Me di la oportunidad de (realmente) conocer Venezuela

Me di la oportunidad de (realmente) conocer Venezuela

«Es que Venezuela tiene todo». Seguro has escuchado esta frase en varias reuniones familiares, discusiones con amigos y hasta salones de clase. Como yo, seguramente asentiste y estuviste de acuerdo. Pensaste en el Salto Ángel, Canaima y Los Roques.

No puedo hablar por todos los que hemos dicho y escuchado este tipo de frases, pero para mi, el concepto nunca realmente penetró mi subconsciente. Apenas llegaban las vacaciones, mis deseos para un destino turístico estaban en un far, far away land.

Gracias a la crisis que ha quebrantado poco a poco la economía de Venezuela, se ha impulsado mucho el turismo nacional (a cuenta de que ya no nos dan los riales para salir del país). Una realidad agridulce, sí, pero cierta. En este caso e inspirados por los cuentos de sus amigos, mis papás decidieron surfear la ola, y me trajeron con ellos. Adicionalmente, quise tener mis propias aventuras.

Hasta ahora no puedo decir que he conocido toda Venezuela. Pero cada vez regreso con ganas de volver y explorar aún más mi país. Cada vez vengo más segura -porque mis propios ojos lo constataron-, que Venezuela realmente lo tiene todo y más. En este artículo, los llevaré conmigo en las aventuras que he tenido. Como la comida es parte del paseo a mi parecer, también les mostraré este lado de la aventura.

La Gran Sabana

Mi familia y yo fuimos 3 años seguidos a la Gran Sabana durante la época decembrina. Honestamente, fue hace mucho tiempo y no lo recuerdo en todo su esplendor, pero sí sé que pocas de las ciudades que he visitado fuera de Venezuela me han generado tanta emoción como ver un Tepuy en vivo, nadar debajo de un salto o bañarte todos los días con el agua fría de un río.

Muchos viajamos con la excusa de conocer otras culturas, pero no nos damos cuenta que a unos kilómetros de distancia se encuentra la cultura venezolana de la forma más pura, que muchas veces no conocemos.

Este viaje abrió mis ojos al potencial de Venezuela.

Hay algo especial sobre acampar. Eso de “ser uno con la naturaleza” realmente empieza a cobrar sentido cuando la alarma son los sonidos de los pájaros. Aprender a disfrutar de la simpleza es una de las cosas más importantes para mí, y esta oportunidad de conocer La Gran Sabana me demostró que a pesar de todo el ruido en el que vivimos, esto es posible.

La Colonia Tovar

Esto no está demasiado lejos de la capital, lo sé, pero me parece igual de importante de conocer. Fui con unos amigos, la compañía perfecta para disfrutar de una birra bien fría.

¿Saben ese sentimiento cuando van a un lugar bellísimo y dicen que se sienten en otro país? Así describiría la Colonia Tovar. A pesar de estar definitivamente deteriorada, para mí mantiene su encanto en la simpleza y la tradición.

Mérida

Había ido cuando tenía tan solo 5 añitos y no me acordaba de absolutamente nada. El teleférico había sido renovado, así que tuvimos la oportunidad de subir el Pico Bolívar. Primera y única vez que me dieron ganas de ser alpinista.

Algo que me llamó la atención fue la tradición y, de alguna manera, retraso del lugar. Los artesanos todavía vendían dentro de sus casas. Fue refrescante ver productos con tanto cariño y trabajo impreso en ellos, pero no pude evitar pensar en la modalidad arcaica de vender.

Una de las cosas que más me gustó y me llamó la atención fue la movida emprendedora gastronómica. Fuimos a un restaurante maravilloso llamado KQT, donde todo es sembrado in-house, y a una tienda de macaroons espectaculares llamada Vanilla. Esta última fue la más impactante, con un nivel de diseño que podría pertenecer a West Village en Nueva York.

Isla de Margarita

Esta seguramente será un “duh” para la mayoría de las personas venezolanas que lo lean, pero la última que había ido a Margarita tenía 9 y debo decir que si mi memoria no me falla, la isla ha evolucionado muchísimo desde la última vez que remojé mis pies.

Una de las cosas que más me sorprendió más fue la Feria Artesanal y Gastronómica de La Asunción. Si quieren saber más sobre esta feria, escribí un artículo dedicado a ella, gracias al impacto que causó en mí.

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Un pedacito de futuro en la Feria Artesanal y Gastronómica de La Asunción

La comida buenísima como siempre.

Margarita es un lugar fácil y rico para pasarla bien. La movida gastronómica ha crecido muchísimo así que podrás disfrutar de más que un buen pescado frito con tostones (aunque no me quejo de esta opción). Aparte de eso, las playas son una belleza y la gente es la mejor.

Morrocoy

El último de mis viajes y sin duda uno de mis favoritos. Nunca había ido a Morrocoy, pero la vacación pasada había ido a Mykonos y Santorini. Déjenme decirles que Morrocoy no tiene nada que envidiarle en cuanto a playas.

La comida (yo me limité a marítima) estuvo impecable. Aquí les dejo la foto de este majestuoso pulpo que pidió mi papá en un restaurante.

La pasé feliz, salada y bronceada.

Quiero este artículo sirva como una invitación abierta a todos los venezolanos (y extranjeros) que no gozan del país maravilloso que está bajo sus narices.

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