En mi casa vive Fernando Petrocelli

Voy a empezar el artículo con la pregunta; ¿tienes idea de quién es Fernando Petrocelli?

Tranquila, no es un pecado que pases por ignorante al no conocer a este personaje. Pero si tienes un hermano mayor o menor, es muy probable que lo conozcas o lo hayas escuchado alguna vez en tu vida.

En mi caso personal, el señor Petrocelli vive en mi casa; y a lo mejor en la casa de alguna lectora por ahí también.

Fernando Petrocelli es uno de los comentaristas venezolanos del programa Fútbol Total en Directv Sports.

Fútbol, sí.

¿Qué significa eso? Que en mi casa está las 24 horas del día un televisor prendido a toda mecha con la voz del señor Petrocelli retumbando en cada esquina de la casa, e informándome de todos los partidos, jugadas y goles importantes que ocurren en el mundo.

Todo esto pasa cuando tienes un hermano que nació, vive y morirá viendo partidos. Bueno, tampoco tanta exageración, pero cuando están pasando las noticias globales del juego o cualquier partido, así sea el más nulo, el niño lo tiene que ver; por lo tanto el resto de la casa lo tiene que escuchar. (aka Fernando Petrocelli conversándome al oído)

Y si no es el fulano Fútbol Total, es el maratón de FIFA; (sí, el juego) y en ese caso sálvese quién pueda, porque ya no son los gritos de Fernando mi amigo, son los de mi hermano a todo pulmón reclamándole la jugada que no le salió bien a un televisor.

¡Ah no mentira! ¡El juego también tiene locutores! 

Entonces son los gritos de mi hermano, más la narración repetida constantemente de un argentino u español cada vez que ocurre una jugada. Repito; a todo volumen, en toda mi casa.

Y ocurre el siguiente escenario:

Casa, 4:00 p.m.

María Fernanda: “Juanchi necesito que le bajes el volumen porque tengo que estudiar”.

Hermano de María Fernanda: “Jódete”.

Casa, 10:00 p.m.

[María Fernanda con las cejas ardiendo, esperando que al niño le de una sobredosis de FIFA y se quede desmayado un buen rato en el sofá]

Y cuando el plan del videojuego es con amigos. Dios te ayude.

Mi recomendación personal es que te vayas de la casa; a no ser que prefieras sufrir escuchando a un grupo de adolescentes hormonales, hediondos a Dorito y sudor, gritar repetidas expresiones a una pantalla por horas.

O cuando son los partidos de la Champions League. 

Jesús Cristo.

Si el presidente de Venezuela Nicolás Maduro renuncia por cadena nacional y en mi casa se quiere ver por televisión, es imposible. Hasta que se acabe el partido de la liga, así sea el del equipo más nulo, nadie cambia el canal.

Y si también incluye a los amigos, vete de la casa. Tampoco quieres calarte otra conversación de gritos al aire por hora y media.

Sea un partido de fútbol o el videojuego lo que esté atormentando toda la tarde en mi casa, mi cerebro no lo va a comprender. No le veo la diversión, ni el aprendizaje, ni la dependencia que puede tener mi hermano. Claro que él tampoco entiende lo que me puede gustar a mí, pero es que el simple hecho de pasar medio día completo con los dedos atrofiados por darle tanto tiempo a un control para que una computadora patee una pelota, me parece absurdo. Lo siento por los fanáticos como mi hermano, pero eso ya es enfermizo.

Además de que jugar FIFA es complicadísimo. Convencí a un amigo de que me enseñara y con solo ver el control con un pocotón de botones con figuritas distintas me rendí.

Estoy segura que más de una con un hermano, novio o incluso papá fanático del fútbol se sintió identificada. Si te fastidia enormemente como a mí, no nos queda de otra que continuar luchando contra la voz del señor Petrocelli y los gritos del ser humano a una pantalla que desperdicia años de vida anclado en un sofá.

Si el abuso llega a tal punto puedes aplicar mi solución de emergencia; antes de que tu hermano se transforme en el animal futbolista, saca la tarjeta del Directv o esconde el control del aparato. En muchos casos la situación termina mal, pero es divertido ver la cara de desesperación por perderse los primeros minutos del preciado partido.

Es más, ahora estoy escribiendo esto en el comedor de mi casa y se escucha: “The Chaaaampions!»

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