El mundo de la moda está vuelto un c*lo

La industria de la moda está patas pa' arriba
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oooo

La industria de la moda es tan complicada que ni siquiera las personas que están dentro de ella la entienden.

Con una cantidad innumerable de horas viendo pasarelas, un acumulado de revistas leídas y los diálogos de los documentales más importantes aprendidos, mi conocimiento sobre la industria parece ser lo más completo que puede llegar a ser considerando que tengo un océano de por medio (o más) de las capitales más cruciales en la industria.

Sin embargo, sé lo suficiente como para darme cuenta de que la industria está vuelta un c*lo.

El mundo de la moda siempre ha querido presumir de su buena adaptación a los cambios, pero cuando una ola de ellos llegó al mismo tiempo, fue suficiente para tener a todos corriendo de un lado al otro esperando a que todo lo que conocen se derrumbara a su alrededor.

Sí, así de dramático. 

El consumidor está cambiando muy rápido, el mercado cada vez se hace más competitivo y las redes sociales son un hoyo negro del que sales vivo o te pierdes en otra galaxia sin probabilidades de salir pronto.

Y resulta que bajo la ilusión de que “conocían a su consumidor”, la moda se adelantó a los hechos. Gritó a los cuatro vientos cada cambio radical que realizó con el fin de complacer lo que pensaba que eran las necesidades del cliente y las vendió como una característica de promoción; sin medir cuál sería su impacto y repercusiones a largo plazo.

Por supuesto, una vez que abrieron sus ojos, o se los abrieron las ventas del último año, se dieron cuenta de que no siempre el cliente tiene la razón, o al menos no lo que ellos creían que el cliente quería.

En este periodo de ensayo y error, con más errores que ensayos, la industria descubrió un par de cosas:

La gratificación instantánea no es tan gratificante después de todo

Contra todo pronóstico, resulta que el consumidor es feliz cuando recibe una compra sin la necesidad de esperar seis meses para tenerla en sus manos, pero cuando todo es tan instantáneo y de fácil acceso, la mayor oportunidad de las marcas muere: ahora no pueden construir la anticipación de clientes por experiencias emocionantes que vienen con la compra.

La gratificación instantánea desaparece la anticipación y deja como reemplazo a una menor satisfacción emocional por la compra. Lo que se traduce a menor compromiso con las marcas, y después concluye en una monotonía; pues estamos programados para comprar por los estímulos emocionales más que los físicos, y si la emoción es tan efímera, ¿cuál es el punto de todo?

No estamos hablando de comida rápida después de todo.

Cambiar algunas tradiciones no significa que algo termina, sino que evoluciona

Ya hemos hablado de esto. Las famosas “crisis de la industria” por el fin del mundo. Sí, puede que alguna de las caras más importantes de la industria hayan decidido dejar de participar en los Fashion Weeks, los eventos en Nueva York hayan terminado un día antes de lo que se acostumbra y que el “see now, buy now” ahora sea una realidad diferente a la que la industria acostumbra, pero eso no significa que todo está perdido y nadie necesitará la moda más.

Un imperio con tantos años y experiencia no se acaba del día a la mañana. Vamos a darle una década al menos.

Si le preguntas a los clientes qué quieren, querrán todo

Más ropa, menos tiempo de espera, bajos precios, alta calidad, fácil acceso, cero movilización, todo lo que se les pueda ocurrir. Quiéranlo o no, complacer todos los requisitos de los clientes, sobre todo si confunden un capricho con una “necesidad”, no es excusa suficiente para modificar las cadenas de distribución, los protocolos establecidos, el tiempo de producción y toda la identidad de la marca.

Siempre querrán más por menos, el detalle está en diferenciar qué es necesario y qué no. No entregarles todo lo que pidan porque lo están pidiendo; porque en el camino harán sacrificios que salen caro a largo plazo.

A este punto, la industria no sabe ni qué hacer. ¿Complacer al consumidor? ¿ignorarlos? ¿retirarse del mercado?

Considerando que estamos hablando de escenarios que nunca habían sido previstos, nadie sabe qué camino escoger; en conclusión, la industria está vuelta un c*lo.

Pero no importa, eventualmente se darán cuenta de que lo importante al cometer errores es retractarse. Aún estamos esperando a que vuelvan a su estado normal para poder analizar la nueva metida de pata que protagonizaran y así sucesivamente, porque la verdad es que nadie sabe el camino correcto.

Ni yo, que tengo altos conocimientos en índices de Vogue