‘Once Upon a Time in Hollywood’: un homenaje al cine y a una época

8.5

Muchas de las personas que conozco en Los Ángeles creen que los sesenta terminaron de golpe el 9 de agosto de 1969, en el momento exacto en que la noticia de los asesinatos en Cielo Drive se propagó como un incendio por toda la comunidad, y en parte tienen razón. La tensión estalló ese día. La paranoia se cumplió.

Joan Didion

En su ensayo The White Album, Joan Didion expone fragmentos de sus propias vivencias para retratar lo que fue la vida en California durante la segunda mitad de la década de los sesenta. La experimentación con psicoactivos, su diagnóstico psiquiátrico, una sesión de grabación de The Doors, la bendición enmarcada en una de las paredes en la casa de su suegra y los asesinatos de la familia Manson son algunos de los elementos que usa Didion para darles forma a los relatos de una época que de otro modo no podrían ser narrados.

“Nos contamos historias a nosotros mismos para poder vivir”. Quizá Didion comienza el ensayo con estas palabras porque son necesarias para entender por qué los eventos que caracterizaron esos años fueron tan difíciles de soportar. Según la escritora de Sacramento, estos sucesos carecían de una línea narrativa que hiciera que todo tuviese sentido, esa que a veces nos imponemos y con la que paralizamos “esa fantasmagoría movediza que es nuestra experiencia real”. No había forma de lidiar con los acontecimientos, no había historias que las personas pudiesen contarse a sí mismas. La paranoia y la tensión finalmente habían estallado.

once upon a time in hollywwood joan didion
Joan Didion
Ted Streshinsky Photographic Archive/Getty Images

Un Quentin Tarantino de seis años fue testigo de la transición que hubo en Estados Unidos el 9 de agosto de 1969 y cincuenta años después llevó a la pantalla grande una historia que él y el resto del mundo pudiesen contarse a sí mismos. En Once Upon a Time in Hollywood el director revisita el último año de la década de los sesenta y no solo retrata los sucesos que llevaron su abrupto fin sino los cambios que atravesaba Hollywood para entonces.

La abolición del código Hays en 1968 fue uno de los factores que permitió el cambio en Hollywood, pues las reglas que este contemplaba —prohibición de la desnudez, las groserías, los crímenes, el consumo de bebidas alcohólicas de manera excesiva, el adulterio, las escenas sexuales o las de una pareja en la misma cama— para asegurar que ninguna cinta rebajara el nivel moral de los espectadores funcionaban más bien como un sistema de censura. A esto hay que sumarle el hecho de que la televisión se convirtió en algo tan fundamental dentro de un hogar como la mesa en la que cenan padres e hijos todas las noches, lo cual contribuyó con que ir al cine se hiciera cada vez un hábito menos usual. Al mismo tiempo, las personas que aún ocupaban las butacas dentro de las salas eran los jóvenes que rechazaban el ideal del sueño americano, hijos de quienes habían ido a la guerra, baby boomers que no tenían ningún interés en ver historias con finales felices en la gran pantalla. A todo esto, finalmente, debemos agregarle el precedente del caso Paramount, el cual en 1948 le negó a los estudios la posibilidad de ser dueños de los cines que exhibían sus películas y modificó ese esquema de negocio que se basaba en el monopolio, apresurando la fecha de expiración del studio system.

Al igual que Hollywood, Estados Unidos también pasaba por una transformación. Aquel fatídico día de 1963 en el que el traje rosa de Jackie Kennedy se llenaba de sangre también significó una mancha en el tejido social americano. Con la muerte de John F. Kennedy, la paranoia se posó sobre los hombros de los estadounidenses y se le sumó a la tensión que había en el aire debido a la guerra de Vietnam y el movimiento por los derechos civiles, entre otras cosas. A su vez, el desencanto de los jóvenes de la época condujo al surgimiento de una contracultura que rechazaba el consumismo, se rebelaba contra el sistema y optaba por la expansión espiritual, lo que llevó a que cada uno de estos baby boomers se embarcara en una búsqueda de identidad.

Dados los diversos factores que llevaron a su transición y los fracasos de taquilla que había tenido Hollywood a finales de los sesenta, los estudios comenzaron a darles oportunidades a cineastas desconocidos que tenían algo nuevo que ofrecer. En Easy Riders, Raging Bulls: How the Sex-Drugs-and-Rock ‘N Roll Generation Saved Hollywood, Peter Biskind cita a Steven Spielberg, quien explica esta etapa de la siguiente manera: “En los setenta por primera vez se levantó una especie de restricción de edad y se les permitió a los jóvenes entrar corriendo con toda su ingenuidad, su sabiduría y todos los privilegios de la juventud. Fue solo una avalancha de nuevas y valientes ideas, razón por la cual los años setenta fueron un hito”.

one upon a time in hollywood bonnie and clyde
Bonnie and Clyde (1967)
Warner Bros.

Esa generación de directores desconocidos a los cuales se les estaba dando los recursos para que llevaran su visión a la gran pantalla estaba integrada por el mismo Spielberg, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Robert Altman, Hal Ashby, Peter Bogdanovich, George Lucas, Terrence Malick y Brian De Palma, entre otros. Todos estos cineastas, a través de sus obras, buscaban retratar esa búsqueda de identidad tan común en la sociedad americana en aquellos días y dieron paso a un movimiento que recibió el nombre de Nuevo Hollywood, cuyo inicio, para muchos, se remonta a 1967, año en el que las películas The Graduate y Bonnie and Clyde vieron la luz. Estos dos filmes, como lo pone Peter Biskind, “hicieron temblar a la industria”, puesto que rompían las reglas entonces impuestas por el código Hays y fueron bien recibidos por el público joven que ahora se encargaba de llenar las salas de cine.

El guion de Once Upon a Time in Hollywood se nutre de toda esta información y la traduce, con mucha gracia, en imágenes. Los protagonistas de la cinta son Rick Dalton (Leonardo DiCaprio), un actor que comenzó su carrera en el Hollywood clásico y tiene problemas tanto para adaptarse a los nuevos cambios de la industria como para hacer su transición de la televisión al cine, y Cliff Booth (Brad Pitt), su doble de acción y mejor amigo, a quien también le cuesta encontrar trabajo en el panorama cambiante que ofrece el año 1969.

Puede que la película esté protagonizada por este par de actores cuyas carreras, por cierto, a diferencia de las de los personajes que interpretan, son sumamente exitosas, pero el elenco de Once Upon a Time in Hollywood está conformado por una amplia lista de celebridades. Margot Robbie, Emile Hirsch, Margaret Qualley, Timothy Olyphant, Austin Butler, Dakota Fanning, Bruce Dern, Luke Perry, Al Pacino, Lena Dunham, Kurt Russell y Maya Hawke tienen roles más pequeños y menos palabras que decir en las dos horas y cuarenta minutos de duración que tiene la cinta.

El casting del filme es particularmente bueno y colabora con su carácter referencial. Por ejemplo, parece una estrategia bastante intencional que Al Pacino interprete a un productor de Hollywood que comprende exactamente cómo funciona la industria y posteriormente se encarga de representar a Dalton. Después de todo, el actor tuvo su primer rol en una película precisamente en el año 1969, apareció en una serie de filmes pertenecientes al Nuevo Hollywood y protagonizó El padrino, dirigida por Francis Ford Coppola, uno de los representantes de este movimiento que tuvo lugar desde mediados de los sesenta hasta principios de los ochenta.

Brad Pitt y Leonardo DiCaprio en Once Upon a Time in Hollywood
Sony Pictures Releasing

Algo similar sucede con Bruce Dern, quien en Once Upon a Time in Hollywood interpreta a George Spahn, el dueño del rancho en el que se estaba quedando la familia Manson. En el año 1978, Dern actuó en Coming Home, cinta dirigida por Hal Ashby, uno de los más grandes representantes del Nuevo Hollywood. En el podcast The Big Picture, además, destacan que Tarantino parece reconocer esta referencia a través del soundtrack de la película, en el cual figura Out of Time de The Rolling Stones, canción que Ashby también usó en Coming Home.

También podría haber un comentario detrás de la elección de los actores que le dieron vida a la familia Manson en Once Upon a Time in Hollywood. La contracultura de los años sesenta se caracterizó por el rechazo de los jóvenes a la generación de sus padres y en este caso, los seguidores hippies de Charles Manson son interpretados por los hijos de personas reconocidas en Hollywood —Maya Hawke, hija de Uma Thurman y Ethan Hawke, actúa como Linda Kasabian; Margaret Qualley, hija de la actriz Andie MacDowell, tiene un papel basado en Ruth Ann Moorehouse y Kathryn “Kitty” Lutesinger; y Lena Dunham, cuya madre es fotógrafa y directora, interpreta a Catherine Share— o por quienes primero fueron actores infantiles —Dakota Fanning, quien apareció en su primera película cuando tenía siete años, interpreta a Lynette Fromme y Madisen Beaty, quien obtuvo su primer papel a los 13 años, da vida a Patricia Krenwinkel—. “Estos niños que vienen a ti con cuchillos son tus hijos. Tú les enseñaste. Yo no les enseñé. Solo los ayudé a ponerse de pie”, diría Manson sobre su familia luego y sería la filosofía que Tarantino tomaría prestada para su noveno filme, en el cual Susan Atkins (Mikey Madison) propone asesinar a quienes, con sus películas, les enseñaron a matar.

Si bien la cinta no logró escapar de la controversia durante su promoción debido a las pocas líneas que Margot Robbie tiene como Sharon Tate en ella, esto se siente como una decisión acertada y justificada una vez vista la película. Durante casi tres horas Tarantino muestra pequeños fragmentos de la vida de Tate y a partir de ellos, como pasa con Joan Didion en The White Album, el espectador puede entenderla mejor como persona. El director convierte una sesión de grabación de The Doors en una fiesta en la mansión Playboy, una visita a la suegra en una ida a la librería y la experimentación con psicoactivos en la emocionante experiencia de verse a uno mismo en la gran pantalla. Sharon Tate, en este largometraje, vive y es una persona real, no una celebridad inalcanzable cuya imagen luego se volvería un mito.

Margot Robbie como Sharon Tate en Once Upon a Time in Hollywood
Sony Pictures Releasing

Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, por otro lado, hacen que Once Upon a Time in Hollywood funcione también como un buddy film. La amistad y la química que existe entre Rick Dalton y Cliff Booth, entre otras cosas, sostienen la película y hacen de esta una especie de feel-good movie, una cualidad difícil de encontrar en otros largometrajes dirigidos por Tarantino. Además, ver a DiCaprio y Pitt pasarla mal con los cambios de la industria se siente como un pequeño chiste sabiendo lo exitosos que son ambos en la vida real. Sin embargo, la ironía no está solo en las diferencias que existen entre los actores y sus personajes, puesto que hay similitudes que también resultan graciosas. Cliff Booth es, de alguna forma, como todos imaginamos que es Pitt: un hombre extremadamente atractivo, seguro de sí mismo, fuerte y capaz de darle una paliza a quien sea; y las crisis nerviosas de Rick Dalton, mientras tanto, se parecen a lo que el internet cree que fue la lucha de DiCaprio por ganarse su primer Oscar.

La película maneja varias historias al mismo tiempo, enfocándose principalmente en las vidas de Rick Dalton, Cliff Booth y Sharon Tate. Esto la hace entretenida y, aunque definitivamente hay espacio para cortar algunas escenas prescindibles, digna de la atención ininterrumpida del espectador por casi tres horas. Por otro lado, estos tres personajes principales parecen representar aspectos distintos del cine y la época. Rick Dalton es una personificación de lo que fue y dejó de ser, un hombre que no encuentra su lugar entre todos los cambios e innovaciones de la década. Es un personaje alcohólico y bipolar —esto último no se dice en la película, pero fue comentado por Tarantino durante la promoción del largometraje— que representa la decadencia y la desilusión de la sociedad y el cine viejo. Sharon Tate, mientras tanto, es la promesa de Hollywood, el talento que entraba corriendo con toda su ingenuidad y sabiduría, como lo pone Spielberg. Asimismo, Cliff Booth podría ser la persona común que acude a las salas de cine, aquella que no aparece frente a la cámara pero que participa en el ciclo de vida de una película. Quizá por esta razón es un doble de acción que, además, vive en un tráiler detrás de un autocine. El personaje es un veterano de la Segunda Guerra Mundial al cual no vemos yendo a fiestas en la mansión Playboy o actuando en el set de un western, sino realizando actividades cotidianas: arreglando la antena de la televisión y conduciendo por Los Ángeles. De algún modo, Booth representa el cambio que la sociedad estadounidense quería ver en el cine, no el sueño americano sino la vida misma.

Quentin Tarantino dirigiendo Once Upon a Time in Hollywood
Sony Pictures Releasing

Esta manera de interpretar el aporte que los personajes principales hacen a la cinta puede aplicarse, también, a aquellos que no aparecen en pantalla por mucho tiempo. Trudi Fraser (Julia Butters) es una actriz de ocho años que impresiona a Rick Dalton con su madurez, cinismo y precocidad, cualidades que hacen del personaje uno memorable. Los eventos del 9 de agosto de 1969 terminaron por arrebatarle a la sociedad de Estados Unidos una inocencia que ya pendía de un hilo, lo cual le dio paso al desasosiego y el desencanto que heredó la década de los setenta. Por esta razón, no parece coincidencial que sea el personaje de Leonardo DiCaprio el que se ve afectado luego de hablar con Fraser, interacción que permite deslumbrar el contraste entre ambos, entre una visión del mundo que fue y ya no es, y una libre de inocencia.

La forma en que Tarantino retrató la decadencia del Hollywood clásico y el nacimiento de una nueva forma de concebir el cine recuerda a la película de 1971, The Last Picture Show, dirigida por Peter Bogdanovich, representante del Nuevo Hollywood. En ella, la pérdida de la inocencia y la transición de un estilo cinematográfico a otro no se simboliza a través de los asesinatos en Cielo Drive sino mediante el cierre del Royal, el único cine y una de las pocas fuentes de entretenimiento que hay en Anarene, un pequeño pueblo de Texas.

Tanto Once Upon a Time in Hollywood como The Last Picture Show trazan conexiones con el western para evocar el Hollywood del pasado. Si Bogdanovich lo había hecho a través de paneos que hacían que aquel pueblo gris se viera como el set de una cinta perteneciente a este género, Tarantino tomó nota y lo llevó al siguiente nivel, literalmente situando a algunos de sus actores en un estudio de grabación de westerns. Asimismo, ambos filmes juegan con varios personajes al mismo tiempo y se centran en la amistad que existe entre dos de ellos, los cuales si bien empiezan a recorrer un camino en común —en el caso de Rick y Cliff, trabajar en los mismos largometrajes y series de televisión; en el de Sonny y Duane, graduarse juntos—, al final tienen un destino diferente.

Otra característica que The Last Picture Show y Once Upon a Time in Hollywood tienen en común es la elección estratégica de sus actores para rendir homenaje a una época pasada. Como Tarantino usa a Bruce Dern y a Al Pacino para aludir al cine que surgía, Bogdanovich hacía lo mismo con Ben Johnson para hacer referencia al Hollywood que moría. Johnson era un actor que para 1971 ya contaba con una carrera bien establecida gracias a su participación en numerosos westerns, en los cuales actuó más de una vez junto a John Wayne, figura legendaria del género y protagonista del último largometraje que se proyectó en el cine de Anarene.

Jeff Bridges y Timothy Bottoms como Duane Jackson y Sonny Crawford en The Last Picture Show
Columbia Pictures

A pesar de sus múltiples similitudes, hay algo esencial que diferencia a ambos filmes y es el tratamiento del pasado que cada uno hace. La obra de Bogdanovich está ambientada en 1951 y 1952, pero hecha para transmitir la desolación de los setenta. El director mira atrás y lejos de sentir que el futuro es esperanzador, lamenta la pérdida de lo que fue el cine, Hollywood y la sociedad americana alguna vez. Los sueños de sus personajes más jóvenes acaban siendo olvidados y reemplazados por la sensación de desamparo que caracteriza a los adultos desde un principio. La visión de Tarantino, por suerte, dista de esta.

Si bien Once Upon a Time in Hollywood no ignora el aspecto negativo de los cambios de la industria e incluso ofrece la percepción que un actor al cual le cuesta encontrar su lugar en medio de esa transición tiene de ellos, esta no es una película a la que le duela demasiado el surgimiento de un nuevo cine. La cinta es una mirada al pasado desde el agradecimiento, desde el reconocimiento de que es esa época a la que le debemos gran parte de lo que hoy en día conocemos como Hollywood. Con este largometraje, Tarantino busca reescribir la historia y detener el estallido de tensión y paranoia del que hablaba Joan Didion.

Once Upon a Time in Hollywood es la película más sincera y nostálgica del director de 56 años hasta ahora. Es una carta de amor llena de referencias al cine de los sesenta y a una etapa de transición. Con su novena cinta, Tarantino agradece a sus maestros y le permite al mundo hacer las paces con el pasado, ofreciéndole una historia que pueda contarse a sí mismo a partir de ahora. Mientras que a los jóvenes de los setenta les debemos el “renacimiento” de la industria, como lo llamaron en la revista Time en 1967, es a Quentin Tarantino que debemos agradecerle por esa sensación esperanzadora con la que sale del cine quien vea Once Upon a Time in Hollywood.

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