Seven Seconds es la serie más 2018 del 2018

Seven Seconds es la serie más 2018 del 2018

Con fortuna, de vez en cuando nos tropezamos con series y/o películas que gritan siglo XXI sin necesidad de poner a una mujer gorda de protagonista, a un homosexual de mejor amigo y a un negro/asiático en el grupo (Heathers remake, anyone?).

Esos shows que toman a las minorías en serio sin que eso se convierta en una explosión de “actualidad” que termina en un circo incoherente: en nuestro caso, la última en sobrevivir los radares de diversidad sin sobreexponer a las minorías es Seven Seconds.

Los elementos raciales y políticos de Seven Seconds difícilmente podrían ser más relevantes en 2018; y a Netflix no le da pena sumergirse en ellos. La nueva serie de la plataforma streaming que se estrenó a finales de febrero expone el gran alcance de un incidente en el que un policía blanco, Pete Jablonski, interpretado por Beau Knapp, atropella a un adolescente negro.

Sí, ya sé. No volteen los ojos todavía.

Oh, y después un montón de policías blancos encubren el accidente y un drama televisivo nunca había sido tan oportuno como Seven Seconds.

Incluso, en un golpe de realidad, justo cuando Jablonski jura que va a entregarse y confesar, el sargento y mente maestra detrás del encubrimiento, le advierte que no puede envolverse en un incidente como el de Ferguson y Baltimore. La pesadilla de un policía blanco que tiene flojera de fingir su no-racismo.

Por supuesto, en los diez episodios de la primera temporada nos encontramos con la pereza del sistema judicial, las presunciones raciales y mucha, pero mucha, tensión mediática. 

Seven Seconds fue creado por Veena Sud, el mismo detrás de The Killing, y comparte gran parte de las fortalezas y debilidades de su trabajo anterior. Con la misma fórmula de The Killing, Seven Seconds funciona sin ningún misterio que ponga en marcha la historia; todo es predecible.

Por más de que intentaron jugar con las actuaciones dramáticas y misteriosas los primeros tres episodios, a medida que avanza lo obvio se hace más que evidente: ya conocemos la identidad del delincuente y el asesino, y solo estamos esperando que el resto del show nos alcance.

Y ahí es donde falla Seven Seconds: Dios mío, es demasiado larga.

Se sienten como cinco temporadas en una, incluso los episodios realmente buenos terminan hinchando demasiado su narrativa, y sin querer queriendo, ahuyentan a sus potenciales espectadores. La extensión de diez horas fácilmente pudo condensarse en ocho; o seis, si se sienten con suerte.

Además, pierden tanto tiempo tratando de crear áreas grises de moralidad para sus personajes que solo terminan pintándolos a todos con el mismo pincel.

Jablonski está arrepentido por lo que ha hecho, pero está enojado y en el límite abusivo con su esposa y parientes; K.J. quiere justicia pero es alcohólica; y el niño viene de una buena familia pero hay muchos huecos que pueden asumirse como aventuras de gangster.

Y con la sentencia, solo nos dejan en un vaivén por hambre de justicia y a su vez, como espectadores, la duda sobre si el veredicto fue justo o no. Porque solo nosotros sabemos lo que realmente pasó el día del accidente.

Entonces, ¿le seguimos el juego al discurso policía blanco-victima negra?

Si la serie tuviese un verdadero villano, es el sistema; los del hospital que solo quieren pagos y formularios de Isaiah y Latrice, mientras su hijo está luchando por sobrevivir; cuando Isaiah es esposado solo por ser un hombre negro alterado; cuando K.J. intenta ofrecer indulgencia a un joven adolescente negro en su primera ofensa y el juez redacta una sentencia más dura para contrarrestar su “generosidad”.

La serie logra su punto: nada es justo y las instituciones diseñadas para protegernos están rotas.

Sin embargo, las increíbles actuaciones y la premisa oportuna no pueden salvar a la primera temporada de ser demasiado larga.

Aún así, es bueno que la plataforma esté ofreciendo un drama criminal con sabor a conflictos raciales que no son lo suficientemente ciegos o atorrantes como para hacer voltear los ojos de los espectadores que no tienen apetito por series políticas ni sociales.

Los diez episodios no son en vano; pero no los veas en binge-watch, a menos que tengas suficiente café y fe en el mundo para no traumatizarte con sistemas corruptos. 

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