Lo que nos enseña ‘POSE’ acerca de la visibilidad trans - The Amaranta

Lo que nos enseña ‘POSE’ acerca de la visibilidad trans

La subcultura del ballroom y su aporte para la historia LGBTQ+

La violencia hacia hombres y mujeres transexuales todavía es una realidad. Según cifras de Transgender Europe, entre enero de 2008 y septiembre de 2016, alrededor de 2.264 personas transgénero fueron asesinadas en el continente americano, 1.768 de esas víctimas provienen de Centroamérica y Suramérica, lo que equivale al 78% de los homicidios solamente en Latinoamérica. En los Estados Unidos al menos 26 mujeres trans perdieron la vida en el 2018, de acuerdo con el Human Rights Watch, y estas víctimas son en su mayoría mujeres de color forzadas a vivir en la pobreza y dedicarse a la prostitución. La transfobia en este lado del hemisferio es aún un problema que les dificulta a estos individuos, no conformes con su identidad, tener derechos básicos como casa, comida o trabajo. De ahí la importancia de la visibilidad de la comunidad trans en los medios, pues esta ayuda a normalizar su diferencia y a desmantelar la cultura de la violencia que todavía persiste. 

POSE FX
POSE 
FX

En junio de 2018 la cadena televisiva FX estrenó POSE, serie creada por Ryan Murphy, Brad Falchuk y Steven Canals. Ambientada entre los años ochenta y principios de la década de los noventa —segunda temporada—, la serie se centra en la escena de la subcultura del ballroom en Nueva York, en medio de la epidemia del sida, el voguing y la lucha por la supervivencia de sus personajes, en su mayoría mujeres transexuales de color. Es actualmente la serie televisiva estadounidense con mayor cantidad de actrices transgénero en la historia, algunas de las cuales fueron en su momento parte de la escena del ballroom, como es el caso de Dominique Jackson, quien tras emigrar a Estados Unidos desde Trinidad y Tobago, luego de ser rechazada por sus padres, llegó a Nueva York, en donde para sobrevivir tuvo que prostituirse hasta que se convirtió en parte de esta comunidad y su vida cambió. 

Dominique Jackson
Dominique Jackson como Elektra/POSE primera temporada
FX

El documental Paris Is Burning (1990), dirigido por Jeannie Livingston, cuenta la historia de esta subcultura y de cómo la comunidad LGBTQ+, específicamente los individuos trans latinos y afroamericanos, comenzaron, a partir de estos concursos, a protegerse mutuamente y crear sus propias familias en una suerte de mundo paralelo a una sociedad que constantemente les discrimina y excluye. 

La cultura ballroom tiene su origen en Estados Unidos durante los años veinte, cuando hombres blancos homosexuales empezaron a desfilar en drag en los cabarets de Nueva York. Las reinas de color raramente participaban en estos desfiles y cuando lo hacían eran forzadas a pintarse la cara de blanco. No fue sino hasta los años sesenta que la comunidad negra y latina comenzó a organizar sus propios concursos, imitando a las vedettes de Las Vegas. Luego de los disturbios de Stonewall en 1969, el sentido de comunidad se hizo más fuerte entre las personas queer de color que se enfrentaron a la policía, y el sentimiento de orgullo y autoaceptación motivó a expandir la cultura ballroom, convirtiendo estos espacios en lugares seguros donde los participantes pudieran expresarse libremente. 

Según Gerard Gaskin, autor de Legendary: Inside the House Ballroom Scene (2013), el desarrollo de las competencias vino acompañado de nuevas categorías, de nuevos conceptos y de un lenguaje único que dio identidad a esta subcultura. La caminata, los bailes y las frases ingeniosas son parte del performance de cada participante, los cuales “desfilan” en una especie de escenario ante un jurado, utilizando el vestuario pertinente a cada categoría. Las más comunes son “ejecutivo” —imitación del yuppie de Wall Street—, mejor vestida y “reina marimacho en tacones” —butch queen in pumps—. Otra categoría clásica de la cultura ballroom es la autenticidad, o “realness”, en la que los concursantes deben vestirse como su contraparte heterosexual, hombre o mujer, y parecer tan “reales” que pudiesen pasar desapercibidos por las calles de Nueva York y vivir la fantasía de ser parte de ese mundo heteronormado.

El voguing fue uno de los bailes que tuvo su origen en la cultura ballroom. Se hizo popular con el hit de Malcolm McLaren Deep in Vogue en 1989 y luego, en 1990, alcanzó un nivel más mainstream con el single Vogue de Madonna, convirtiéndose en una sensación entre el público blanco, suceso que se registra maravillosamente en la segunda temporada de POSE. El baile, inspirado en las poses de las modelos de revistas de finales de los ochenta, utiliza estilizados movimientos de brazos, posturas complejas que varían en velocidad y emplea narrativas corporales para expresar información acerca del propio bailarín o para hacer un comentario irónico —throw shade— acerca del aspecto del oponente, como explican sus propios creadores en el documental de Livingston. 

via GIPHY

Tanto el voguing como la cultura ballroom en general fueron refugio para la libre expresión de miembros de la comunidad LGBTQ+, espacios seguros para adolescentes echados de sus casas, rechazados por sus familias debido a su orientación sexual o a su identidad de género. Para llenar estos vacíos y rescatar a estos jóvenes del abandono, los miembros más experimentados de la comunidad fueron conformando “casas” o “familias”, de modo que al tiempo que se anexaban más participantes en los concursos del ballroom, también estos serían acogidos en un hogar que los aceptaba y los protegía. Los padres de familia, en su mayoría hombres homosexuales o mujeres trans, serán los mentores de sus “hijos”, quienes llevarán por apellido el nombre de sus respectivas casas, como LaBeija, Xtravaganza o Pendavis. 

Las jerarquías dentro de esta subcultura operan tanto dentro de las casas como en los concursos: existen leyendas e ídolos dentro de la comunidad, como una suerte de fama que emula esta vida de fortuna y gloria de las revistas y las películas. Lucir como un ejecutivo de Wall Street, una modelo de revista o ser admirado como una estrella de Hollywood dentro de la comunidad son formas de decirle a ese mundo, al mundo “real”, que ellos también pueden vestirse y ser idolatrados por su belleza y talento. No tienen el dinero, ni las mismas oportunidades, pero por una noche concursando en el ballroom pueden convertirse en eso que tanto sueñan. Los desfiles no solo son un refugio para estas personas, sino también un aliciente ante una realidad que supera y abruma por las pobres condiciones de vida y el rechazo social. 

via GIPHY

Actualmente el legado cultural de estos concursos no solo se mide en el impacto fugaz que tuvo el Vogue de Madonna en el verano de 1990, sino también por el slang, el vestuario y el sentido de comunidad que trajo consigo la dinámica social de esta subcultura al mundo mainstream. Programas como RuPaul’s Drag Race y en este caso POSE, reivindican estos grupos sociales fuertemente marginados, dándoles cabida dentro del discurso mediático y potenciando su visibilidad. Cabe mencionar que aún hoy la cultura del ballroom continúa y además se ha extendido por Europa y Latinoamérica. 

POSE, protagonizada por Billy Porter —ganador del Emmy 2019 como mejor actor en serie dramática—, Mj Rodríguez, Angelica Ross e Indya Moore, extiende a la ficción las vidas de las personas que aparecen en el controversial documental de Livingston, como una forma de redimirlas, de establecer cruces con nuestro imaginario actual, pero también de aglutinar eventos históricos determinantes para la cultura LGBTQ+ estadounidense. Tanto en su primera como en su segunda temporada, la epidemia del sida da contexto a las vidas de los personajes, algunos de ellos contagiados, otros víctimas del duelo y de las constantes despedidas. La situación de abandono, la negligencia y la inhumanidad por parte de los organismos del Estado ocupan parte de este registro. Las protestas, la indignidad por falta de medicinas, el rechazo social y las condiciones desfavorables para el enfermo también marcan una narrativa que si bien está centrada en la lucha de los personajes por seguir viviendo al máximo a pesar de sus circunstancias, plasma de manera genuina la desesperación y la soledad que implica padecer una enfermedad terminal.

Nominada a seis premios Emmy este año y con una calificación 97% en Rotten Tomatoes por su segunda temporada, POSE rompe con las narrativas tradicionales sobre la transexualidad en los medios, presentando una perspectiva más multidimensional, más humana, de sus personajes sin caricaturizarlos. Ryan Murphy, creador de la serie, se lleva todo el crédito por contar una historia auténtica, y el haber incluido a Janet Mock, una mujer transexual de color, dentro del staff de guionistas le estampa un nivel de fidelidad y delicadeza a la serie que honra y reivindica a toda una cultura marginalizada durante décadas. Involucrar a actores transexuales, que además formaron parte de ese mundo y que hoy en día son activistas, como protagonistas les da a estos personajes una vulnerabilidad rara vez representada en películas o series en las que generalmente son actores cisgénero los que suelen interpretar a estas personas. POSE es un testimonio formidable de estos nuevos discursos que pretenden sensibilizar a la sociedad contando historias en las que la diferencia y la humanización de las mismas sean el tema central. El paso histórico que ha dado la serie en Estados Unidos es aún pequeño tomando en cuenta los niveles de violencia contra las personas transgénero que aún persisten, pero no por ello menos relevante en cuanto a potenciar la visibilidad se refiere. 

via GIPHY

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed
TheA logo
Más artículos
‘Happiness Begins’ con el regreso de los Jonas Brothers