Personajes femeninos que no eran unas p*rras pero te hicieron pensar que sí

Hay ciertos personajes que se supone que debes odiar porque son terribles, constantemente están haciendo todo mal o teniendo actitudes insufribles. Pero, hay otros que toman la actitud más lógica y racional solo para ser criticados por no ser unos inmaduros egocéntricos. Es como si los escritores de Hollywood estuviesen tratando de vengarse de las personas coherentes en sus vidas, y más específicamente, de las supuestas “perras en sus vidas”. Así es como hemos terminado con estas:

Emily Waltham

Emily es supuestamente una p*rra porque le prohibió a la escoria humana de Ross hablar con Rachel. Thing is: ROSS DIJO EL NOMBRE INCORRECTO EN EL ALTAR.

Emily no está siendo desproporcionada ni loca. Está justificadamente insegura porque su esposo dijo el nombre de su ex en el momento en el que se iban a casar. Puedes pensar que es una gafa por haber seguido con la boda a pesar de eso o por haber aceptado volver con Ross después, pero no por sentirse insegura y darle un ultimátum. Y, por cierto, la respuesta adulta a eso hubiese sido “Emily, vamos a terapia para solucionarlo y mientras tanto tendré límites con Rachel”, no el berrinche que hizo Ross. 

Miranda Priestly

Ok, Miranda apesta por una sola razón que The Devil Wears Prada parece ignorar: está 100% dispuesta a lanzar a la calle a aquellos que han sido fieles a ella (I.e. Nigel Kipling), y eso es amoral e inescrupuloso, para nada admirable.

Sin embargo, la película parece estar más interesada en gritar que Miranda es una p*rra por dedicarse enteramente a su trabajo y rehusarse a reír y/o ser amable. Por alguna razón es recriminable el hecho de que lidera un imperio gracias a su talento y trabajo duro.

Andy Sachs

Andy, la pasante “gorda” de Miranda es lo peor, pero no por haberse “dejado llevar” por el mundo de la moda, sino por haberlo dejado con un berrinche en el fashion week de París.

A diferencia de lo que pensaban sus amigos terribles y su novio egocéntrico, Andy no era una inconsiderada por dedicarse a avanzar en su carrera. Cosa que, por cierto, su novio chef debería entender perfectamente. Estaba haciendo su trabajo y lo estaba haciendo bien. Si todo su “sistema de apoyo” se hubiese bajado de la torre de marfil en la que estaban, probablemente habrían podido verlo.

Summer Finn

En este caso, el estatus de Summer como “perra máxima de todas las perras”, viene cortesía de todos esos Nice Guys™ que se identificaron con Tom y no de un escritor rencoroso.

Summer le habló claro a Tom. En vez de escucharla, Tom decidió confiar en sus habilidades para interpretar el comportamiento de Summer, supongo que porque además de estudiar arquitectura hizo un curso de programación neurolinguística.

No sé por qué es tan difícil de entender, pero si alguien te dice que no quiere estar contigo, créele. Si va contigo a Ikea después y tienen sexo en la ducha, sigue creyendo en lo que te dijo y no en tu interpretación subjetiva de sus acciones. 

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