punto en el que ya no es “diversión” sino que es tu trabajo y tienes que comportarte y ser profesional.

¿Cómo es modelar acá en comparación con el modelaje internacional?

Afuera es un trabajo respetado, aquí la gente lo ve como un hobby. No es que no lo respetan o te van a tratar mal, pero aquí está el típico “bueno, en verdad es una chama joven, es un pasatiempo” cuando hay mucha gente, no es mi caso, que vive del modelaje. Afuera es una carrera que se cobra por hora, exiges comida, buen trato. Es un trabajo. Aquí no es ni la mitad de serio que afuera, se valora mucho más el trabajo.

De experiencias turbulentas, ¿qué tan sano y orgánico crees que es el modelaje aquí?

Una cosa es el Miss y otra cosa es el modelaje. De verdad no se mezclan. Hay modelos que ahorita están en el mundo de la moda que también comenzaron con el Miss y hacen las dos cosas o viceversa. Sin embargo, en el mundo del modelaje, yo, en mis cinco años de experiencia, ha sido bastante orgánico y respetuoso. También porque yo siempre estuve con la agencia y ellos se encargan de que sea gente confiable y que mantengan el respeto.

En Venezuela existe el prototipo del Miss, ¿cómo es entrar en un mercado así?

Yo comencé a los 14 con Rosmary, Angélica, Rosangélica, Isis Malpica, eran las mejores del modelaje. Yo era como la hija de ellas, y ahorita yo tengo su edad, soy como el relevo. Creo que antes existía más el prototipo de Miss, ahorita se ha dejado demasiado a un lado; siempre hay marcas que quieren seguir con el prototipo de Miss, pero las más famosas, las más top, tipo Efraín Mogollón, No Pise la Grama, Andrea Gómez, Juliet, han dejado atrás ese prototipo.

Con la fuga de talento, ¿crees que hay suficientes modelos en el país? ¿O siempre son las mismas caras?

Sí creo que siempre son las mismas caras, incluyéndome. Obviamente para mí es buenísimo y para todas las modelos que repiten es buenísimo, pero ya llega un punto en el que te quemas, en el que la gente, supongo, se aburre de verte; cuando sales en todas las marcas, en las tiendas, las campanas de trajes de baño, zapatos, accesorios, todo. Pero siempre sale alguien que es tu relevo. Podrían haber muchas más modelos aquí, hay diversidad: hay claritas, hay morenas, castañas. Siempre podría haber más.

Si tienes potencial, ¿tienes que irte?

100%. Pienso que si empiezas aquí, está súper bien porque así conoces cómo es tratar con un cliente, conversas con personas que te contrataron, maduras como una persona profesional. Aquí te explotan un poco, pero está bien para comenzar: la persona que tenga potencial para irse, tiene que irse. Hay muchas modelos que se han ido y afuera nos están representando muy bien y dejándonos en alto.

Sobre la cultura del modelaje en Venezuela

¿Crees qué hay consecuencias como anorexia y bulimia en el modelaje de aquí? 

Tal vez en el Miss puede haber, porque es el extremo: tengo amigas que son extremadamente flacas y les han dicho que necesitan miles de operaciones. En el modelaje como tal no conozco a ninguna persona que sufra de desórdenes alimenticios, más bien se está creando una cultura de hacer ejercicio, no solo que seas flaca, sino que te cuides y te veas mejor.

¿Qué opinas de las operaciones con fines estéticos?

Sí estoy de acuerdo siempre y cuando sea algo que la persona desea; si no está conforme con una parte de su cuerpo, por sí misma y no por concursos de belleza, sí estoy de acuerdo porque va a mejorar su autoestima y la persona se va a sentir mejor. Obviamente sin llegar a los extremos porque todo en exceso es malo. 

¿Cuál es un mito del modelaje que te gustaría eliminar?

El mito de que esto no es un trabajo. Es algo que implica muchos sacrificios, organización, constancia y esfuerzo. Toma muchísimo tiempo, hubo una grabación de 17 horas seguidas en la que yo tuve que mantenerme íntegra y pulcra desde el minuto uno hasta el último; dar las gracias e irte, feliz de la vida aunque te estés muriendo. Sí es un trabajo agotador e implica una rutina.

En Venezuela, ¿se estudia modelaje? ¿Crees que es necesario?

Creo que ni aquí ni afuera; las mejores modelos y las modelos más reconocidas a nivel mundial no estudiaron modelaje. Al final lo que vende es lo natural. No está mal estudiarlo, pero hacerlo no te garantiza el éxito, por así decirlo. Es más sobre ser natural y segura de ti misma, conocer tu cuerpo y tus ángulos.

Pero así como estudiarlo, no me parece necesario. Es un buen complemento, pero hasta ahí.

Riesgos en el medio, ¿existen aquí?

A veces la competencia puede ser bastante dañina y tal vez puede general problemas de autoestima. Pero riesgos como tal, no. Yo he disfrutado de todos mis proyectos y la gente que conozco realmente me ha ayudado. En verdad creo que acá hay más beneficios que riesgos, pero todo depende de la persona y sus experiencias. 

¿Cómo se percibe el modelaje en Venezuela?

Es bastante subjetivo; muchas modelos, que pueden ser influencers o no, aprovechan su fama mientras que otras modelos, como yo, no haríamos. Entonces a veces dan una imagen del modelaje que no es porque para mí es un trabajo que disfruto, pero conlleva muchas responsabilidades y compromiso. A veces se da una imagen que definitivamente no es la mejor, pero al fin y al cabo creo que depende de cada quien reflejar lo que quiera reflejar seas modelo, cantante, o lo que sea.

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¡Muchas gracias, Camila! 

Por abrirnos los ojos al mundo del modelaje e iluminarnos con tus experiencias.