¿A dónde se fueron todos los excéntricos del mundo de la moda?

Necesitamos una nueva generación de íconos.
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Hubo un momento en la historia de la moda en el que se decretaron las figuras más importantes del medio; hablamos de diseñadores, modelos, trendsetters y celebridades.

Desde ese momento, no ha existido otro Karl Lagerfeld, Naomi Campbell, Vivienne Westwood o Anna Dello Russo para reemplazar a la vieja generación. Lo más cerca que hemos llegado es a 20 años de Jeremy Scott experimentando con la moda, y sin embargo, eso no cubre todos los puestos que necesitan ser llenados en la industria. 

En la época de oro del mundo de la moda, no había mejor halago que ser extravagante. Entiéndase extravagancia como “poco común”, llamar la atención por el mero hecho de ser diferente. O simplemente ser lo suficientemente rico y con estilo como para salirte con la tuya cuando se trata de moda.

Mientras que ahora todo el mundo parece una reproducción de las Kardashians y las Jenner. O al menos un intento.

Y es que antes de la era de Trump, el Brexit, el medioambiente y la recesión, la fabulosidad extravagante era necesaria para el mundo de la moda. Es decir, gran parte de la emoción de la industria estaba basada en su irrealidad, en su mágica e intransigente manera de hacer que la vida pareciera sencilla, soportable y “menos que” comparado con otras situaciones. Que el mundo se podía salvar mientras parecieras un personaje sacado del Capitolio de The Hunger Games que discute sobre cuál será el color de esta temporada.

Como toda vertiente del arte, era escapista.

Aunque todo tiene su lado negativo, porque no podemos vivir nuestra vida con problemas tan pequeños como de cuál color vas a pintar todo tu closet según Pantone, la moda poco a poco se fue involucrando más con la realidad.

Hace décadas, le abrió la puerta a problemas sociales, políticos, medioambientales y económicos para adaptarlos a su propia versión de realidad y codearlos con sus patrones de colores, algodón, estrellas, sonrisas y mucho rosado.

Así es como insignias contra Trump llegaron a las pantaletas de LRS Studio, declaraciones políticas por el Brexit a las pasarelas de Londres y colecciones atípicas a las vitrinas para darle protagonismo a las crisis sociales.

Sin embargo, la magia irrealista que personajes como Vivianne Westwood, Karl Lagerfeld y Versace proyectaban brilla por su ausencia. Estábamos acostumbrados a ver a tantos excéntricos en la industria, que nunca pensamos que se acabaría. Pero mientras los líderes del excentricismo están empacando una maleta de logros, los siguientes en ocupar el reino no han llegado.

Claro, tenemos a Jeremy Scott, Rihanna, Iris Apfel y la nueva Celine Dion; pero hasta ahí llega la lista. 

Pero, ¿tenemos a quién culpar?

La pérdida del encanto en el mundo de la moda puede no tener un responsable. Pero solo por apuntar el dedo contra alguien, queremos echarle la culpa a Trump.

Y al Brexit, la desigualdad, el terrorismo, la guerra de clases y a Nicolás Maduro, solo porque podemos. 

Los íconos de la moda no han envejecido bien, susceptibles a la realidad, olvidaron que la moda era un mundo mágico en el que todo podía ser resuelto con una buena pinta y tacones, la burbuja dentro del caos; así que si hay alguna fuerza a la que debemos culpar, es al mundo.

Incluso, Valentino fue el primero en verlo. La editora de Cosmopolitan hizo público el año pasado que cuando entrevistó a Valentino Garavani en el 2007 le pidieron que por favor no mencionara nada sobre la guerra en Irak; le dijo al New York Times que su equipo le advirtió “Él no lo sabe. El señor Valentino no lee los periódicos, solo buenas noticias. Es un hombre de belleza y debe permanecer en un mundo de belleza”.

Sí, la realidad no se lleva bien con la fantasía.

Así que formalmente pedimos la renuncia de Trump y Maduro, para poder ver el regreso de los excéntricos de la moda tal como los recordamos. Por favor y gracias.