Ahora los estudiantes de moda tienen que estudiar el clima

Si ni siquiera sabemos cuál será el clima de la próxima semana, imagina prevenir un año entero.
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Como si ya los diseñadores no tuviesen obstáculos con los que lidiar, semanas para producir líneas completas y los constantes cambios del consumidor, el 2016 les ha traído un nuevo reto: el clima.

Antes la moda era fácil; seis colecciones anuales, capas en invierno y tops en verano. Los diseñadores podían preparar una colección con seis meses de antelación porque estaban seguros de que cuando llegara a las vitrinas, el clima estaría acorde al concepto de la línea.

Those days are gone.

Ahora los cambios climáticos son el mayor problema de las marcas, porque tienen que predecir un factor que aún sigue en desarrollo; aunque algunos diseñadores han decidido continuar con el calendario tradicional, arriesgándose a cualquier patrón meteorológico inesperado que haga que la ropa simplemente se quede en las tiendas cuando la colección salga al mercado, para al final ser rebajadas a un precio que ni siquiera toma en cuenta los costos de producción.

Sin embargo, la gran mayoría ha trabajado horas extras para acoplarse a la naturaleza. Según comentó Jason Wu, conocido por vestir a Michelle Obama y por tener más de 13 años de experiencia en la industria, gracias a los cambios climáticos extremos, “no hay separación real entre la primavera, otoño, invierno y verano”.

Y ya que escuchar al electo presidente de Estados Unidos negar este fenómeno no es realmente tranquilizador, los diseñadores comenzaron a contratar climatólogos para ayudarlos desde el proceso creativo hasta seleccionar los traje de baños que pueden aparecer en el inventario en este momento del año. Mientras que The Fashion Institute of Technology en Nueva York ya tiene la respuesta para que los estudiantes no tengan la guardia baja cuando en tiempos de calor y sol, bajo cero se trate.

El instituto de moda en el que se graduó Calvin Klein y Brian Atwood, lanzó un nuevo curso llamado “Predictive Analytics for Planning and Forecasting: Case Studies with Weatherization”. De por sí, el nombre ya es suficiente como para adivinar que el pénsum no es amigable, y según el FIT, los alumnos deben estar preparados para temas técnicos con gráficos, hojas de cálculo y muchas ecuaciones.

Aunque lo más lógico para nosotros sería consultar cómo fue el clima el año pasado antes de desarrollar una colección y sacar todas las hojas de cálculo, Melissa Weilacher, una de las alumnas del curso y la senior en International Fashion Business Management, explicó que apoyarse en el clima pasado es lo que está haciendo el competidor, y por ende, deben ir un paso por delante. Así que estudiar la intervención de datos meteorológicos en cálculos reales para saber cuándo una tienda neoyorquina debe vender bufandas, es el camino que se debe tomar.

Ya que escuchar al ancla del clima no salvará a la industria de la moda, por lo menos están haciendo un buen trabajo tratando de manejar el futuro climatológico para que nosotros tengamos qué vestir en otoño. Así que recuerda la próxima vez que te caiga un diluvio imprevisto, un diseñador de moda puede estar pasándola peor que tu. 

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