‘Miss Americana’ o la redimensión de la persona pública de Taylor Swift

‘Miss Americana’ o la redimensión de la persona pública de Taylor Swift

Casi todo lo que somos lo comprendemos en la medida en que les damos estructura discursiva a nuestra vida y nuestra personalidad, como una forma de presentarnos ante los demás. Evidentemente este relato se va transformando conforme pasa el tiempo y nos vamos conociendo mejor. Quizá, para los que no somos famosos, esa narrativa solamente servirá para el autoconocimiento y para que nuestro círculo íntimo y a veces no tan cercano nos conozca a grandes rasgos: elegimos ciertos episodios, quitamos unos y exageramos otros dependiendo de cómo queremos que los demás nos vean; es nuestro modo de hacernos una persona “pública”, una imagen. 

Claro está que cuando te siguen alrededor de 200 millones de fanáticos y toda tu carrera depende de la aprobación externa, esa construcción de la persona pública pasa por varios filtros y, al mismo tiempo, también está sujeta a la percepción de los demás, al relato que ahora en esta era del internet todo el mundo tiene el poder de crear en torno a alguien famoso. En Miss Americana, Lana Wilson sigue la vida de Taylor Swift, no solo con la intención de humanizar a una figura pública que muchos creen inalcanzable, sino también con la de darle espacio a la cantante para crear un relato sobre sí misma, unificar el discurso en torno a su imagen y aclarar dudas con respecto a su postura política. 

Miss Americana
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En su debut de 2013, After Tiller, Lana Wilson sigue de cerca las historias de los cuatro únicos doctores en los Estados Unidos dedicados a realizar abortos en embarazos avanzados en un contexto social polarizado y fuertemente amenazado por los conservadurismos radicales. Su segundo documental, The Departure, estrenado en 2017, se adentra en la vida de un monje budista japonés cuyo trabajo es lidiar constantemente con potenciales suicidas, tratando temas tan complejos como la muerte y el sentido de la vida en una cultura en la que no se suele hablar acerca de la enfermedad mental tan abiertamente. 

De pronto es extraño que su tercer trabajo, estrenado en el Festival de Cine de Sundance el pasado enero de este año, sea un documental sobre una estrella del pop. Aunque, si vemos con detenimiento los 85 minutos del filme, claramente nos damos cuenta de que Miss Americana no es solamente un retrato biográfico de una famosa cantante, sino también una reflexión acerca de este extraño culto a la celebridad en tiempos del internet y el efecto de la cultura de la cancelación sobre la propia percepción individual. De este modo, entendemos que hay cierta consistencia en la forma en que Wilson se acerca a sus objetos de interés: tratando desde lo íntimo problemas que, si son vistos desde una perspectiva macro, se hacen abstractos para la comprensión del público. 

Miss Americana Taylor Swift
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En Miss Americana, la directora construye un discurso que aglutina los episodios más conocidos de la vida pública de la cantante. Acontecimientos como el incidente con Kanye West en los MTV Video Music Awards de 2009, las reacciones de la prensa sobre su vida amorosa o su salida de la mirada pública tras ser objeto del rechazo masivo en los medios y en las redes sociales se fueron intercalando con imágenes de archivo de su infancia y sus inicios como compositora para dar forma a esta suerte de relato que Taylor Swift va narrando a lo largo del filme con una autoconsciencia de su posición en la industria musical como mujer y como figura pública prácticamente empujada a deconstruir un sistema de creencias que basaba el éxito y la felicidad en la impredecible validación externa. 

Miss Americana Taylor Swift
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Evidentemente todo el documental está construido desde la perspectiva de la cantante y no trata de enfrentar opiniones ni de yuxtaponer puntos de vista. Es sencillamente un discurso en el que Swift encuentra un espacio para darle estructura a una persona pública más fiel a sus principios y más comprometida políticamente. La cantante nos hace partícipes de ese proceso de autodescubrimiento por el que todos pasamos en nuestros veinte, claro está que su posición de mega estrella del pop de algún modo magnifica la trascendencia de este hecho normal en nosotros. 

Si bien trata de mostrarnos la vida de la famosa cantante, el documental de Wilson no lo hace desde una posición sensacionalista, tratando de cazar algún vicio o algún hábito decadente. Más bien lo que intenta Miss Americana es que veamos a una persona vulnerable, a veces confiada, otras veces insegura, con la cual el espectador pueda empatizar; quizá sea un ejercicio necesario en esta cultura en la que los medios nos venden a las celebridades como objetos de consumo.

Miss Americana
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Si bien Miss Americana pierde intensidad cuando trata de tocar varios puntos de la vida de Swift sin detenerse lo suficiente en ellos, el filme cobra fuerza en los últimos minutos, cuando la cantante explica de la manera más honesta posible lo que implica ser mujer en la industria de la música: “Vivimos en una sociedad en la que las mujeres del espectáculo son descartables una vez que cumplen 35 años. Todos son un juguete nuevo por dos años. Las artistas femeninas se han reinventado veinte veces más que los artistas masculinos. Deben hacerlo. Si no, te quedas sin trabajo. Debes reinventarte constantemente. Debes encontrar nuevas facetas de ti que a las personas les resulten atractivas. Debes ser original, debes ser joven, pero solo de una manera nueva y del modo en que los demás quieren”. 

La lucidez con que Swift describe la realidad de la industria en la que trabaja hace que esta parte del documental sea especialmente importante. Es inevitable pensar en las famosas que se desorientaron en este torbellino de éxito y celebridad, y que no lograron salir a flote sin perjudicar su salud mental, siendo el caso reciente más recordado el de Britney Spears. Swift demuestra una capacidad de crítica y reflexión que evidentemente forma parte de todo el trabajo psicológico que tuvo que emprender para reorganizar sus prioridades y tomar control poco a poco de su propia narrativa cuando fue objeto del rechazo masivo de la opinión pública.

Miss Americana Netflix
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Es evidente que Taylor Swift no es la única celebridad perteneciente a esta generación del internet, pero sí es de esas excepciones que han sufrido los embates de la cultura de cancelación y vuelto a renacer, todo esto sin ver afectadas las ventas de sus discos o de las entradas a sus conciertos, puesto que desde sus inicios en la música se ha dedicado a crear un vínculo con sus admiradores que se ha fortalecido a lo largo del tiempo, elemento que sirve de base para construir cualquier negocio o carrera perdurable. Pero también tener una fanaticada de alrededor de 200 millones de personas implica un gran poder. 

En esta era del internet, todo lo que estructura la cultura hacia la celebridad se ha modificado, los famosos influyen de forma distinta en la sociedad y el público a su vez los afecta a ellos de un modo más directo, más incisivo. Ahora los artistas de cierto estatus pueden tener voz en la política y mover a las bases de votantes más jóvenes, igualmente pueden comprometerse a causas sociales, respaldar candidatos y ser escuchados con atención acerca de sus opiniones en materia de derechos civiles. En Miss Americana, Taylor Swift pone en marcha esta influencia prácticamente saliendo del clóset como demócrata, tomando las riendas de este poder que tiene sobre las masas y actualizando su posición de celebridad sobre estos principios más comprometidos.

Taylor Swift
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El trabajo de Wilson, si bien ha sido elogiado por la crítica por el retrato intimista y vulnerable que hace de la cantante, se apresura a tocar lo que serían los temas más delicados del filme. Algunos ejemplos de esto son el episodio del acoso sexual, su compromiso político y su defensa por los derechos LGBTQ+, tópicos que son abordados al final con el propósito de dar un cierre que más bien se siente atropellado y deja al espectador con ganas de saber más. Quizá las piezas faltantes vendrán con lo que siga en la vida de la estrella, ahora más segura de sí misma y en control de su poder como figura pública. 

Lo que muestra Miss Americana tanto a quienes admiramos a Swift como a los que no les gusta tanto es más que un montón de cámaras siguiéndola, viendo cómo se sube a su avión privado, compone canciones con una asombrosa facilidad o le da de comer a su gata en la mesa. Es, además de eso, el retrato de una artista que ha construido una exitosa carrera por esfuerzo propio y que de algún modo ha descifrado el secreto para mantener la sanidad mental en esta era del internet, razón suficiente para que el documental sea un producto que vale la pena ver. 

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