Necesitamos que Dolce & Gabbana deje de intentar conquistar a los millennials

Porque definitivamente no está funcionando.
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Últimamente las marcas han hecho todo lo que está a su alcance para seguir nuestro ritmo; implementan nuevas tecnologías, dirigen sus campañas publicitarias a nuestra generación y se adaptan a los medios que usamos. Pero por más de que todo lo anterior parece haber funcionado antes para Dolce & Gabanna, su nueva colección desafió el límite entre estar en sintonía con los millennials, e intentar desesperadamente convertirse en una representación de ellos.

Si pensamos que su colección de otoño masculina a principios de este año había concentrado el estereotipo millennial de la peor forma, con Cameron Dallas como protagonista de la noche, Austin Mahone cantando en plena pasarela y 21 millennials en primera fila, su propuesta otoño/invierno 2017 va mucho más lejos.

Modelos altas y bajas, bloggers, parejas, bebés, niños, influencers, música en vivo gracias (de nuevo) a Austin Mahone, estampados de Justin Bieber e invitados especiales hicieron que la última presentación de Dolce & Gabbana pasara de ser un desfile de una firma de diseño italiana con un target exclusivo, a una celebración extrema y confusa de la generación conocida por rechazar las marcas de prestigio que cobran más que un seguro de vida por un par de zarcillos.

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Entre tropiezos, cambios de ritmo y algunos problemas de espacio, la pasarela estuvo llena de fallos estéticos que hicieron parecer que los modelos nunca antes habían desfilado en un show. Y algunos de ellos en realidad nunca lo habían hecho, sobre todo los influencers y bloggers como Lele Pons, Aimee Song, Juan Pablo Zurita, Lovely Pepa, Marcus Butler, Kristina Bazan y Pixie Lott; incluyendo a los hijos de celebridades que hicieron su debut en la pasarela: Corinne Foxx (hija de Jamie Foxx), Rose Gilroy (hija de Rene Russo), Delilah Bell Hamlin (hija de Lisa Rinna), Destry Allyn Spielberg (hija de Steven Spielberg) y Dylan Lee (hijo de Pamela Anderson).

Por más de que el evento en sí se vio inexperto y desorganizado, al menos el centro de atención fueron los invitados y no la descoordinación entre ellos. Desde la primera fila hasta los nuevos modelos que se manejaron con el hashtag #DGMillennials en todas las redes sociales, la protagonista de la noche fue la diversidad en la pasarela; todos los representantes de las piezas italianas eran de diferentes razas, nacionalidades, edades, tamaños y estaturas.

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Aunque la decisión de conquistar a los millennials se veía venir desde el 2009, cuando Domenico Dolce y Stefano Gabbana quitaron a personalidades importantes de la industria y sentaron a varios bloggers en la primera fila de su show porque “Es el futuro. Muchos jóvenes consumidores no leen periódicos, ¡leen blogs!”, la nueva estrategia está lejos de captar la esencia de nuestra generación. No porque escriban en una camisa “We Love Justin Bieber” (sí, a lo 2010) y “All I need is Love and Wi-fi” en escarcha están más cerca de los millennials, que repito, no pagan millones de dólares por un par de zapatos. 

Si una casa de diseño como Dolce & Gabbana está dispuesta a modificar su visión para llegarle a un target predispuesto, al menos la ropa tiene que enamorar a la generación a primera vista, y no eclipsarse con el estereotipo comercial. Para ser un poco más justa, sí hay piezas que entrarían en mi lista de compras sin pensarlo dos veces, pero la dirección que está tomando D&G al adoptar a Cameron Dallas como el “rey” de los millennials está realmente mal.