‘Hollywood’ presenta una corrección política innecesaria
Hollywood

‘Hollywood’ de Ryan Murphy trasplanta el progresismo actual a la década de los cuarenta

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4.5

Ryan Murphy es un tipo ambicioso: produce varias series al mismo tiempo, dirige películas, escribe guiones, crea series nuevas… Su marca en la industria está caracterizada por el melodrama, la sensibilidad social, la inclusión de minorías, los hombres guapos y por la presencia de actores recurrentes como Sarah Paulson, Darren Criss, Jessica Lange o Evan Peters. Sus series se ajustan a los discursos de esta nueva era de audiencias despiertas y comprometidas con lo políticamente correcto. Pero que estén en sintonía con los tiempos no implica que sean de calidad o que hagan el esfuerzo por interpelar al público, por sentarlo en diatribas y dilemas morales o por incomodarle en lo más mínimo; no, Murphy no hace eso. Él complace a su audiencia y con cada producción pareciera poner más empeño en ofrecer historias condescendientes que en crear series realmente transgresoras y de solidez dramática, como lo fue Nip/Tuck en su momento. 

Hollywood
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Netflix

El Ryan Murphy de la actualidad complace con producciones como Hollywood, miniserie en la que el creador de Pose, junto a Ian Brennan, nos ofrece una visión idealizada y progresista de la era dorada del cine en la que las mujeres de color protagonizan películas y los hombres homosexuales van tomados de la mano a los premios de la Academia. La premisa sobre la cual se construye toda la serie nos llega en el segundo capítulo, cuando Darren Criss, quien interpreta a un aspirante a director llamado Raymond Ainsley, asesta con la frase: “Las películas no nos muestran cómo es el mundo, sino cómo puede llegar a ser”. 

Jake Picking como Rock Hudson y Jim Parsons como Henry Willson en Hollywood
Jake Picking como Rock Hudson y Jim Parsons como Henry Willson en Hollywood
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Mezclando hechos reales con ficción, Hollywood intenta dibujarnos la fantasía de un pasado en el que las injusticias sociales son rápidamente resueltas y en el que las ensoñaciones del cine se hacen realidad, transformando el mundo y la mentalidad de toda una sociedad sin importar el contexto histórico ni el ambiente político, ni los años de luchas que nos han llevado a donde estamos. En esta oportunidad, Murphy se toma una licencia poética para esculpir el letrero de una ciudad que suele engullir a los jóvenes soñadores que llegan a ella para convertirse en actores de cine, reescribiendo la historia de una industria, de una “era dorada” en la que las minorías triunfan y los obstáculos apenas son escollos fáciles de zanjar. 

Patti LuPone como Avis Amberg en Hollywood
Patti LuPone como Avis Amberg en Hollywood 
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Hollywood se sitúa en el contexto de la posguerra, entre 1947 y 1948, durante la presidencia de Harry S. Truman en un período en el que el comunismo era considerado una amenaza y en el que el macartismo censuraba, condenaba y ponía bajo sospecha a cualquier individuo que mostrase tendencias subversivas. Esto incluía homosexualidad, inclusión racial y cualquier otra creencia o actividad que pudiese estar asociada con los fundamentos ideológicos de la izquierda. La posguerra en Estados Unidos se trataba de un momento en el que el conservadurismo y la estructura de la familia tradicional, cristiana, blanca y heterosexual no solo eran una costumbre, sino una herramienta ideológica para enfrentarse a la creciente amenaza roja. 

En el marco de esta mentalidad, Ryan Murphy e Ian Brennan, crean una historia que si bien parte del contexto político en el que se sitúa, rápidamente comienza a despegarse de este para construir un relato ficticio con códigos e ideologías liberales y progresistas del presente. El plan de reescribir la historia para darle un final feliz a las minorías que hacían vida en el Hollywood de ese período, aunque evidentemente parte de una intención noble, resultó en un producto problemático y mal ejecutado que además ignora casi un siglo de luchas y de aprendizajes, y pasa por alto la noción de que todo cambio de creencia o de mentalidad parte de un proceso, pues no llegamos al movimiento #MeToo o a la legalización del matrimonio homosexual por arte de magia.

Michelle Krusiec como Anna May Wong en Hollywood
Michelle Krusiec como Anna May Wong en Hollywood
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Naturalmente, los capítulos de la serie que más se disfrutan son los que están más apegados a hechos reales. Vemos una industria en la que los jóvenes con ambición de triunfar en el cine tropiezan con dificultades económicas, con el racismo, la homofobia y el sexismo como espejos de una sociedad sometida por el macartismo, las listas negras y los fundamentalismos religiosos; a aspirantes a actores y escritores noveles forzados a ejercer la prostitución para poder sobrevivir; a artistas famosos obligados a esconder su sexualidad y a representantes abusivos que explotan y humillan a sus clientes, como Henry Willson, interpretado por Jim Parsons. 

Con uno de los personajes mejor construidos de la serie, Parsons recrea una versión ficcionalizada del conocido agente que, en efecto, representó a Rock Hudson, interpretado por Jake Picking, durante los inicios de su carrera. En Hollywood, ambos personajes muestran a grandes rasgos la dinámica abusiva y depredadora que en la vida real el agente ejercía sobre los jóvenes aspirantes a actores que eran sus clientes, quienes también solían ser gays. El tema de la homosexualidad y el clóset en Hollywood es uno de los puntos más fuertes de la serie y de los que mejor se recrean.

Lauren Harrier como Camille Washington, Jeremy Pope como Archie Coleman y Darren Criss como Raymond Ainsley en Hollywood
Lauren Harrier como Camille Washington, Jeremy Pope como Archie Coleman y Darren Criss como Raymond Ainsley en Hollywood
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Con la aparición de Hattie McDaniel (Queen Latifah), primera persona afroamericana en ganar el Óscar por Lo que el viento se llevó en 1939, y Anna May Wong (Michelle Krusiec), considerada la primera estrella chinoamericana de Hollywood, Ryan Murphy rinde homenaje a estas actrices que en la vida real vieron sus carreras encasilladas en estereotipos y en el racismo de la época. Los problemas surgen cuando los personajes ficticios superan la exclusión y la violencia sin mayores contratiempos y, peor aún, cuando con tan solo una película escrita por un hombre afroamericano y protagonizada por una mujer de color, las protestas y la censura por parte de la industria parecen olvidarse por completo. 

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Cuando Eleanor Roosevelt (Harriet Sansom Harris) afirma: “Yo creía que un buen gobierno podía cambiar el mundo…, pero lo que ustedes hacen sí puede cambiarlo”, mientras conversa con Avis Amberg (Patti LuPone), dueña de la productora Ace, nos reitera que la premisa misma de Hollywood y la intención de los creadores de la serie es precisamente la de darse una palmadita en hombro por la extrema importancia de la industria cultural para transformar la realidad y mejorarla. Claramente los productos culturales son espacios necesarios para dar visibilidad a problemas sociales, para defender la diferencia y para abrir debates sobre temas críticos en determinado momento, también lo son para entretener, pero más allá de la capacidad que estos tengan para “cambiar el mundo”, lo que propone Murphy con Hollywood es una suerte de conciencia política y de responsabilidad social que está en toda la historia, razón por la que se lanza a reescribir el pasado y crear una realidad paralela en la que la homofobia, el racismo y el sexismo son aplastados por máquinas de sueños y por anacronismos progresistas. Si bien se trata de un producto estéticamente agradable, la inconsistencia y el tono innecesariamente condescendiente de Hollywood la hacen una miniserie fácil de olvidar, a pesar de su elenco maravilloso de actores y de la belleza de sus protagonistas.  

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