La verdadera razón por la que te gustó ‘Chernóbil’ no tiene que ver con lo buena que es

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Los ojos del mundo se voltearon a Chernóbil (Chernobyl) cuando se convirtió en la serie mejor votada por los usuarios de IMDb, superando Game of Thrones, House of Cards y muchas otras producciones que han causado un furor indudable en televidentes.

Chernóbil ilustra una de las mayores catástrofes nucleares de la historia ―incluso mucho más impactante que la de las bombas de Hiroshima y Nagasaki―, una que había sido rápidamente ocultada por la entonces Unión Soviética, y el mundo ―como en muchas otras ocasiones― olvidó que sucedió.

Open Wide, O Earth
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En la miniserie, con un total de cinco episodios de un poco más de una hora, HBO rescata el trágico evento y lo acompaña con varios factores que suman a su índice en IMDb: actores geniales con apariencia acorde al tiempo y el lugar; escenografía que evoca a grandes películas de guerra y la decadencia de la época a la perfección; técnicas cinematográficas que permiten que la imagen resuene en el televidente; y, por supuesto, un guion brillante y espeluznante que plasma la cruda verdad del acontecimiento.

Vichnaya Pamyat
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Después de entender que Chernóbil es una serie cinematográficamente impecable, nos preguntamos por qué es la serie mejor votada. La respuesta a esto radica en cuatro factores que comprenden un fenómeno psicológico social que se ha estado construyendo insidiosamente por años y que ahora es tan inminente que podemos apreciarlo.

El primer factor es en esencia cinematográfico: hubo un antes y un después en la televisión marcado por la serie Breaking Bad. Esta les dio un giro al guion, a las técnicas de grabación y al desarrollo de la trama para traerles a los televidentes la calidad del cine. A partir de este momento, las productoras empezaron a invertir en series que siguieran ciertas pautas que nos acostumbraron, a los fanáticos de la TV, a este tipo de modalidad. En el caso de Chernóbil, estas expectativas evidentemente se cumplen.

El segundo factor tiene que ver con la receptividad de las series tradicionales actualmente. Aquí podemos apreciar la incidencia de la cultura de satisfacción inmediata. Este factor, si bien atraviesa todos los aspectos del mundo que vivimos, se manifiesta en la predisposición a elogiar o no una serie en la manera en la que se se consume y tolera el largo plazo.

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HBO

Asimismo, el desarrollo lento de las series, los cliffhangers entre temporadas y otras técnicas utilizadas causan más rechazo que intriga conforme el consumo de servicios y productos se vuelve más inmediato, puesto que el concepto de espera se ha vuelto intolerable para los millennials y la generación Z. Cuando se extiende tanto la trama, es inevitable que la etapa de desamor comience antes de que termine la serie, generando que aquella fase de enamoramiento que ocurrió, quizá, con la primera temporada quede en el olvido y que lo que se retenga en la memoria sea un recuerdo agridulce de un final que pudo ser. Juego de Tronos es el ejemplo perfecto de esto.

Con este mismo ejemplo podemos explicar por qué hasta los dos mil series como Friends y Grey’s Anatomy eran las preferidas. Para las generaciones pasadas era tolerable la espera entre capítulos y el formato tradicional de 24 episodios por temporada era el que predominaba. La audiencia de esta época, más allá de gustarle lo que representaba la trama de un show, buscaba el sentimiento de seguridad y confort que le generaba la continuidad de una misma serie a lo largo de muchos años.

Eventualmente se introdujo el brillante concepto de la miniserie, la cual comunica y completa un mensaje conciso en un formato que se puede digerir rápidamente, con un arco narrativo que llega a ser satisfactorio en poco tiempo. Pero este tipo de seriado no se inventó ni se popularizó con los millennials. De hecho, la primera miniserie exitosa fue Raíces (Roots) en 1977 y después de esa otras como Pride and Prejudice (1995) y Band of Brothers (2001) alcanzaron la fama.

Sin embargo, es la forma en la que los millennials y la generación Z consumen el contenido hoy en día lo que hace que una miniserie como Chernóbil o inclusive When They See Us puedan alcanzar su máximo potencial, dado que entre un show y otro la audiencia publica su opinión en las redes y pasa la página a la próxima “mejor serie de la historia”.

The Happiness of All Mankind
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De ese afán de compartir hasta el más minúsculo de los detalles que tiene el millennial salvaje, nace el tercer factor: la influencia de la transmisión de las opiniones en la era de las redes sociales. Pensemos en este tipo de medio de comunicación como una bola de nieve en la que los comentarios negativos son particularmente atractivos. Una vez que se contaminan las redes con algún tuit destructivo o algún comentario en Reddit que critica la serie, el mundo se congrega alrededor, comienza a crecer la bola y la globalización se encarga de fundir el pensamiento crítico individual en una sola opinión colectiva. De este modo, mientras más larga sea una serie, más oportunidades se crean para que las redes se contaminen y se genere este efecto. De nuevo, Juego de Tronos parece ser un buen ejemplo. Por el contrario, una miniserie es capaz de combatir tal fenómeno al generar un efecto comparable con un amor de verano: es recordada con cariño, aunque solo haya durado un período corto de tiempo.

El cuarto y último factor que explica el fenómeno de pasión desbordada por Chernóbil tiene que ver con psicología social política y el mensaje intencionalmente encubierto detrás de la serie que elude a la crítica de la arbitrariedad e ignorancia de la Unión Soviética. A lo largo de los últimos años se ha venido construyendo una narrativa a nivel mundial sobre el carácter frívolo y poco empático de los políticos, descripción que ha sido alimentada por producciones como House of Cards y El vicio del poder. En la vida real las personas también están aplicando esta narrativa y manifiestan su preocupación por obtener la verdad, con la certeza de que están siendo manipuladas, cosa que puede verse en las huelgas en contra de Macron o en los #FakeNews de Trump. La serie Chernóbil se posiciona perfectamente dentro de este hilo conductor y confirma esta preocupación, y no se tiene que ser psicólogo para saber que a la gente le encanta que le digan que tiene la razón.

Todos estos factores se suman para confirmar que el índice que obtuvo Chernóbil en IMDb va mucho más allá de su calidad cinematográfica: es la representación cuantitativa de los factores ya explorados. Si bien es indiscutible la calidad de la serie, que esta se haya manifestado de una manera tan asertiva en los ratings nos habla de que hay algo más allá, a nivel social y cultural.

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