Conociendo a Juan Planchard, uno de los tantos ladrones de Venezuela

Hace unas semanas escuché en la radio una entrevista a un director de cine venezolano con un apellido rarísimo. La conversación era principalmente por un libro que publicó el cineasta finalizando el 2016. Sin prestarle mayor interés, me imaginé que el libro era alguna historia cualquiera de película pasada a páginas que no me iba a interesar mucho.

Pues resulta que no.

Al escuchar el título del libro se me prendió el bombillo y me acordé de una conversación que tuve con un profesor universitario quien me recomendó la última publicación del director de cine de Secuestro Express, llamado Jonathan Jakubowicz: “Las Aventuras de Juan Planchard”. Me contó mi profesor, que el libro relataba la historia de uno de los enchufados multimillonarios revolucionarios del Gobierno de Venezuela y la vida que desarrolló luego de robarse una “bola de plata”.

Inmediatamente le subí el volumen a la entrevista y escuché la parte donde el director especificaba que el personaje Juan Planchard no existía, pero simplemente representaba todo lo que él había observado dentro del círculo del cine, donde la presencia de venezolanos Ladrones de la Revolución y las actividades que realizan con el dinero de Venezuela dan muchísimo de qué hablar.

De ahí en adelante me dediqué a buscarlo librería por librería y nada. Completamente agotado. No fue sino hasta que mi mamá hace unos días me llegó con la sorpresa de que se lo había regalado una amiga. Inmediatamente se lo robé y me devoré el libro en una mañana.

El libro que me he leído más rápido en mi vida.

Haciendo el cuento corto, la historia efectivamente trata sobre la vida de un multimillonario guisero venezolano, las maneras absurdas de cómo se gasta el dinero, los negocios que le presenta el Estado venezolano, el amorío que tiene con una gringa y el desenvolvimiento de distintas “aventuras” en varias ciudades del mundo, incluída la capital venezolana. Todo narrado desde la voz de Juan Planchard en el léxico más caraqueño del planeta. Básicamente como si un amigo me estuviese echando un cuento en la cafetería de la Universidad.

Luego de leer algunas entrevistas a Jonathan sobre el libro, entendí que el objetivo principal de su historia es hacerle entender a los venezolanos y al mundo, que mientras el 90% del país pasa su día haciendo colas para comprar comida, existe una docena de multimillonarios alrededor del mundo, (venezolanos of course) quienes con el mayor descaro se rumbean el dinero de toda Venezuela.

En el libro se habla de orgías, diamantes, aviones, carros, guisos, balas, escoltas y dólares, DEMASIADOS dólares obtenidos de la manera más corrupta y descarada; expuestos en la novela para demostrar el acto de inmoralidad y robo más grande en la historia de Venezuela.

Pero ahora me pongo a pensar; ¿los que vivimos en Venezuela de verdad no estamos al tanto de los multimillonarios revolucionarios que todavía siguen aquí y hacen saber a leguas el dineral que se robaron?

Enchufados de la Revolución que en muchísimos casos son conocidos; que en muchísimos casos los vemos de un día para otro con un aspecto misterioso forrado en dólares; que en muchísimos casos se está al tanto de los negocios y nos hacemos la vista gorda; o que en muchísimos casos se sabe, pero la persona tiene los ovarios de pretender que todo es dinero limpio y que “la situación país es increíble” mientras viven en bolívares y compran dólares a un monto súper exclusivo y chavista.

Estamos al tanto, ¿no?

También me pongo a pensar; ¿será que el mesonero que trabaja en cualquier restaurante en Las Mercedes estará al tanto de que una gran parte de la clientela está pagando la cuenta con dinero sucio?

Una cuenta que triplica el monto de su salario. De eso el mesonero sí está al tanto.

¿Entonces qué pasa? ¿nos hacemos los locos? ¿defendemos? ¿nos alejamos de esas personas?

Creo que al final nos da igual, ya que el nivel de corrupción que se vive en este país sobrepasa las expectativas de cualquiera, y se ha convertido en normalidad. Porque pasas por una discoteca y consigues niñas de 14 y 15 años rumbeando, porque si te paran en una alcabala de tránsito y no estás violando ninguna ley, son pocas las veces que sales sin entregar algo de valor a cambio, porque la palabra secuestrador ya es una profesión y porque nos toca pagar alimentos básicos a veinte veces el precio normal en un mercado paralelo.

Sin especificar el caso de los Ladrones Revolucionarios; Venezuela es un país donde el espíritu del día a día se ha convertido en supervivencia, y va cuestionando poco a poco cuánto más se puede aguantar. Por eso me imagino, el hecho de que existan millonarios gastándose el dinero del país en ciudades cosmopolitas del mundo no es el principal motivo de preocupación para el venezolano.

Muy triste, pero cierto; porque a Pedro Pérez, el gerente de una tienda de ropa en un centro comercial de Caracas, le preocupa más saber cómo va a resolver los gastos de su familia el siguiente mes con su sueldo en bolívares, que el hecho de que existan una cantidad de Juan Planchards rumbeando en orgías de veinte mil dólares alrededor del mundo; o peor, que venga un Juan Planchard cualquiera a comprar ropa en su tienda.

El libro de Jonathan es el mejor ejemplo de “viveza del venezolano”; podría decir que el más exagerado también, porque está en nuestra esencia criolla querer resolver todo de la manera más fácil y rápida, pero tampoco con los ovarios de robarse esa magnitud de dinero sin importar a quién afecta.

Sin duda lo que hizo y está haciendo ese grupetín de bandidos es una de las atrocidades más absurdas en la historia de Venezuela y es necesario que se sepa; así el enchufado sea tu vecino, o vivas en Tahití, hay que entender que miles de personas mueren a falta de medicinas en el país porque el dinero del tratamiento se lo gasta Juan Planchard y su combo en masajes con diamantes.

Mientras yo, me quedo esperando la segunda parte de la historia, mentándole la madre a todos esos ladrones y pensando como todos los demás:

“¿Cuánto más podremos aguantar?”

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