Razones para ver ‘Dear White People’

Dear White People fue una de las mejores series del año pasado… y también la más subestimada. Muchos la ignoraron, desde gente que irónicamente dijo “pero like, ¿por qué ese título no es racista?”, hasta los que pensaron “yo soy un iluminado de los problemas raciales, esa serie es para gente que no sabe nada, como los rednecks”. Curiosamente, esos son las mismas quejas que los detractores de Dear White People (el programa dentro de la serie), tienen a lo largo de la temporada.

La primera temporada se estrenó hace un año. Antes de Charlottesville, antes de que el feminismo más serio pidiera interseccionalidad, y de que fuese socialmente aceptado ser racista siempre que enmascares tu supremacía detrás de la queja vacía de “es que todos son demasiado políticamente correctos”. Como tal, es un retrato más o menos exacto de las tensiones que nos trajeron hasta lo más profundo de la era de Trump y su vicepresidente, 4chan.

La serie empezó con Sam, una activista biracial conductora del programa Dear White People, tratando de que sus compañeros blancos entendieran por qué está mal disfrazarse de negros. A lo largo de los 10 capítulos el foco fue cambiando a los otros personajes del elenco principal. Coco, quien a diferencia de Sam, prefiere asimilarse y vivir dentro de la cultura blanca para mitigar los efectos del racismo. Troy, un niño tan privilegiado como ambiguo incapaz de mantenerse firme por un ideal. Reggie, el apoyo de Sam a pesar de su sexismo típico de “macho alfa”. Gabe, el novio blanco y súper woke de Sam. Lionel, el más callado pero peligroso de todos los activistas, quien descubre que es gay. Y Joelle, la mejor amiga de Sam.

Cada uno de ellos fue utilizado para explorar un aspecto distinto de lo que es ser una persona de color en América. El resultado fue una historia compleja, llena de una cantidad de mensajes que hubiese sido demasiado para cualquier otra serie. Pero Dear White People sabía exactamente qué quería decir con cada uno de los temas que estaba tocando. Para el final de temporada habían dejado un par de cliffhangers acerca de: brutalidad policial, relaciones interraciales, identidad interseccional, y los  neonazis de hoy que se niegan a ser llamados por lo que son.

Sé que la segunda temporada, que va a salir el 4 de Mayo, la escribieron y filmaron hace meses, pero por el tráiler parece que hubiesen usado una bola de cristal:

Sam está siendo atacada con insultos raciales. Un tipo blanco heterosexual se siente con derecho a ser la voz de los discriminados. Y ahora los niños blancos que piensan que darle espacio a las personas de color es discriminar contra ellos, se unen, y se sienten empoderados dentro de su propio racismo.

Dear White People es totalmente la clase de serie que hace que te quieras parar a protestar contra estructuras de poder jerárquicas que exaltan al hombre blanco heterosexual. Pero con una protesta que es más volteadas de ojos y hashtags que salir a la calle a quemar fotos de Brad Pitt (no sé, en mi mente él es la representación del heteropatriarcado). Te hace reflexionar sobre tus sesgos y privilegios, mientras que te llena de ganas de ir a Reddit a pelear inútilmente contra la alt right de bebés llorones. Pero, principalmente, lo mejor que hace, es recordar que estamos en la época dorada de la televisión americana.

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