La espontaneidad creativa de Constanza Tapia

Con el nacimiento de nuevas corrientes artísticas, vienen jóvenes venezolanos dispuestos hacer las cosas distintas y retar (como es el deber de un joven) todas las estéticas y conceptos ya aprendidos. 

Ellos crean nuevos caminos y plantan ideas modernas en un país que bien podría haberse quedado ahogado en la década de los noventa. Pero la misión colectiva de esta generación es clara: las cosas necesitan pensarse y verse diferentes. 

Parte icónica de este grupo es Constanza Tapia, también conocida como @lacotimil. Una mujer cuya firma es una cabeza rapada y llena de estilo, tiene además una visión excepcional y una trayectoria artística que dentro de nada será tan valiosa como para entrar en un museo. 

Graduada en Diseño de Moda, Constanza también es estilista, ilustradora y tatuadora. Hace poco se mudó a Ciudad de México, pero su pasión por lo criollo se puede oler desde acá en Caracas.

Sin embargo, su hermoso portafolio en Behance  y perfil de Instagram no es suficiente para conocer los deseos y los sueños de una artista.

Así que decidimos fastidiarla para conocerla un poco mejor.

¿Cómo fue que te metiste en esta rama artística? ¿Qué tipo de llamado te hizo el estilismo?

Soy graduada de Diseño de Moda, una carrera que me abrió muchas puertas a nivel personal en cuanto al génesis de una propuesta: cómo desarrollarla, cómo expandirla en masas, etc. Además me introdujo a otras ramas artísticas como la ilustración y, derivando de ella, el tatuaje y el graffiti. 

Una vez que encuentras tu identidad creativa y creas un sello personal, la inmensidad de productos que se pueden consolidar bajo una estética definida es genial. Ya que es la idea de plantear tu concepto ante una sociedad de distintas formas artísticas usables, apostando por la versatilidad. 

Mis inicios en el styling fueron gracias a mi mejor amiga, Sofía, a quien conocí afortunadamente en mis estudios de diseño. Tuve mi primer shoot en equipo con ella. Ambas creamos una armonía entre el entorno, el mood, la ropa y las modelos y lo tomé como hobby ocasionalmente, mientras que Sofi se volvió un ícono del styling venezolano. La acompañaba a shoots y poco a poco me fui involucrando más hasta convertirlo en una rama más de mi portafolio de trabajo. 

Lo que me fascina de este oficio es la cantidad de personas talentosas con las que te encuentras en el trip de cada proyecto. Se volvió tan wild que mi última semana en el país tenía hasta dos shoots diarios. 

Me fascina la idea de proyectar mi estética más allá de crearla, sino jugar con distintas prendas y crear un look único, eso es lo que más me apasiona del styling

Para nosotras tu estilo parece sacado de una película de Gaspar Noé, ¿cómo lo definirías tú?

Gaspar Noé es mi director favorito. Quisiera vivir en una de sus películas, soy muy fan de sus visuales, de su proyección de la realidad sin escrúpulos cómo debería ser. Me siento potencialmente influenciada por él, conceptualmente hablando.  

Siempre me he preguntado cómo podría definir mi estilo. Me gustan los trends, pero no seguirlos al pie de la letra. Mi palabra favorita es redefinir y pienso que es lo que hago: ya todo existe. Más que definirlo me gusta hablar sobre lo que me influencia culturalmente a mi alrededor, a lo que escucho, lo que me gusta ver y lo que me consigo por ahí. La calle me parece excelente point de inspiración. Me gustan cosas sobre cosas, combinar prendas que normalmente «no van» y lo que más me gusta es romper con paradigmas sociales de la vestimenta. 

¿Cuál es tu marca personal?, ¿qué te distingue de artistas venezolanas contemporáneas como Daniela Benaim y Sofía Rangel? 

El trabajo de Daniela Benaim y Sofía Rangel es algo único y tan bien ejecutado que me enorgullece cada vez que lo veo y es como que “wow, estas son mis amigas”.

Se han convertido en un fashion label venezolano que ha marcado una era en nuestra generación de artistas y creadores. Todas tenemos un estilo muy distinto, que caracteriza a cada una y es visualmente fácil de identificar. Mi estilo está dirigido a un aire diverso radical y lo puedo ligar a algo muy personal pues todo lo que armo lo usaría y me fascina ver que otros lo usen. 

¿Cómo comenzaste a tatuar y cómo decidiste mezclarlo con las otras ramas de tu trabajo?

La cultura del tatuaje siempre ha estado muy presente en mi vida. Desde pequeña, mi papá se tatúa y siempre estaba muy fascinada con el entorno. Decidí investigar muchísimo sobre el tema y, cuando a los 15 años me hice mi primer tatuaje, me empapé muchísimo más de este colectivo artístico. Entonces decidí formar parte de él luego de tres años de ilustrar “tradicional americano”. En lo que entendí la esencia de este estilo pionero del tatuaje que aprendí de unos amigos tatuadores, empezó mi carrera de arte corporal en la que conmemoro un año este pasado marzo. 

Lo ligué estéticamente con mis otras formas de expresión justo en el momento en que empecé a tatuar. Estaba en el proceso del proyecto de mi tesis de grado que la llevé a una campaña de conciencia contra la discriminación al colectivo tatuado usando la moda como medio de comunicación. Su propósito era ver el tatuaje como un arte corporal que puede ser aplicado en la indumentaria cotidiana y dejar a un lado el tabú. 

Tuve la idea de convertir mis ilustraciones de tattoo tradicional en parches que se adhieren a la tela, simulando los tattoos en la piel. Luego procedí a hacer más parches para su distribución individual y ahora recién saqué una línea de tees estampadas con diseños de tattoo tradicionales. La cultura del tattoo puede llevarse no sólo en la piel, sino que puede transmitir un mensaje mediante la ropa e invitando a conocer más sobre este movimiento, despejando cualquier estigma social. 

¿Cuál ha sido tu tatuaje favorito y por qué?

De mis tatuajes: mi favorito es el del Museo de los Niños en mi brazo izquierdo. Es mi recuerdo eterno más grande de dónde vengo, no sólo por venir de Caracas sino porque tuve el placer de vivir de un complejo cultural como Parque Central y tener abajo este museo que le alegró la infancia a más de uno. Es increíble como todavía opera. Me llena de melancolía cuando lo veo o cuando alguien lo identifica. 

Porque, ¿quién no fue al Museo de los niños? 

De los que he hecho: mi favorito es uno que hice acá en CDMX de una Juana del logotipo de la Harina P.A.N en tradicional con flores.  

Siempre quise hacerlo. Me encanta plasmar íconos venezolanos en la piel con mi estilo, puedo jugar con ellos y recrearlos un poco. Toda una fantasía para mí.

¿Qué tal fue (y es) formar parte de la ‘Generación 0212’ del proyecto de Valeria Romano?

Leer: The 0212 Generation: Una resistencia creativa  

Cuando recibí la invitación para formar parte de este proyecto, tomé como misión seguir defendiendo la lucha contra la paradoja social de la belleza venezolana. Ya fue más allá de lo personal y estaba transmitiendo un mensaje a todo aquel que lo viera. Esta lucha es realmente importante pues a través de las críticas recibidas pude reconocer nuevamente las causas del problema. 

La idea de una resistencia creativa en la que puedas sobrevivir de tu arte e identificarte con él colectivamente y en plena crisis económica y social, lo percibo como un pequeño empujón para aquellos que se sienten incapaces de desarrollarse, cuando en realidad la lucha por lo que te gusta hacer es bien recompensada. Tu satisfacción personal es lo que te llena y si aportas a la sociedad para hacerla un poco menos podrida, es gratificante también. 

Ahora, ¿cómo es ser una estilista venezolana en Ciudad de México?, ¿cómo te inspira y apoya este nuevo terreno?, ¿cuáles son sus obstáculos?

Empezar desde cero siempre es duro, pero lo que aprendes en el camino vale muchísimo. Ya en mi pequeño trayecto acá, he conocido personas maravillosas y siento que me falta un mundo por recorrer. No me siento minimizada. Estoy en una etapa conocedora, en la búsqueda de nuevas inspiraciones y acoplándome a otro público y otro mercado. He tenido la oportunidad de trabajar con talentos mexicanos de todo tipo y no deja de fascinarme, así como también me siento en casa cuando trabajo con mis paisanos, no hay nada como eso. Lastimosamente no me pude traer todas mis «herramientas» de trabajo jajaja, considero ese mi obstáculo, estoy en la búsqueda de expandir mi clóset siempre, para tener más con qué trabajar cada día. 

Este nuevo terreno es muy amplio en talento, no carece de él, tampoco en material cultural. Considero la influencia mexicana una gran marca en mi inspiración. Su riqueza tiene infinidad de elementos en los que se puede trabajar, lo empleo mucho en la ilustración. No como apropiación, sino más como apreciación. 

¿Qué recomendarías a un artista venezolano que quiere «extender sus horizontes» y salir del país?

Recomendaría, según mi experiencia, no desesperar. Estudiar tu nuevo público y tu nuevo mercado. Investigar bastante sobre lo que te rodea y mucha, pero mucha curiosidad. Todo tiene una historia y un porqué, queda en ti desarrollarlo a tu manera desde un punto de vista estético y apreciativo. 

La paciencia es el factor más importante en el proceso creativo, puede ser lento cómo puede ser rápido, el proceso de adaptación también va mucho de la mano.

Y por último, siempre hacemos una sesión de preguntas rápidas para conocerte un poco mejor: 

¿Cómo tomas tu café? Me gusta capuchino con leche de coco.

¿Pedir permiso o pedir perdón? Pedir permiso suena más difícil al principio pero prefiero que destaque mi cortesía al principio que mi capacidad para intentar arreglarlo pidiendo perdón. Aunque si no puedo pedir permiso pues no me queda otra que pedir perdón jajaja.

¿Qué comida te parece demasiado sobreestimada? El sushi, está crudo. 

¿Un libro que no dejes de recomendar? Siddhartha de Hermann Hesse (prepárense para que su vida cambie si lo leen). 

¿Una canción que no te canses de escuchar? Barragán de Mercedes Nasta.

¿Una película que te deje por las nubes? Love de Gaspar Noé

¿El mejor refrán criollo? «Vives soñándola». 

¿Si tuvieses una valla en la Avenida Francisco Fajardo, qué diría? «CREA PA’ TI».

Gracias a ti, Constanza y te deseamos muchos tatuajes, oportunidades y ¡tacos!

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