Las ‘piezas’ que mi abuela bailaba en su tiempo

Un ejercicio de memoria que terminó en una recopilación de historias

Existen cosas que atrapan momentos y que capturan historias como joyas, ropa, videos y otros. La música funciona como una fotografía, nos ayuda a recordar momentos, sensaciones, olores y hasta sentimientos, y trae de regreso absolutamente todo lo que pensábamos que habíamos olvidado. Por eso es que es recomendado que los pacientes con Alzheimer oigan canciones que solían escuchar de jóvenes para intentar mantener en marcha su memoria.

Eso fue lo que desencadenó que me pusiera a hablar con mi “abueloca”, Ruth, acerca de los temas de sus tiempos. No porque padezca de Alzheimer, sino porque sabía que tendría muchas historias que contarme a través de mi pasión: la música. Y creo que les encantará tanto como a mí todo lo que ella dijo porque no es simplemente conocer a mi abuela, sino ver las diferencias entre su tiempo y el nuestro.

La pelota de carey de Los Antaños del Stadium

Mi abuela es una mujer del estado Zulia, proveniente de una familia evangélica en los años cuarenta. Eso significaba que ella no podía hacer absolutamente nada de “mundo” porque iba a ser “juzgada por Dios”, así lo veían sus padres y me lo cuenta a mí. Ellos solamente podían escuchar himnos cristianos en la iglesia, más nada. No tenían radios ni televisión porque estos corromperían a la familia y el honor de la misma. Sin embargo, eso no evitó que Ruth y su hermana, Ana, hicieran lo que quisieran. Oh, no. Ellas intentaron conocer qué había más allá del yugo de los adultos.

Las hermanas solían ponerse casi todas las tardes en los callejones entre las casas para escuchar la radio de sus vecinos. Ahí fue donde conocieron a artistas como Alfredo Sadel, Los Panchos y otros, pero lo que más destaca en la mente de mi abuela es el tema La pelota de carey de Los Antaños del Stadium, una canción que la hacía bailar a sus 12 años y que sigue recordando con mucho cariño, a pesar de que su entorno no haya sido tan libre y alegre como la melodía.

Concierto en la llanura de Juan Vicente Torrealba

Al llegar a su adolescencia, la situación continuaba siendo la misma: sin música, películas o libros que la gente de la sociedad leyera mientras ella continuaba intentando salir de ese mundo para conocer y experimentar otras cosas. Así que con 16 años se animó a ir a su primera fiesta de Año Nuevo con la excusa de que tenía que darles el feliz año a todos sus vecinos. Allí escuchó Concierto en la llanura de Juan Vicente Torrealba, un tema instrumental precioso de música llanera tradicional venezolana que encapsula la primera vez en la que consumió “bebidas espirituosas”.

Las composiciones sin voz eran también muy populares para esta época y solían ser bailadas por los jóvenes no pertenecientes a religiones estrictas. Mi abuela dice que por haber crecido siendo evangélica, no sabe llevarle el paso a nadie y tiene dos pies izquierdos.

Yo no fui de Pedro Infante

Algo que solían hacer los seguidores del evangelio era enviar lejos a sus hijos o recibir a los de otra persona, y la familia de nana no fue la excepción. Al encontrarse en aprietos económicos, decidieron enviarla a otra ciudad de Venezuela para que se formara educacionalmente a cargo de una madre y su hija. El objetivo de ella en esta nueva experiencia era tener buenas notas para poder continuar sus estudios. Sin embargo, conoció a un par de amigos, entre esos el novio de la joven de la familia, quien le pidió dinero prestado a la forastera para comprarle un regalo de Navidad a su enamorada. Ella se lo dio sin remordimientos y eso le causó problemas con su familia, la cual le había enviado la plata. 

A su vez, la familia que la estaba cuidando dijo que ella tenía gigolós dado el préstamo que le hizo al hombre y que todas sus notas eran terribles. Por eso, al llegar a su casa en Navidad, le realizaron un juicio que consistía en que los hombres de la familia la juzgaran. La declararon culpable, por lo que recibió un castigo. Todo fue porque sus papás no le estaban pagando a las mujeres por recibirla, pero sí le enviaban billetes a mi abuela, así que para vengarse y hacer que ella regresara a Maracaibo, fabricaron el chisme.

Desesperanza de Alfredo Sadel

Mientras Yolanda Moreno aparecía bailando en las pantallas de todos los televisores de Venezuela, mi abuela se mudaba a Caracas con su hermanita a los 17 años para poder estudiar en la Escuela Nacional de Servicio Social. Allí conoció a las que, después de más de sesenta años, siguen siendo sus mejores amigas y a quienes recuerda contenta con esta canción. La razón por la que asocia Desesperanza con ellas, a pesar de que no tiene nada que ver la letra con la situación, es porque tenía que ir a una fiesta de gala una noche y necesitaba un chal, ya que por su religión sus padres nunca le compraron uno. Para encontrarlo recurrió a sus amigas de la residencia, pero ninguna lo hallaba. Cuando ya se había resignado a ir, una de ellas comenzó a gritar en el balcón de abajo para decirle que ya tenía uno que mi abuela podía usar. En el momento pensó que era muy embarazoso y ahora lo rememora con nostalgia.

Miénteme de Los Tres Diamantes

Los teléfonos de antaño solían estar conectados entre sí, así como lo muestran en Las chicas del cable, y muchas veces se podían escuchar otras llamadas al tomar el dispositivo. Sabiendo eso, un día aburrido mi nana cogió el aparato comunicacional y escuchó la voz de un hombre con el que se puso a hablar. Como le encantó la conversación, aceptó tener una cita con él, quien le dijo cómo se vestiría para su encuentro en la parada de autobuses para que ella tuviese una pista de quién la esperaba. Cuando llegó al lugar, terminó encontrándose con un tipo horrendo, así que se devolvió y le mintió al decir que no lo había visto en ningún lado. Ya vemos que el ghosting y las citas a ciegas no son algo de la modernidad —y que mi abuela está igual o más loca que nosotras—.

Besos de fuego de Carmen Delia Dipiní 

En su tiempo en la residencia, ella y sus amigas eran atendidas por la administradora. Una señora baja y regordeta que normalmente solía estar seria, pero que en sus momentos libres, cuando pensaba que nadie la escuchaba, tocaba Besos de fuego en el piano que estaba cerca de su habitación. Mi yaya recuerda que un día se acercó con sus compañeras a ver de dónde venía el sonido de las teclas y encontraron a la anciana moviendo los dedos sobre el instrumento, sus brazos temblaban y ellas comenzaron a burlarse de eso. Claro, a sus ochenta años ahora ella tiene las mismas arrugas y brazos aguados de la gerente —aunque no lo quieras admitir, abuela loca—.

Perfidia de Nat King Cole

Nat King Cole, el equivalente al Ricky Martin de nuestras tías y al Justin Bieber de nosotras, hacía que las jóvenes de los cincuenta se derritieran en sus camas escuchándolo. No podía faltar en esta lista una mención al famoso cantante de jazz y la composición elegida es Perfidia. Un tema que habla del encuentro del narrador con el amor de su vida, cosa que era el sueño de juventud de mi abuela hasta que encontró a mi abuelo en una tarde de paseo por la ciudad.

El reloj de Lucho Gatica

A diferencia de los tiempos actuales en los que puedes ver a alguien 24/7 o estar constantemente hablando con ellos por mensajería instantánea, antes los tórtolos tenían un horario de visita y salir con alguien era algo muy importante. Tenían que verse de día y en un lugar público por un periodo de tiempo calculado, por lo que debían estar constantemente viendo el reloj. Así que mi abuela recuerda sus momentos de novia con mi abuelo con esta canción de Lucho Gatica que dice que no quiere que llegue la hora en la que los besos acaben y tengan que decir hasta luego, una afirmación muy romántica y extraña para mi abuela, quien no habla mucho de su esposo desde que quedó viuda en 1981.

Amor te sigo queriendo de Olimpo Cárdenas

Tener una pareja no es fácil en ninguna época y las discusiones por cosas insignificantes han existido desde los tiempos de Adán y Eva. La canción del músico venezolano Olimpo Cárdenas captura eso y se volvió el himno de esas peleas bobas que terminaban en risas de mis abuelos. La matriarca de mi familia cuenta que ella no le prestaba mucha atención a esas tonterías y al final siempre intentaba hacer sonreír a su esposo con una taza de café o un tierno abrazo, por eso Amor te sigo queriendo es tan especial para ella.

Noche cubana de Omara Portuondo

Aunque no sea de su tiempo este cuento, siento que tiene valor contarlo porque ella lo ama. En la década de los noventa, mi abuela pasó unos días en Cuba para celebrar la graduación de uno de sus sobrinos. Aprovechó ese tiempo para indagar sobre la situación en la que estaban las personas del país y cómo se desenvolvía la sociedad con tanta represión, por lo que pasó casi todo el tiempo caminando por La Habana conversando con la gente y entrevistándolos junto a una de sus hermanas. En eso, un joven se le acercó y le dijo algo que ella no entendió porque para ese momento ya tenía sordera. Su consanguínea se le acercó y le contó que el hombre le dijo que lo esperara en el lobby del hotel para tener una noche candente. Se podrán imaginar que nana no lo hizo, aunque sé que en secreto ella deseaba encontrarse con el hombre misterioso.

La música puede invocar momentos que pensábamos que habíamos olvidado y nos hace sentir como si estuviéramos allí de nuevo, reviviendo cada uno de esos segundos, minutos y horas. Atrapa a personas, lugares, olores y situaciones por las que pasamos hace mil años y las clava en nuestra alma dejándola allí para siempre como una estaca en el corazón de un vampiro. De eso me di cuenta hablando con la señora que me ponía videos en inglés para que aprendiera con cuatro años y la que no se molestó cuando la maquillé como un payaso un día en el que se quedó dormida mientras me cuidaba.

Este es un recordatorio amigable para que contactes a tu yaya porque seguramente está como la mía, esperando a que la llames para contarte esas historias asombrosas que posee de cuando tenía la misma edad que tú.

  1. Bellísimo Adriana! Me gusto mucho. Serás una exitosa profesional me alegro mucho. Me llama la atención como no haces repetitivo “abuela”. Sino lo vas sustituyendo a lo largo del texto. Nana. Yaya etc. Muy bien adri lo estás logrando ❤️❤️🎈😘

  2. Imposible no remontarse a través de la música y de la narrativa a momentos tan especiales y admirar las vivencias de esa época tan hermosa de nuestra amada Venezuela.

  3. Imposible no remontarse a través de la música y las vivencias de esa época tan hermosa que nuestros abuelos disfrutaron en esa Venezuela de Antaño.

  4. Adriana. Recordar es vivir, con tu abuela pasé la mayor parte de mi vida, juntas la primaria e igualmente la carrera técnica en Trabajo Social, éramos inaguantables hacíamos una dupla, sería interesante que supieras los detalles de la vida en la residencia. Al tener disponibilidad te lo contaré, seguro te vas a divertir. Tía Ana

  5. Qué bueno está esto! Me encanta la forma de contar una parte de una bonita historia familiar agregando pedacitos de actualidad, que la hacen más fácil de identificarse con ella sin importar la edad de quien lo lee… entretenida y bien narrada. Otra, otra!!! Desde Panamá, mis respetos

  6. Te felicito. Bellisimo el tema. Después de leerlo recordé una canción que me llevo a muchos años atrás, la cual busco cada vez que quiero recordar el día que la escuché por primera vez. Éxitos.

  7. Esa es Ruth, a pesar de los pocos años que la conozco, me parece una mujer interesante , es muy alegre, inteligente y me hace reír las veces que nos vemos y tiene una voluntad para hacer las cosas increíble ! No se cansa y se atreve a todo . Esta historia que cuenta du nieta , me parece su retrato.

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