Lo que tenemos que decir sobre Kendrick Lamar ganando un premio Pulitzer

Lo que tenemos que decir sobre Kendrick Lamar ganando un premio Pulitzer

Kendrick Lamar se ganó un Pulitzer. Esta semana el comité encargado de seleccionar los ganadores del prestigioso premio le entregó el galardón musical del 2018 a ‘DAMN’, el último álbum de Kendrick Lamar.

Y es un excelente momento para resaltar que los Premios Pulitzer no solo otorgan galardones para el periodismo impreso, digital y la literatura, sino que también reservan un espacio para conmemorar a la composición musical en los Estados Unidos. En general, existen 21 categorías; razón por la cual ahora Kendrick pasó a ser uno de los ganadores de la ceremonia y no es precisamente como si le estuvieran dando el premio por literatura y sus composiciones estén siendo comparadas con las de Shakespeare y Wordsworth.

Aunque eso no nos molestaría, la verdad. Pero al parecer, al mundo sí.

Desde que se anunció su galardón, el mundo ha tenido mucho que opinar, unos en celebración y otros no tanto.

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Resulta que, reconocer a Kendrick Lamar como el autor ganador de un premio Pulitzer es, primero, un hito para la industria, y segundo, una victoria para el arte negro, que no necesariamente contagia al resto del mundo con su alegría.

Un hito porque es la primera vez en la historia que el premio no es otorgado a un álbum de música clásica o jazz. Desde que se creó una placa musical en 1943, tuvieron que pasar 54 años antes de que el comité dejara a un lado la tradición de reconocer solo música clásica europea y le diera la oportunidad al jazz, con Blood on the Fields de Wynton Marsalis. Desde ese momento el Pulitzer solo ha conocido el jazz y la música clásica.

Por supuesto, nada comercial.

Ahora, sin embargo, no solo los jueces eligieron a un negro rapero, sino a un álbum que se mantuvo en el puesto número uno en el pop chart por mucho tiempo, y que terminó siendo el disco de hip-hop más vendido en Estados Unidos en el 2017.

Es decir, por primera vez eligen un género que no es ni remotamente música clásica, y además, escogieron uno lo suficientemente comercial como para levantar a Joseph Pulitzer de su urna.

Por otra parte, al otorgar la placa Pulitzer de este año al ‘DAMN’ de Kendrick Lamar, también han levantado los comentarios de una muy sentida masa de gente que cree que darle una condecoración tan prestigiosa a un cantante de rap es casi un insulto para la industria que ha reconocido a las grandes mentes en literatura y periodismo.

Pero es hora de sentarnos y ser sinceros, estamos hablando de un premio cuya misión es celebrar las virtudes artísticas y la excelencia. En el álbum de Kendrick, y en general, en toda su carrera, hemos sido testigos de sus mismas virtudes periodísticas, que Jon Pareles, el principal crítico de música pop de The New York Times, señala: “recopilación de hechos, detalles vívidos, narración de cuentos, actualidad, destreza verbal y, a menudo, impacto en el mundo real después de la publicación”.

Básicamente, hip-hop.

El ADN de DAMN compacta lo político, religioso, sexual y personal con tejidos sensibles y complejos de diseccionar. En un álbum confiado y completo. Sin embargo, la placa de Kendrick ha levantado un escepticismo similar a cuando Bob Dylan ganó el Premio Nobel en Literatura.

Para los comentaristas menos racistas y más preocupados por la integridad de los Premios Pulitzer, el verdadero asunto aquí es el hecho de que DAMN es un disco muy comercial para una ceremonia que predica que lo comercial no es necesariamente arte. Para ellos solo tenemos que decir que una escuchada al disco será suficiente para dejar de preocuparse por el descarrilamiento de sus prestigiosos premios.

Para el resto del mundo que no quiere que un rapero esté en el mismo listado que Shakespeare y Wordsworth, pues, nos tomaremos la molestia de señalar que esta decisión, un poco tardía, es simplemente una reconsideración de las formas en la que una institución tan antigua se circunscribe al mito de la calidad.

Felicidades, Kendrick. 

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