Se puede llamar auto-preservación, solo no se nos debe ir de las manos

Nos hemos cansado de escuchar, una y otra vez, lo importante que es tener una rutina de belleza; limpiar, hidratar y aplicar protector solar, todos los días.

Esto último, lo hemos repetido como loros. En primer lugar, porque...el calentamiento global, y en segundo porque es lo que nos recomendó nuestra tía coqueta desde que tenemos diez años.

¿La razón verdadera detrás de todo esto?

El miedo a envejecer.

Por supuesto, con ello viene la confianza común, que te dice que aún eres muy joven como para iniciar tratamientos contra la vejez. Pues, lamentamos explotar tu burbuja de juventud despreocupada, resulta que, nunca es muy temprano para comenzar.

De hecho, en una era en la que nos enfrentamos a tantos monstruos figurativos y literales, nuestro proceso de crecimiento es casi tan rápido como el latido de nuestro corazón. Y si a eso le sumamos el factor comunismo, que hace que un día parezca un año; para el momento en el que salgamos de esta coyuntura, tendremos 50 años de más.

Así que, incluir retinol, el ingrediente antienvejecimiento en tu rutina diaria no es más que una decisión inteligente. El Internet te lo puede confirmar.

En los últimos años, todo lo que implica el cuidado de la piel, sobre todo el concepto desde la perspectiva de “el fenómeno que te obliga a gastar ilimitadamente dinero, tiempo y esfuerzo”, se ha popularizado caleidoscópicamente. 

Cuando antes todo lo que escuchábamos era baba de caracol, vitaminas, crema de placenta y colágeno de cerdo para retrazar la aparición de las arrugas; ahora industrias de belleza como la coreana, han impulsado globalmente la idea del cuidado glamuroso ─con esencias, ampollas y tonificantes, incluidos─, que muchas veces utilizan los mismos ingredientes, pero tienen nombres que se asemejan más a sus altos precios.

Y es que, en sí, con las invenciones tecnológicas, no se sabe si el consumidor está comprando un producto de cuidado para la piel o una manta de seguridad psicológica. No hay diferencia, porque dentro de todo, descarrilamos la línea de pensamiento entre el cuidado y la necesidad de verse mejor: y en esta cultura, verse mejor significa indudablemente verse lo más joven posible.

Lo que, al final del día, acarrea un miedo; que Susan Sotag, en su ensayo "El doble estándar del envejecimiento", le gusta llamar “crisis de la imaginación”: el temor de que serás menos bella en el futuro.

Así que, para resolverlo, te compras toda la estanteria de cremas y productos con nombres fancy que prometen quitarte 20 años de encima; porque mientras exista este miedo, tanto artificial como pragmático, la belleza funcionará como valor y su ausencia como falta.

Por suerte, a medida que el discurso feminista ha cobrado fuerza, la industria de la belleza ha tratado de cubrir algunas de sus grietas con parches. Ahora no prometen “antienvejecimiento” sino “resplandor”; y eso no significa que los estándares de belleza se estén reestructurando, sino que es un cambio de marca, en el que "joven" se posiciona como sinónimo de “natural”.

Aún cuando no hay nada más “natural” que envejecer.

Pero, la industria de la belleza se basa en su capacidad para redefinir "natural" a precios cada vez más altos; y por suerte para ellos, a nuestra sociedad le gustan los antónimos de natural: pestañas falsas, inyecciones de todo tipo, extensiones, tratamientos faciales, etc.

Sin embargo, al menos la Agenda Setting no es dominada por el “antienvejecimiento”. Cuando, tradicionalmente, el cuidado de la piel representaba un intento de negar la inevitabilidad del futuro. Ahora, se acerca más al reconocimiento del futuro; de que viene, de que puede estar llegando.

Todos sabemos que no hay forma de evitar envejecer, y la industria lo está aprovechando para venderte las comodidades que te harán “aceptarlo” preparandote para su llegada.

La buena noticia, es que al menos no tendremos la crisis que tuvieron nuestras mamás cuando se dieron cuenta de que el futuro sí llegaría. Para nosotras, es solo cuestión de tiempo.

Aunque nunca está de más usar retinol. Porque ajá.