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El miedo al Otro en el cine de terror

Sobre nuestros monstruos y ansiedades

Muchas veces lo que vemos en el cine de terror son nuestros miedos proyectados en forma de monstruos sobre la gran pantalla. Las ansiedades sociales, la idea del Otro como ente ajeno que amenaza el status quo, es lo que suele tomar la forma de criatura aterrorizante en las películas de este género. Como espejo de los temores reprimidos en la sociedad, esa otredad abyecta, a veces en forma de criatura macabra, a veces en forma de espíritu o entidad sobrenatural, simboliza las preocupaciones y la amenaza del orden social en determinado momento histórico. 

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Usualmente los elementos simbólicos empleados en el cine de terror, como lo monstruoso, la muerte, el más allá, el satanismo o la sangre, hacen cruces con los elementos técnicos de la cinematografía para establecer choques entre fuerzas contrarias, como el bien y el mal, lo sagrado y lo profano, la noche y el día. La visión estereotipada del Otro como un agente externo que aparece para desestabilizar el orden de las cosas es quizá el formato clásico desde el cual parte el género para materializar esos miedos y ansiedades, pero al mismo tiempo puede emplearse como un comentario irónico sobre nuestras paranoias sociales. 

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En la historia del arte, por ejemplo, puede entenderse que la mirada del Otro dice más de quien construye el estereotipo que del sujeto estereotipado. Según Peter Burke, historiador y autor del libro Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico, en el arte de la Edad Media los cristianos solían pintar a los judíos como seres grotescos, diabólicos, con sombreros puntiagudos y rostros de cerdo. Siglos después, el mismo sombrero puntiagudo sería empleado para la representación de las brujas: “La confusión entre judíos y brujas es muy reveladora, y constituye una prueba de la existencia de una idea general del Otro y de lo que se ha llamado un código visual general de expresión de lo infrahumano”, señala Burke.  De este modo, la imagen estereotipada del Otro funciona para deshumanizar, para imprimir sobre la otredad un imaginario monstruoso, maligno. 

miedos cristianos
Caricatura medieval cristiana de unos judíos usureros quemados en el caldero de Judea
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En el cine de terror la pugna entre opuestos, entre el bien y el mal, marca el punto de partida de toda la trama: el ellos y el nosotros son lo que tiende a generar empatía con el espectador, quien evidentemente suele identificarse con las potenciales víctimas de ese Otro que las amenaza. A través del tiempo estos monstruos han cambiado porque nuestros miedos también lo han hecho, pero en esencia la estructura de la trama condiciona tanto a la víctima como al espectador a desear que ese otro sea aniquilado para restablecer el orden, puesto que es en ese monstruo que la sociedad ve reflejados sus tabúes, sus memorias, sus miedos y represiones políticas, en fin, todo aquello que tememos confrontar. En su ensayo The American Nightmare: Horror in the 70’s, Robin Wood explica que “gran parte del efecto y la fascinación por el cine del horror recae en nuestro deseo por romper con las normas que nos oprimen y que nuestro condicionamiento moral nos enseña a reverenciar”.

A lo largo de la historia del cine, nos hemos topado entonces con eso que la sociedad reprime y refleja en los monstruos de las películas de terror. Tres momentos ilustran la transformación de nuestras ansiedades a través del tiempo:

El gabinete del Dr. Caligari y la Alemania previa al nazismo

Cesare, un sonámbulo que camina por las calles de un pueblo alemán, va asesinando a inocentes, siguiendo las órdenes de un viejo hipnotista: el Dr. Caligari. Estrenada en 1920, esta película muda dirigida por Robert Wiene es uno de los primeros clásicos del cine de terror y el precursor del cine de culto de arte. Como representante innegable del expresionismo alemán, El gabinete del Dr. Caligari emplea la estética de las formas distorsionadas y grotescas para dar sensación de un espacio desequilibrado e inquietante. Es un filme que apunta hacia los miedos y las ansiedades de una Alemania derrotada en la Primera Guerra Mundial y en la que el creciente extremismo había generado un estado de paranoia e incertidumbre sociales que se reflejan en la desesperación de las víctimas de los asesinatos de Cesare en la película. 

Este sonámbulo mata a diestra y siniestra siguiendo las órdenes del Dr. Caligari en una clara analogía con los soldados de la guerra y el gobierno alemán. Además de un comentario acerca de la inquietante incertidumbre entre la sociedad alemana, la película también es un relato de pánico ante la guerra, sobre lo que la esta y los gobiernos pueden hacer de los hombres. La contienda aquí es entre los ciudadanos y el gobierno, el Otro es el poder y el monstruo es el soldado adormecido por este poder, empujado contra su propia gente. 

Psicosis y la locura en todos nosotros

En 1960 se estrenó Psicosis, dirigida por Alfred Hitchcock y basada libremente en la historia del asesino y ladrón de tumbas Edward Gein. El filme supuso un cambio en el género, no solo por su estructura narrativa y el terror que produjo en la audiencia, sino porque finalmente convertiría al cine de terror en un género con valor estético y puesto al mismo nivel que los demás en el círculo de las artes cinematográficas. 

Aquí la otredad no está fuera, sino dentro. Es un relato sobre la locura, acerca de nuestros impulsos más oscuros. Norman Bates, interpretado por Anthony Perkins, administra un motel venido a menos y tiene un encuentro con Marion Crane (Janet Leigh), quien le ha robado un dinero a su jefe y busca hospedaje en ese aislado lugar. Lo que más capta la atención es esa peculiaridad de presentar personajes cotidianos, con bajos impulsos en los que la frontera entre lo moral y lo inmoral ya no está tan diferenciada. El monstruo está en casa, incluso dentro de nosotros mismos, al borde de la locura, del desvanecimiento de la línea que separa el bien y del mal. La ilusión de rectitud de la sociedad estadounidense queda, entonces, al descubierto. 

En el contexto de la Guerra Fría, que es cuando se realiza esta película, puede inferirse que el comentario que Hitchcock hace sobre la sociedad es que el enemigo de pronto no es un ajeno que nos amenaza, sino que ese monstruo también podemos ser nosotros mismos. La cinta refleja la vulnerabilidad de la sociedad estadounidense que se encuentra al borde de la histeria colectiva, producto de un miedo al Otro, que no es más que ilusión. El director también apunta a la ruptura del núcleo familiar clásico estadounidense, ese símbolo de estabilidad que fácilmente la locura y los deseos sexuales reprimidos puede resquebrajar, tal y como ocurre com Norman Bates. 

Get Out y los miedos raciales de la era Trump

En el 2017 Jordan Peele hizo su debut como director con la película Get Out, protagonizada por Catherine Keener y Daniel Kaluuya. En el filme quedan expuestos los miedos raciales que la era Trump ha traído de vuelta, pues la presencia de las dinámicas neocoloniales y las alusiones al pasado esclavista estadounidense resurgen en la ansiedad de Jordan Peele, quien es afroamericano. Los avances en términos raciales que se dieron durante el período de Obama son ahora un pasado lejano, amenazado por esa falsa condescendencia de los personajes blancos hacia los negros se trata de la vuelta a un pasado no del todo superado. 

El Otro aquí es el blanco. El simbolismo del té se plantea como un elemento empleado por la civilización para subyugar y dominar, usado además como herramienta de violencia y dominio racial. En Get Out, Peele subvierte la idea clásica del Otro como el diferente o el ajeno, para plantear que ese monstruo también puede ser esa mayoría que siempre se pensó víctima, como usualmente ocurría en las películas de terror en las que los grupos minoritarios —negros, mujeres, comunistas— eran presentados como la principal amenaza para los blancos estadounidenses, en cambio en la película de Peele los miedos se invierten, son los negros quienes temen a los blancos. 

Como vemos con estos ejemplos, el cine de terror también puede funcionar como válvula de escape de los miedos y ansiedades que nos agobian como sociedad. Estos miedos proyectados en la figura del Otro como espejo de lo que reprimimos o de lo que nos domina se han hecho cada vez más complejos a lo largo del tiempo, en la medida en que los problemas sociales también lo han hecho. Así que la próxima vez que vean una película de terror, estén atentos y observen bien qué miedos están reflejados en la pantalla. 

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