Mi reseña de Beauty and the Beast

Como toda niña nacida en la época perfecta para adorar a las princesas de Disney (que es cualquier época), llevo un amor intrínseco dentro de mí que no me permite criticar severamente las cuentos de hadas y tildarlos de imposibles. Para mí, son eso: cuentos de hadas. No tienen porque ser realistas. De hecho, se siente bien escaparse de la realidad durante unos instantes y sustituirla por trajes pomposos, bailes de salón y hombres encantadores. Por otro lado, soy una freak del cine, lo cual permite que observe una película con todo su esplendor y tenga el fastidioso comportamiento de que algo, en alguna parte, no me convenza.

Dicho eso, vamos a la reseña.

Habiendo visto el tráiler, sabía que me esperaba una película maravillosamente producida, pero nunca me esperé la calidad de animación que presencié. Estos efectos permiten que Dan Steven (mejor conocido por su rol como Matthew Crawley en Downton Abbey), pueda pasear y saltar de un ala del castillo a otra sin verse forzado. Permiten que cubiertos y vajillas enteras hablen, respiren y se comporten como los humanos enclaustrados que representan.

Una de las escenas más impactantes es sin duda “Be Our Guest”, que aunque sin duda es de mis favoritas en la película original y en el mundo entero de Disney, esta versión toma lo que se hizo hace veintiséis años y le inyecta todas las invenciones cinematográficas que se han desarrollado, en una manera que difiere con algunas escenas sobre producidas como en Alice in Wonderland, donde casi puedes imaginar las rayas computarizadas. Esta escena toma el acto cotidiano de servir la cena y lo vuelve en un show de Broadway que incorpora una especie de híbrido entre las Rockettes de Nueva York y Fantasía, con la imaginación trippy de un marihuanero. Es de esas escenas en las que es fisiológicamente imposible parpadear y sufres de un caso severo de parada de pelos.

Es importante acotar que “there may be something there that wasn’t there before”, como dice la canción. 

La extensión de 45 minutos de la original da paso a un número de incógnitas que quedan en la película original y elaborar acerca de unas cuantas otras cosas que nutran la historia. Una de ellas es un viaje en el espacio que hacen la Bella y la Bestia al antiguo taller de su padre, quien había olvidado completamente que era un artista, por cierto, para explicar la muerte de su madre (un poco innecesario, a mi parecer). Una hechicera que hace una aparición al final, aunado con una serie de pequeños ajustes que no entorpecen la línea de la historia. Sin embargo, hubo un extra, que a pesar de que no estaba en el guión original y no era necesario en términos de storytelling, es solicitado ya que estamos en el 2017 y tenemos que aceptar que la homosexualidad es normal. Sí, estoy hablando de que LeFou (el jala mecate de Gastón), es gay.

Ver relacionado:

Sí, hay países que quieren prohibir Beauty and the Beast por tener un personaje gay

Había escuchado sobre esta parte de la historia, pero decidí no leer demasiado al respecto y entrar a la película sin opiniones externas que bloquearan lo que sería la mía. Honestamente, me pareció que Disney fue bastante sutil en la manera en la que incorporó este ingrediente a la mezcla: pequeñas puntas que le lanza LeFou a Gastón, y final, una demostración aunque breve, bastante clara con dos hombres intentando coordinar un baile de salón.

En las palabras del director: “LeFou is somebody who on one day wants to be Gaston and on another day wants to kiss Gaston. He’s confused about what he wants. It’s somebody who’s just realizing that he has these feelings. And Josh (LeFou) makes something really subtle and delicious out of it. And that’s what has its pay-off at the end, which I don’t want to give away. But it is a nice, exclusively gay moment in a Disney movie”.

No podría describir las escenas mejor que el director aunque lo intentara, así que ahí está. Y a todas las mamás que estuvieron indignadas porque un personaje en una películas fuese gay: se lo perdonaron a Ricky Martin, denle chance a LeFou también.

La película indudablemente se desempeña a partir de la historia central: el síndrome de Estocolmo de Belle. Sin embargo, hay personajes que se roban el show de los personajes principales sin modestia alguna. Uno de ellos de Lumiere, el candelabro encantador actuado por Ewan McGregor, quien da en el clavo con el acento francés. De principio a fin, Lumiere como el utensilio refinado que es, siempre saber qué decir y cómo actuar. Es audaz y elegante. Sin duda mi personaje favorito.

Otra showstopper es Mrs. Potts, interpretada por la brillante Emma Thompson. Mentiría si no les dijera que quiero una tía como ella.

En Disney, siempre te esperarás un final feliz en el que todos están contentos y el villano desapareció para siempre (sin mostrar los detalles exactos de cómo, ignorance is bliss en estos casos). Este es el tipo de previsibilidad complaciente que te permite salir del cine con un sugar rush de consentimiento. No fui como niña, pero salí sintiéndome como una, y esa es la magia de Disney si me preguntas a mí. 

Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed
Más artículos
‘Sex Education’ no es tan buena como dicen