Killing Eve Femme Fatale

Villanelle y la reinvención de la ‘femme fatale’ en ‘Killing Eve’

Jodie Comer interpreta a Villanelle, una cautivadora asesina, en Killing Eve, serie transmitida por BBC America. Ella, junto a Sandra Oh como Eve Polastri, protagoniza esta producción en la que el género de espionaje toma un giro inesperado y moderno, presentando a Villanelle como la femme fatale de la era post Time’s Up. La adictiva trama de la serie —escrita por Phoebe Waller-Bridge (Fleabag)— gira en torno a la relación obsesiva entre Sandra Oh, quien interpreta a una agente del MI6, y Comer, una habilidosa asesina a sueldo, que además de ser una sociópata, es bisexual. Aunque comparten poco tiempo en la pantalla, ambas van construyendo esta tensión sexual en un juego de gato-caza-ratón que resulta ser uno de los atractivos principales de la serie ganadora de un Emmy por la actuación de Comer el pasado mes de septiembre.

Killing Eve femme fatale
Killing Eve
BBC America

La femme fatale de Killing Eve no es la típica mujer felina, seductora, con pantalones de cuero y tacones; es, en cambio, una chica de rasgos tiernos y juveniles que juega con la elasticidad de su rostro, haciendo expresiones exageradas e infantiles que contrastan con la brutalidad de sus impulsos más violentos. La mirada vacía, la ausencia total de empatía y esa capacidad de cortarle la yugular a alguien con la misma ligereza con la que abre una botella de champán le imprimen una fascinación peculiar a nuestra asesina, quien dista mucho de ser esa mujer come-hombres, irracional y desesperada como la Glenn Close de Atracción fatal

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Villanelle se distingue de sus predecesoras por la facilidad con la que navega entre los lados femenino y masculino de su personalidad: usa botas de combate cuando está de trabajo en una misión, es fría y calculadora, pero también juega con su sexualidad para manipular tanto a hombres como a mujeres y puede vestir de diseñadores franceses como cualquier modelo de revista. Esta dualidad, que además prescinde de fetichizar la violencia a través del sexo, construye un personaje perturbadoramente humano, falible, que a pesar de tomar decisiones carentes de cualquier compás moral, les muestra a los espectadores el mundo a través de sus ojos, los de una asesina, sin que este lo note. Villanelle reinventa el estereotipo de la femme fatale al generar simpatía en el público, haciendo que nos preocupemos por ella, que la alentemos en sus misiones más sanguinarias sin que nos demos cuenta de que nos hemos puesto del lado de la antiheroína. 

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El estereotipo de la femme fatale, empleado con frecuencia en los film noir de la era dorada de Hollywood como To Have and Have Not con Lauren Bacall y Humphrey Bogart, tiene sus orígenes en la tradición mitológica y judeo-cristiana. Como explica Román Gubern en su artículo Estereotipos femeninos en la cultura de la imagen (1984), entre la iconografía de la Afrodita y la Eva del Génesis, se ha desplegado un espectro de estereotipos a lo largo de la historia y en distintos formatos como la pintura, la escultura, la publicidad, el cine o la televisión, dando distintas formas a esta mujer antagónica y castradora en oposición al arquetipo de la mujer sumisa y virginal. Estas mujeres fálicas, caracterizadas por el empleo de artimañas sexuales para seducir a los hombres, se contraponen al ama de casa siempre atenta, dócil e ingenua, de manera que ambos estereotipos mantienen relaciones asimétricas con la figura masculina. Son arquetipos que tradicionalmente se han construido desde la mirada del hombre, partiendo de una concepción conservadora arraigada en los principios judeo-cristianos y luego en las rígidas distinciones de los géneros establecidas durante la era victoriana. 

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La devoradora de hombres, la vamp o la femme fatale son nombres que se le dan a esta mujer dotada de atributos físicos y altamente sexualizada en la pantalla desde las primeras décadas del cine; esta figura encarna el temor freudiano de los hombres hacia ella, corrompiendo y seduciendo tanto a su objeto de deseo como a los espectadores. Se trata de la mujer como producto de consumo. La ambivalencia entre la casta y la pecadora, entre la virgen y la prostituta, entre el ama de casa y la mujer independiente pero frígida y castradora conforma el espectro de estereotipos que se han construido tradicionalmente alrededor de la figura femenina en la cultura. Toda la iconografía desplegada en el arte y en los medios de masas responde a estas construcciones, reinterpretadas una y otra vez desde la concepción masculina de los géneros. 

Una de las primeras femme fatale del cine, o quizá la primera de gran impacto, fue Marlene Dietrich en la película alemana El ángel azul (1930), donde interpreta a Lola-Lola, una cabaretera vampírica y corruptora de hombres que lleva a la ruina al profesor Immanuel Rath, quien está locamente enamorado de ella. 

  Der Blaue Engel femme fatale
Der Blaue Engel (1930)
Paramount Pictures

Durante la década de los cuarenta, el auge del cine negro les dio a los espectadores la oportunidad de deslumbrarse con los atributos y la seducción de una Rita Hayworth en Gilda (1946), película en la cual interpreta a Gilda Mundson, una manipuladora y ambiciosa mujer que desmorona la vida no de uno sino de dos hombres en una misma cinta. 

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Un año más tarde Hayworth repitió su hazaña de femme fatale, esta vez junto a Orson Welles, en La dama de Shanghai (1947), filme en el que interpreta a Elsa, una inocente y cándida mujer que esconde un pasado oscuro, una Circe que seduce e hipnotiza a Odiseo con su canto de sirenas en medio de una travesía por el mar. 

En 1950 otro film noir enloquece a los espectadores gracias a la actuación de Gloria Swanson en Sunset Boulevard, donde la actriz da vida a Norma Desmond, una actriz del cine mudo venida a menos que arrastra a Joe Gillis, interpretado por William Golden, a sus más oscuras fantasías. 

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Saltamos tres décadas con Atracción fatal (1987), cinta en la que Glenn Close interpreta a Alex Forrest, una obsesiva mujer al borde de la psicosis, quien luego de tener una aventura con Michael Douglas se empeña en acosarlo a él y a su familia, asesinando a un pobre conejo en el camino y cristalizando el estereotipo de la mujer histérica e irracional del “¿estás loca?” típico del gaslighting masculino. Quizá esta sea la imagen que viene a la mente de los hombres cuando nos hacen esa pregunta. No lo sabemos.

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En Instinto básico (1992), Sharon Stone hace historia con el cruce de piernas más revelador del cine, interpretando a Catherine Tramell, una escritora ninfómana, bisexual y con rasgos de psicopatía, dispuesta a todo con tal de seducir y volver loco al detective Nick Curran —Michael Douglas, nuevamente—, quien conduce una serie de interrogatorios para descubrir qué hay detrás del misterioso asesinato de un famoso rockstar

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Quizá el antecedente más cercano a Villanelle, y el que la iguala en complejidad y frialdad, sea Amy Dunne —Rosamund Pike—, la Gone Girl (2014) que Ben Affleck perdió por acostarse con una de sus alumnas, ganándose una de las venganzas mejor ejecutadas por una femme fatale en el cine. 

De pronto la fascinación por Villanelle viene de esa cualidad de espécimen evolucionado de la era post Time’s Up y de una edad de oro de las series de televisión que ha dado cabida a mujeres escritoras para crear personajes femeninos moralmente más complejos, más realistas, empleando elementos de los viejos estereotipos para reinventarlos y adaptarlos a las nuevas narrativas culturales. 

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