Reseña de ‘Velvet Buzzsaw’, la nueva colaboración de Dan Gilroy y Jake Gyllenhaal

¿Qué esperar de ‘Velvet Buzzsaw’?

Me emocioné muchísimo cuando se reportó que Jake Gyllenhaal volvería a trabajar con Dan Gilroy, director de Nightcrawler (Primicia mortal), una de las mejores películas en la filmografía del actor. Después de todo, el filme del 2014 es de mis favoritos de la década. Luego, salió el tráiler de este nuevo proyecto titulado Velvet Buzzsaw y mi entusiasmo disminuyó considerablemente y la desconfianza tomó su lugar. Sin embargo, decidí no dejarme llevar por eso y esperar que Netflix estrenara la película el pasado primero de febrero.

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¿Lo que aprendí? Tengo que confiar en mi instinto. Siempre. Velvet Buzzsaw es exactamente lo que pensé que sería después de ver aquel tráiler: ridícula. No me malinterpreten, esto a veces funciona a favor de la película. Lamentablemente, en este caso no fue así.

Velvet Buzzsaw sigue a varios personajes pertenecientes al mundo del arte que son perseguidos por una fuerza sobrenatural tras obtener beneficios de la obra de un artista muerto llamado Vetril Dease. La película busca ser una especie de sátira de la relación que existe entre el arte y el comercio, y es ahí donde yace el error principal para mí.

El largometraje hace una exploración insustancial del mundo del arte, por lo que no le conviene llamarse una sátira ni pretender hacer una crítica profunda. Es un filme que se sabe ridículo desde que empieza: los personajes visten de una manera tan excéntrica como absurda —esto lo digo de forma positiva. Si acaso, serán mi inspiración a la hora de vestir durante el próximo mes— y tienen nombres como Morf, Rhodora, Cloudio o Damrish. No es más que una burla superficial que se limita a un par de atuendos extravagantes, pelucas y bigotes divertidos, y nombres tan absurdos que dan la impresión de haber sido escogidos por padres que sabían que sus hijos pertenecerían al mundo del arte eventualmente.

Los diálogos de la película no son la excepción. Los personajes parecen competir por averiguar quién es el que puede decir la línea más disparatada de la manera más absurda. Aunque no lo crean, esto es algo que rescato. ¿Por qué? Pues no solo porque me parece genial que el filme tenga la habilidad de producir un meme fantástico cada veinte segundos, sino porque creo que es esta cualidad la que lo favorecerá con el tiempo. Es una obra que no se toma a sí misma demasiado en serio y eso, sorprendentemente, resulta refrescante.

El largometraje lo tiene todo para que lo disfrutemos de manera irónica en el futuro: conversaciones acerca del tono de naranja de un ataúd, al dueño de una galería confundiendo un montón de basura —literalmente— con una pieza de arte y a Jake Gyllenhaal al borde de un colapso. Creo que en unos años volveremos a verla, esta vez sabiendo a lo que nos estamos enfrentando, y le encontraremos el lado divertido. Marquen mis palabras. 

Quizá puedo ver más allá y me atrevo a decir esto porque desde que vi el tráiler procesé que sería un desastre y, cuando me senté a verla, lo hice esperando algo extremadamente ridículo. Desafortunadamente, el filme no se vendió así y su absurda superficialidad tomó a la mayoría de la gente por sorpresa.

Velvet Buzzsaw

Velvet Buzzsaw está muy, muy, pero muy lejos de ser una obra maestra o de ganarse una comparación con Primicia Mortal, siquiera. El desenlace de la historia es poco satisfactorio y deja un sabor amargo, como si el planteamiento principal le hubiese quedado demasiado grande a la obra de Gilroy. “¿Y ya? ¿Se acaba así?” fue lo que me encontré preguntándome a mí misma luego de un final que no le hace justicia a su premisa.

Quizá en unos años, cuando la revisitemos, encontraremos en esta película algún tipo de secreto como hicieron los protagonistas en las obras de Dease. Por ahora, como a ellos, nos perseguirá el fantasma de lo que pudo haber sido Velvet Buzzsaw

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