Lo que realmente significa ganar mejor película

Cada vez que se acercan los premios de La Academia, empezamos a escuchar cómo la bulla desde lejos se va haciendo más y más aguda, siendo acompañada de comentarios sobre cuál debería ser mejor película y por qué, quién debería ganar Mejor Actor (nótese situación de Leonardo DiCaprio) y si tal película es realmente mejor que la ganadora pasada.

Lo cierto es que a través de los años, premios como los Oscars han sido producto de una muestra pequeña de hombres blancos que cada año dejan cada vez más que el criterio externo incida en la decisión del premio máximo de la noche. Aunque eso no es algo necesariamente malo.

En años pasados, han ganado películas como Spotlight, que representa la corrupción de sacerdotes en la Iglesia Católica y 12 Years a Slave que ilustra la vida de los esclavos en 1853 mediante un brillante dramón.

En momentos donde el clima político estaba relativamente tranquilo en Estados Unidos, dar luz a problemas y situaciones como estas parece la decisión correcta. En estos casos, los ojos no estaban en la pantalla en vez de la oficina oval.

Este año la cosa fue un poco distinta.

Primero, debemos destacar que sí se contó con un repertorio de películas variado, con elencos de distintas razas y religiones; el más diverso en la historia de los Oscars. Dicho eso, no todas las historias reflejan los problemas relevantes para el país.

A estas alturas quizás te preguntaste qué tienen que ver los problemas social-políticos de los países con los premios cinematográficos. Pensamos que después del discurso de Meryl Streep en los Golden Globes ya no hubo vuelta atrás con este asunto, y como bien lo explicó la brillante actriz: los actores son menester a la hora de una protesta, puesto que son los capaces de ilustrar las historias de aquellos que quedaron en el pasado y sacar del tabú las situaciones que quedan tras puertas.

Este año, tuvimos tres prospectos: Hidden Figures, que cuenta la historia de tres mujeres brillantes, incondicionales para la NASA en su tiempo. Esta película es la mezcla perfecta entre lo que los críticos llaman un “crowd-pleaser”, y una obra que porta un mensaje. En este caso es claro: racismo, segregación, participación femenina en el área laboral y carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería, mecánica).

Luego, tenemos a Moonlight. Aquel que no era el favorito (de hecho, es el menos favorito en haber ganado Mejor Película en la historia de los Oscars), que fue nominado gracias a la excelente producción y -más importantemente-, el mensaje. En este caso se ilustra la dificultad de un niño descubriendo su sexualidad en un ambiente de bajos recursos ubicado en el Miami Project. De nuevo, el mensaje es fácil de ubicar: acoso por identidad sexual, vida y comportamiento de la juventud en los lugares de bajos recursos.

Por último, tenemos al ganador por accidente La La Land, que relata el romance de un purista de jazz que intenta resucitar lo que queda de él, y una actriz que está recorriendo el difícil camino de intentar ser alguien en Hollywood. En esta película, el problema es un tanto ubicable, sin embargo, es indiscutiblemente más superficial y menos urgente que los anteriores.

Antes de saltar a conclusiones por mensaje que transmiten, debemos tomar en cuenta que la Academia no siempre ha dado el premio al favorito, ni a la mejor película. Cada año, el premio es una caja de sorpresas que nada más se puede intentar predecir con lo que está sucediendo en el país.

Un ejemplo de esto es la derrota de Pulp Fiction por Forrest Gump, o cuando Dance With Wolves le ganó a Goodfellas.

Volviendo a los valores, algunos alegaron que al hacer la yuxtaposición de las tres películas descritas anteriormente, el mensaje de La La Land, no puede compararse con la de los dos anteriores, pero en este caso hay que recordar que la Academia tampoco se ha destacado siempre por escoger la película con la mejor moraleja.

Un ejemplo es cuando Crash le ganó a Brokeback Mountain, o cómo How Green Was My Valley le arrebató de las manos el premio que le habíamos puesto a Citizen Kane, o más recientemente, cuando Birdman ganó ante Selma y Boyhood.

Eso nos trae de nuevo a por qué La La Land estaba entre las predispuestas a ganar: lo que Hollywood pide, Hollywood obtiene.

Es un hecho que ya existen películas como La La Land, o Crash, o Dance With the Wolves. Sin embargo, cuando una de estas películas gana el mayor premio, el mensaje que manda a Hollywood es que produzcan más de ese estilo, mientras las películas más avant-garde que demuestran otras aristas del cine son dejadas de un lado.

Así que volviendo a la pregunta inicial: en un Estados Unidos infestado por Trump, ¿qué significa en realidad el premio a Mejor Película?

Significa demostraciones de lo que veremos en el cine el año que viene y el mensaje que prevaleció ante los demás. En una institución tan cambiante de criterio como lo es la Academia, es crucial que películas como estas sean alzadas como un mensaje de propuesta por el tipo de administración que quieren tener.

En este caso, la Academia hizo la decisión correcta, pero es tiempo de que tomemos en cuenta las consecuencias si Warren Beatty hubiese acertado con la primera película que nombró.

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