la casa de las flores segunda temporada

‘La casa de las flores’ se estanca, pero no pierde su magia

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“En América Latina, lo maravilloso se encuentra en la vuelta de cada esquina, en el desorden, en lo pintoresco de nuestras ciudades… en nuestra naturaleza”, escribió Alejandro Carpentier en El reino de este mundo sobre la identidad latinoamericana, sobre cómo quienes pertenecemos a esta comunidad estamos destinados a vivir dentro de un desastre mágico que nos caracteriza y en el que intentamos encontrar un orden. Esto es algo que representamos en nuestras pinturas, nuestro cine, nuestras telenovelas y, también, nuestras series, como sucede en La casa de las flores.

La producción de Netflix, estrenada en el 2018, fue creada por Manolo Caro, director mexicano de películas como No sé si cortarme las venas o dejármelas largas (2013), La vida inmoral de la pareja ideal (2016) y la versión mexicana de Perfectos desconocidos (2018). Con esta serie, Caro buscaba explorar las dinámicas familiares latinoamericanas, un tema que no había tocado aún en sus obras para la gran pantalla. 

Además de fascinar con este tema que Caro no había explorado antes, la primera temporada de La casa de las flores encantó al público con la historia de los De la Mora, una familia llena de secretos, ocurrencias y arreglos florales. El atractivo de la serie eran, en primer lugar, la variedad de situaciones que, a pesar de resultar poco creíbles en otro contexto, en Latinoamérica eran completamente verosímiles; y en segundo lugar, las grandes actuaciones de Verónica Castro y Cecilia Suárez. Sin embargo, en la más reciente temporada de La casa de las flores, esto cambia: una de las actrices se ha salido del proyecto, y el argumento se estanca y pierde el hilo conductor que unía las historias de cada uno de los De la Mora.

Promocional de la segunda temporada de La casa de las flores
Netflix

Aunque el inicio de la segunda entrega de La casa de las flores nos da una razón coherente por la que Virginia de la Mora desapareció al final de la primera temporada, el desarrollo de esta historia de ahí en adelante no es demasiado sólido. La muerte del personaje interpretado por Verónica Castro fue anunciada cuando se promocionó esta nueva entrega y realmente parece el modo más sencillo de continuar la historia sin esta figura tan esencial. De todos modos, falta una justificación clara que haga que este hecho tenga sentido. Adicionalmente, se nota que en posproducción eliminaron escenas que podrían ser importantes para responder muchas dudas sobre la trama, como es el caso del funeral de Virginia, el cual en los episodios es descrito como un hecho traumático para la familia De la Mora, pero no es mostrado en ningún momento.

A pesar de que la ausencia de Verónica Castro en el elenco de La casa de las flores no fuera manejada de la mejor manera narrativamente, esta no fue exactamente una desgracia. Gracias a ella, por ejemplo, se exploraron más a fondo los distintos aspectos de la vida profesional, personal y privada de Julián y Elena de la Mora, a quienes empezamos a conocer en otros planos que no están netamente conectados al aspecto sentimental de su cotidianidad, incluso cuando este no deja de ser el pilar de sus narrativas. 

Sin embargo, el centro de la historia es el personaje de Paulina de la Mora, quien al principio de la temporada se encuentra viviendo en Madrid junto a María José Riquelme y el hijo de ambas, Bruno, sin poder olvidar sus deseos de recuperar la florería. Es a partir de esto que se nos muestra un lado más vengativo y rencoroso del personaje interpretado por Cecilia Suárez, quien a pesar de adquirir esta nueva dimensión, no pierde la perspicacia, el humor y el cantado que lo identifica.

Imagen de la escena eliminada del funeral de Virginia de la Mora
Netflix

Desafortunadamente, no todos los personajes de La casa de las flores corren con la suerte de ser explorados más a fondo. La historia de Ernesto de la Mora, quien se une a una secta para remediar sus errores, no encaja en la trama. Es, más bien, una subtrama que no resta ni suma nada al argumento, por lo que simplemente se siente como un adorno. Otro caso parecido es el de María José Riquelme —interpretada por Paco León—, quien es protagonista de muchas fotos promocionales de esta segunda temporada, pero no posee mayor importancia en los episodios, puesto que funciona simplemente como una excusa para demostrar que la obsesión de Paulina de la Mora por lograr su objetivo ha hecho que deje de lado su vida en pareja.

Este problema no ocurre solo con los personajes que ya conocíamos, sino que también se extiende a los nuevos. Todos se sienten como excusas sin fondo ni historia personal que justifique sus acciones, operan como simples ornamentos que funcionan dentro de las narrativas de la familia De la Mora. Por eso, la integración de Mariana Treviño —quien interpreta a Jenny Quetzal, la jefa de la secta “La Parvada”—  a La casa de las flores lamentablemente pasa por debajo de la mesa y la buena caracterización construida por la actriz es desaprovechada. También Purificación Riquelme —interpretada por María León—, hermana de María José, posee potencial para mostrar el pasado y la vida cotidiana del personaje transexual al cual Paco León le da vida, pero al final simplemente nos deja con más dudas.

La Casa de las Flores
Netflix

Sin embargo, estos problemas de guion no hacen que la serie pierda su encanto y su magia conectada a la identidad de nuestro continente. El tono melodramático típico de las telenovelas la mantiene como una producción amigable que es totalmente “maratoneable” y que permite que las situaciones que pueden parecer absurdas sean verosímiles dentro de la trama de la serie. Aunque en la segunda temporada de La casa de las flores sean mucho más evidentes los fallos que ya se notaban en la primera, esto no hace que el corazón de la serie desaparezca, puesto sus personajes principales siguen cautivando al público y moviendo la historia. 

El absurdo de las historias que se desarrollan en La casa de las flores es lo que permite que se toquen temas tabú como la transexualidad, las sectas, los servicios de escort y la hipocresía de la iglesia, entre muchos otros, sin que se sientan desubicados en el contexto de México D.F. Tal vez, si esta historia transcurriera en una ciudad estadounidense o europea, la verosimilitud se perdería. No obstante, espacios latinoamericanos admiten que se exploren estas situaciones desde un punto de vista jocoso, con un tono melodramático que se siente natural y el estilo tan particular de Manolo Caro.

La Casa de las Flores
La Casa de las Flores
Netflix

La estética de Manolo Caro sigue siendo otra base que mantiene La casa de las flores a flote a pesar de los errores. No solo se debe a la dirección de arte con mucho color y detalle que en momentos se siente barroca, sino también a cómo hila su historia con música pop en español de los años ochenta que evoca una emoción inmediata en un espectador que conoce las canciones de Mecano o Timbiriche. No obstante, el uso de este recurso no siempre funciona, pues puede descolocar en momentos que poco combinan con lo que transmite la música.

La segunda temporada de La casa de las flores nos deja con una trama estancada que aun así tiene la posibilidad de mejorar, ya que el final de esta entrega parece indicar que la tercera temporada —la cual ya está confirmada— contará con una trama más clara y menos improvisaciones, a las cuales aparentemente tuvieron que recurrir esta vez luego de la salida de Verónica Castro. Sin embargo, aunque la historia de la familia De la Mora parezca perdida, la buena construcción de algunos personajes es un recurso que ayuda a que la serie tenga algo de coherencia dentro del desastre que en general representa la segunda temporada. Asimismo, el mensaje que busca transmitir la serie, ese de que la unión familiar florece en las adversidades, sigue siendo muy claro, convirtiéndose en uno de los aspectos rescatables de esta entrega. Son más las cosas que no funcionan que las que sí, pero de todos modos toca esperar al año que viene para saber si debemos volver a celebrar esta florería o si definitivamente se tiene que derrumbar por el bien de todos.

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