‘Joker’: ¿la mejor película o la más sobrevalorada del 2019?

‘Joker’: ¿la mejor película o la más sobrevalorada del 2019?

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Súper ratas. La primera amenaza que se le plantea al espectador en Joker son las súper ratas. No uno de los villanos más emblemáticos de Ciudad Gótica o del universo de DC, sino súper ratas. La ciudad está sucia, empobrecida, caótica y roedores gigantes transitan por sus calles. Cualquiera podría volverse loco y Arthur Fleck podría ser cualquiera.

Este es el contexto en el cual se desarrolla Joker, la obra de Todd Phillips que muestra los orígenes del villano que en el pasado ha sido interpretado por Cesar Romero, Jack Nicholson, Heath Ledger y Jared Leto. Esta vez, encargado de darle vida al personaje de DC Comics, se encuentra Joaquin Phoenix, quien con este papel cierra lo que ha sido una década llena de filmes que no han hecho más que enfatizar el prestigio con el que se asocia su carrera. Luego de participar en cintas como The Master, Her, Inherent Vice y You Were Never Really Here, es muy probable que Phoenix termine la década del 2010 con un Oscar en sus manos por su trabajo en Joker.

Joaquín Phoenix Joker
Joaquin Phoenix como el Guasón en Joker
Warner Bros. Pictures

Si bien la película ha generado incontables controversias —no todas del tipo coherente que invita al pensamiento, lamentablemente—, críticos y espectadores están de acuerdo en que la actuación de Phoenix es el único elemento cercano a la perfección dentro de un filme que no parece convencer a todo el mundo. Y sí, su trabajo en este largometraje es notable, pero llamarlo su mejor actuación o afirmar que no tiene fallas es, quizá, ir demasiado lejos. Interpretar al Guasón implica manejar la locura, sentirla, abrazarla y nunca fingirla, esta debe ser genuina y sin pretensiones. Joaquin Phoenix, por la mayor parte de la cinta, logra dar con la fórmula correcta, sin embargo, hay momentos en que esta se le escurre entre los dedos y la locura no parece ser más que el disfraz de un actor. 

Como Arthur Fleck, Phoenix tiene tanto aciertos como desaciertos. El actor sin duda consigue transmitir ese aire de rareza un tanto espeluznante con el que se describe al personaje varias veces durante la película. Sin embargo, es en sus momentos más erráticos, esos en los que coquetea con la locura mas no se encierra definitivamente en ella, que el actor pierde el control de su performance y es visible para el espectador, aquel que mira el filme con criterio y sin fanatismos, que no es el Guasón quien aparece en pantalla sino un Joaquin Phoenix que se dejó tentar por los gestos exagerados y aparentemente asociados con la locura.

No hay que ignorar las grietas en su actuación, pues están ahí y no se deben obviar por el bien de una campaña para los Oscar, pero sí hay que reconocer que son pequeñas, diminutas, y que el actor no es poco merecedor del mérito que muchos le han otorgado tras verlo protagonizar Joker. Son breves y pocas las ocasiones en las que el espectador puede dar con estas apreciaciones, ya que Phoenix compensa sus errores con un impecable trabajo en esas escenas en las que se aleja de Arthur Fleck para acercarse a su alter ego, el Guasón. 

Joker
Warner Bros. Pictures

Si como un ciudadano común que está al borde de la locura Phoenix tiene altos y bajos, como un payaso que acepta, abraza y refuerza sus enfermedades mentales el actor resulta bastante convincente. Es entonces cuando el personaje nos sonríe de verdad por primera vez, no porque sea socialmente adecuado hacerlo o porque su trabajo se lo pida, ni porque posea una incontinencia afectiva, sino porque entiende, entiende quién es y que su lugar en la sociedad es ahí, entre las súper ratas que invaden las calles.

Cuando el personaje se pone en contacto con esta parte de sí mismo que al final termina suplantando completamente a Arthur Fleck, Joaquin Phoenix presenta su mejor trabajo en Joker. Adopta una nueva personalidad que acompaña con gestos y expresiones igualmente nuevos, y es entonces cuando su locura se despoja de cualquier rastro de pretensión y parece ser más genuina. En el tercer acto de la película, cuando el Guasón asume la identidad con la cual se dará a conocer en Ciudad Gótica, el actor brilla y demuestra que no solo es capaz de interpretar el papel con gracia, sino de cumplir con las expectativas que aquellos exigentes fanáticos de los cómics pusieron sobre él.

Más allá del impecable trabajo que hace Phoenix en esta parte del largometraje, el tercer acto es el que hace que valga la pena hablar de la cinta. Antes de esto la película está bien y tiene momentos que resuenan con la audiencia, pero en algún punto de su segundo acto el filme se torna un tanto monótono y repetitivo. Nada parece salirle bien a Arthur Fleck, ciertas situaciones se repiten hasta hacerse fastidiosas y al espectador se le presentan algunos motivos recurrentes que simplemente pierden su fuerza después de ser usados por una segunda vez. Además, se emplea una subtrama, la cual involucra a la actriz Zazie Beetz, que el mundo ya ha visto unas cuantas veces, demasiadas, tal vez, y que no le aporta absolutamente nada nuevo o interesante al largometraje, sino que lo lleva a un lugar soso y poco necesario.

Joaquín Phoenix
Empire

Lo que empieza siendo una exitosa introducción al personaje termina cayendo en lugares comunes y no es sino hasta los últimos minutos de la película que Joker se recupera, específicamente con una escena que involucra a Robert De Niro y que es, realmente, el punto fuerte del largometraje. Es entonces que la cinta parece alcanzar sus objetivos: no solo es en esta parte que el personaje se nos presenta por primera vez como el Guasón sino que además es el primer —y quizá único— momento en que los ideales del famoso villano son fáciles de identificar y su mensaje es claro.

El resto del tiempo es complicado entender por completo cuáles son los principios del personaje, lo que lo motiva más allá del rencor que le guarda a la sociedad y del rechazo que esta, a su vez, siente por él. El problema con Joker es que las ideas de su protagonista resultan confusas, vagas, y esto, por ende, hace que el mensaje que intenta transmitir el filme también lo sea.

Joker toma una variedad de elementos prestados de la obra de Martin Scorsese, Taxi Driver, pero no los maneja con la inteligencia que requiere un buen homenaje. Si los motivos de Arthur Fleck resultan vagos o ambiguos, las razones por las que Travis Bickle, protagonista del largometraje de 1976, finalmente desciende a la locura son claras, precisas. Darle un diario a su protagonista, incluir el ahora emblemático gesto de la pistola en su guion, situar a su personaje principal en una ciudad extremadamente sucia y, finalmente, darle un papel a Robert De Niro son guiños que Todd Phillips hace a esta cinta de Scorsese en Joker y aunque es fácil determinar que el protagonista de la película más reciente toma como inspiración al de su predecesora, el director falla en otorgarle a Arthur Fleck la misma fuerza que posee Travis Bickle. Quizá si el personaje principal de Joker tuviese ideales tan claros como los de aquel interpretado por De Niro en la década de los setenta, el filme protagonizado por Phoenix no fallaría en llevar su mensaje al espectador.

Robert De Niro como Travis Bickle en Taxi Driver
Columbia Pictures

Taxi Driver no es la única película perteneciente a la filmografía de Scorsese en la que Todd Phillips encontró inspiración, pues The King of Comedy, también protagonizada por De Niro, sirve como base para construir la fracasada carrera como comediante de Arthur Fleck. Al mismo tiempo, la cinta hace una referencia —probablemente la mejor lograda del largometraje— a Network, la obra de 1976 de Sidney Lumet, y es con esta que cierra y, por ende, fortalece su mejor escena.

El mérito más grande de Joker probablemente sea la versatilidad que demuestra Phillips. Conocido por haber dirigido películas como la trilogía de The Hangover y Old School en el pasado, el cineasta cuenta con una carrera cuya base es el género de la comedia y ahora, con esta cinta sobre el emblemático villano de DC Comics, Phillips se sumerge en otras aguas y, sorprendentemente, no se ahoga.

Joker es un buen filme, no el más maravilloso ni el mejor del 2019, pero un buen esfuerzo cinematográfico a pesar de todo. Sin embargo, la cinta fue vendida al público como la obra maestra del 2019 luego de ser reconocida con el León de Oro en el Festival de Venecia y esto, sumado a la controversia que generó su llegada al TIFF dadas las inquietudes que despertó su uso de la violencia, elevó las expectativas de la audiencia para una película que simplemente no podría cumplirlas, pues Joker no es el filme que pintaron los medios.

Warner Bros. Pictures

Joker no es profunda, ni más violenta que lo que cualquiera podría esperar de un largometraje sobre los orígenes de un villano loco y asesino. Son las críticas exageradas, la ilusión que crearon los premios, el juicio que emitió la gente desde la corrección política —como si esta fuese un criterio válido bajo el cual evaluar una obra de ficción— y su retrato en los medios los que hacen que la verdadera experiencia de ver Joker no resulte tan satisfactoria como se pudo haber pensado alguna vez. 

Puede que una buena escena, actuación o referencia hagan un esfuerzo por ocultar las fallas de la película y elevar su calidad, pero lo cierto es que cuando una cinta se apoya tanto en su mensaje como lo hace la obra de Todd Phillips, este debe ser claro y fuerte, o, de lo contrario, terminará siendo un largometraje vacío que se oculta tras una fachada de crítica social. Joker no es un filme malo que no deba ser visto, sino un filme bueno que podremos disfrutar una vez que bajemos nuestras expectativas, que entendamos que no es la obra maestra del 2019. Quizá la verdadera broma del Guasón, después de todo, fue hacernos creer que podíamos esperar más que una película entretenida sobre un villano conocido.

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