Deberías estar viendo The End of the F***ing World ahora mismo

Deberías estar viendo The End of the F***ing World ahora mismo

Con referencias que iban desde “13 Reasons Why, pero bien logradahasta “la nueva versión de Natural Born Killers, si Wes Anderson la dirigiese”, The End of the F***ing World llegó a Netflix como un cóctel de drama, nihilismo, psicopatía y romance, que es lo suficientemente raro como para saltarse la talanquera de lo “políticamente correcto”.

Paréntesis: no tiene nada que ver con 13 Reasons Why, la gente está loca.

La serie está basada en el cómic homónimo creado por Charles S. Forsman, que sigue la vida de dos estudiantes de secundaria: James (Alex Lawther), un joven que se auto-diagnosticó de psicópata y que se encuentra en la búsqueda de un buen perfil para asesinar, y Alyssa (Jessica Barden), una misántropa empedernida y buen perfil para asesinar.

Sin embargo, tratar de resumir ocho episodios de alrededor de 20 minutos cada uno, con una descripción que le haga justicia a la fórmula perfecta de The End of the Fucking World es una misión rebuscada, porque la primera temporada de la serie es todo menos lo que esperas que sea.

Y antes de entonar la voz de infomercial de “wao, cambió mi vida”, tenemos que aclarar, que cuando nos tropezamos con ella en la plataforma streaming, no teníamos ninguna expectativa de lo inteligente y precisa que una comedia adolescente de humor negro podría llegar a ser.

En este caso, en ocho -cortos- episodios pareciera que le hubiesen robado la estética a Moonrise Kingdom, pero en una versión mucho más dark, y el romanticismo criminal a Bonnie and Clyde; y como si eso no fuese suficiente como para amarla por inercia, también nos presumen un guión inteligente, un elenco lo suficientemente consciente de sí mismo y un soundtrack que a primera vista -o escuchada- puede parecer en desacuerdo con el mundo macabro de James y Alyssa, por ser una banda sonora bañada de oldies estadounidenses, pero una vez que escuchas atentamente las 26 canciones, queda claro que, como la pareja protagonista, el soundtrack es lo suficientemente bizarro como para funcionar.

Después de verla en una sola sentada, la única queja, un poco sesgada y egoísta, es su estructura efervescente. Los episodios individuales alcanzan un máximo de alrededor de 20 minutos, lo que concluye en una estructura tensa y concisa que debería servir como ejemplo para las nuevos materiales audiovisuales, pero contando con una temporada tan buena como misericordiosamente corta, el final te deja con hambre por más shows así.

Tanto como para ganarle 96% en Rotten Tomatoes y 8,5 en IMDb. 

Ahora que la segunda temporada no ha sido anunciada, por los momentos, solo nos queda esperar por la próxima comedia alternativa británica de humor negro con el golpe visual de una película independiente dirigida por el mismo autor.

O simplemente podemos escuchar el soundtrack de The End of the F***ing World una y otra vez, para encontrar consuelo. 

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