Aunque la comida y la moda no tengan nada en común

La industria de la moda y la industria de la comida convergen en una mezcla muy peculiar. En primer lugar porque son imperios que poco tienen que ver entre sí, y en segundo, porque tu idea de ‘fashionista’ no es precisamente una tipa que se la pasa dando vueltas con un vestido de McDonald’s de un lado para otro.

Ver relacionados:

La comida también tiene tendencias

Hay tendencias, y hay tendencias de m!erda

La diferencia entre tener buen gusto y seguir las tendencias

Pasarela Fall/Winter de Chanel, París, 2014. 

Pasarela Fall/Winter de Chanel, París, 2014. 

La tendencia: vestir marcas de comida y comprar en ellas

La relación entre la comida y moda tiene un antes y un después. Podemos comenzar exponiendo casos aislados de casas de moda uniéndose a la ola de food merch, como fue la colección Autumn/Winter de Moschino del 2014 para su show Ready-To-Wear, que jugaron con el logo y la identidad corporativa del imperio de comida rápida McDonald’s; o la colaboración cápsula Telfar x White Castle; Cheetos apareciendo en todas las pasarelas de la última temporada del New York Fashion Week; las carteras diseñadas por Charlotte Olympia que ensamblan las cajas para llevar comida china; los bolsos de 995 euros que parecen paquetes de patatas fritas crujientes creadas por Anya Hindmarch; e incluso Chanel organizando sus pasarelas con temáticas de supermercado en París en el 2014.

Pasarela de Chromat 2018, New York Fashion Week.

Pasarela de Chromat 2018, New York Fashion Week.

El mismo Kanye West reveló en Twitter -Oh, qué sorpresa- que sus más recientes diseños para Yeezy están inspirados en parte en “una tienda de comestibles”, específicamente en Erewhon, un mercado de alimentos naturales de alta gama en Los Ángeles.

A la moda le gusta la comida; no necesariamente para comérsela, sino para vestirla

Sin embargo, esa no es la única relación que mantiene la industria textil con la de alimentos; hay una nueva dinámica de food merch que no solo te hace vestir marcas de ropa comunes en el mundo de la comida rápida, sino que también te hace comprar en dichas sedes de las marcas.

Para evidencia, están los nueve zapatos deportivos agotados de la colección The Saucony x Dunkin Kinvara, la cápsula de Kith con Michelin que se vendió en el restaurante Carbone, de Greenwich Village, o las térmicas y camisetas vendidas por Mission Chinese. Hasta la mercancía de la cadena de ensaladas Sweetgreen en alianza con Nancy Silverton es un buen ejemplo, después de su éxito con el tee de "Beets Don't Kale My Vibe".

Restaurantes alrededor del mundo han estado vendiendo merchandising por años; no es nada nuevo. Sin embargo, tal como los turistas que coleccionaron las camisetas de Hard Rock Cafe y Mr. Frog como si de una competencia se tratara, ahora existe el precedente para un cruce con marcas legítimas de moda.

No solo una cosa de turistas.

Moschino por Jeremy Scott, 2014 Ready-To-Wear. 

Moschino por Jeremy Scott, 2014 Ready-To-Wear. 

Telfar lleva trabajando con White Castle durante muchos años, y Colette colaboró con McDonald's en 2015; el atractivo de colecciones de este estilo es realmente la ironía de comprar diseños tan costosos como el restaurante, que parecen, en pocas palabras, baratos.

Lo mismo que ocurre cuando es “tendencia” comprar piezas de diseño por mil dólares que replican las bolsas de $10 de IKEA. Solo que esta vez también puedes comprar los diseños aparentemente baratos en los restaurantes justo cuando estás ordenando tu almuerzo.

El veredicto

Si en Venezuela no te dan ni bolsas y es suerte en su mayor expresión encontrar productos básicos, mucho menos te van a ofrecer un outfit casual para tu cena del sábado. Muy bonita tendencia, pero Latinoamérica, en específico Venezuela, está un poquito lejos de tener una vitrina en el restaurante más cercano.

Ajá, ¿y si yo quiero usar food merch aquí?

Bueno, tienes dos opciones:

  1. O te robas los uniformes de McDonald’s.
  2. O mandas a hacer tu propia food merch.

Si consigues mercancía promocional más allá de la política, o cualquier arte que hayas decidido estampar con la marca de tu cadena de comida favorita, el primer paso para sobrevivir a la logomanía es asumirlo como la pieza central de tu look.

Obviamente, los arcos dorados a lo largo y ancho de tu camisa son difíciles de ignorar. Si te vistes con base en ellos, es más fácil disimular el hecho de que pareces una promotora andante.