Un viernes 13 cualquiera

Mariana Martínez es una niña «de su casa». Cuando digo de su casa, me refiero a que además de contar con una fuerte herencia, los buenos modales y las conductas ultraconservadoras han sido el modelo de crianza de su mamá. La única característica que no hace de Mariana una niña tan de su casa (y más de pasar por loca) es el terror a las supersticiones que le implantó su madre Adriana. Ah, y el cigarrillo mañanero (que por supuesto oculta de su familia y del novio)

Los recuerdos más vivos de la infancia de Mariana son sin duda los relacionados con las supersticiones que venían heredadas su familia. Para su madre, los típicos «signos de mala suerte» causaban en ella una mortificación increíble. El momento en que el hermano de Mariana rescató un gato negro de la calle y la vez que sin querer le pasó el salero a su padre de mano en mano, fueron motivos para que Adriana, además de casi estar al borde de un soponcio, llamara a un sacerdote y bendijera la casa. Se pueden imaginar la gravedad del asunto.

Como buena hija de su madre, Mariana heredó parte de la ‘fobia a lo supersticioso’. Ya mayor de edad, con sus buenos 21 años, seguía cumpliendo las típicas eventualidades que la alejarían de la mala suerte; «no entrar en aviones con sombrero puesto», «evitar que le barrieran los pies», «tocar madera cada vez que decía algo negativo», etc.

Un jueves 12 de enero, se levantó como cualquier otro día para empezar su rutina: desayuno, café, cigarro, universidad, gimnasio, visita de su novio y sueño. Por los momentos, su día iba de maravilla, hasta que en una clase aburrida una de sus amigas le dijo: 

“Chama, mañana es viernes 13, ¿tú eres la que cree en esas vainas no?” 

A Mariana casi le da el mismo soponcio que a su madre durante su infancia. 

Recordó con lujos y detalles el último viernes 13 que había pasado; uno de los peores días de su vida.

Ese pasado viernes 13, Mariana chocó su carro entrando a la universidad, peleó horrible con su antiguo novio y recibió un espantoso 09/20 en su nota final de estadística. 

Después del comentario de su amiga, Mariana pasó el resto del día pensando en todas las cosas negativas que le podían pasar ese viernes. En la noche, ya con dos frascos digeridos de ‘gotitas para la ansiedad’, decidió investigar cómo combatir las supersticiones por medio de su mejor amigo Google.

Respuestas:

  1. No te dirijas al campamento Crystal Lake.
  2. No te desnudes.
  3. Mantén cerradas las ventanas y puertas de tu casa.
  4. No te separes de ese alguien que te acompañará, pero no tengas relaciones sexuales.
  5. No vayas a nadar, ni tampoco puedes ducharte; sino Jason Voorhees (el protagonista de la película Viernes 13) te asesinará. ¿? (O sea, mantente cochino todo el día porque sino te vas a morir).
  6. Hazte una corona de perejil, el perejil da buena suerte.
  7. Coloca una mata de sábila detrás de la puerta, eso también da buena suerte.
  8. Si vas a un velorio no te coloques perfume; si no el muerto te perseguirá.
  9. No confíes en personas con los dientes separados, son mentirosos. 

Luego de esa búsqueda masiva, Mariana quedó aun más trastornada. Sintió que el mundo atentaría contra su vida, y no estaba preparada para sobrevivir aquel día.

“¿De dónde c*ño voy a sacar una corona de perejil? Exclamó al aire.

Se tomó un té y se calmó un poco; luego se acostó a dormir esperando que el sueño se mantuviera seguido hasta el sábado 14, pero no fue así. 

Mariana despertó el viernes trece de enero de 2017, y le pareció que estaba amaneciendo (claro que lo estaba) como un día normal y corriente. Intentó formular cualquier excusa para no ir a la universidad, pero la defensa de un trabajo que debía exponer en grupo le obligó a romper la superstición número tres.

No se bañó, desayunó y salió rumbo a clases esperando no ser asesinada en el camino por el fulano Jason Voorhees.

Para la fortuna de Mariana, todo el transcurso al campus y las clases que tuvo, salieron sin el mayor percance. Lo único inesperado que ocurrió esa mañana fue un excremento de paloma que le cayó en el suéter mientras hacía la fila con una amiga para comprarse un café. Lo que muchos considerarían desagradable, o incluso “mala suerte”, Mariana consideró como una señal positiva. Le dijo a su amiga: “¡Ves! Yo sabía que hoy las buenas energías me iban a acompañar.” 

La amiga la vio más o menos así:

Llegó a su casa de regreso (sana y salva), y para seguir con la superstición de “no nos bañemos en todo el día porque a lo mejor nos morimos” decidió no ir al gimnasio para acostarse a dormir “limpia”.

Cuando se topó con su mamá, nunca la había visto tan nerviosa como ese día. Su papá (que nunca fue creyente de las supersticiones) la estaba obligando a salir a un cóctel, pero Adriana armó un espectáculo tal cual psicópata para poder quedarse en casa. El padre de Mariana, ya molesto le exclamó a su mujer:

“¡Suficiente Adriana! Vamos a ir los dos a ese cóctel, me tienes hasta la coronilla con el tema de la mala suerte. ¡No me la calo más!”

A regañadientes, Adriana se arregló, se persignó, rezó cuatro rosarios y salió por la puerta.

Por otra parte, el novio de Mariana estuvo todo el día pendiente de ella y de su psicosis. Pero él, desesperado por verla, a eso de las cinco le mandó un mensaje preguntándole si quería que pasara por su casa.

Novio: “Gorda, ¿quieres que pase un rato por allá? Te extraño burda «

La joven, apenas abrió el mensaje lo primero que se le pasó por la cabeza fue “ni de vaina”. Ya sus papás se habían ido y no regresarían hasta la noche, y si Federico venía a su casa, una cosa los llevaría a la otra y bueno… hasta luego superstición número cuatro.

Mariana: “Mejor mañana Gordo, estoy un poco cansada.”

Ya acostada en su cama a punto de dormir, sucia pero viva, Mariana cayó en cuenta que su día había sido tan normal y aburrido como cualquier otro. Extrañamente disgustada y decepcionada, pensó que a lo mejor toda la angustia que le ocasionaron las supersticiones era simple herencia de su mamá; y que quizá si no crees en eso no te pasa nada. 

¿Será que mi mamá está mal de la cabeza y ya?” exclamó. 

Después de una larga reflexión y meditación sobre el daño mental que le estaban haciendo sus creencias, se relajó y se sintió “curada de una enfermedad”. Apagó la luz de su cuarto y se acostó a dormir. Pero su sueño fue interrumpido apenas unas horas después.

Oyó los gritos de su mamá entrando por la casa. Adriana llegó de la fiesta con la pantalla del teléfono rota, peleada con su esposo y con el vestido manchado de vino; le contó a Mariana que ese día sin duda había sido uno de los peores.

Fue inmediato. Su mamá le pegó una vez más todo el miedo al viernes 13. Pero ya seguro había terminado el día pensó aliviada. Pero al prender su celular, vio que la hora marcaba las 10:00 p.m..

Desesperada, Mariana se terminó el frasco de “gotitas para la ansiedad” y se acostó en la cama abrazada de su mamá. Ambas esperando que no pasara nada más grave durante las dos horas del día que quedaban, rezaron 2 rosarios más.

A ver si efectivamente el Sr. Jason Voorhees se pasará por casa de los Martínez…

Happy Friday the 13th!

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