‘El vampiro del lago’ según el cineasta venezolano Carl Zitelmann

‘El vampiro del lago’ según el cineasta venezolano Carl Zitelmann

El Vampiro del Lago nació del libro Un Vampiro en Maracaibo, un texto que no se contagió de la fiebre de Crepúsculo o el fanatismo vampiresco, aunque llegó en esa misma época para Carl Zitelmann, el director que le dio vida al largometraje en nombre del libro y la investigación que se llevó a cabo para crearlo.

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El caso real del asesino en serie que bebía la sangre de sus víctimas sirvió como inspiración para plasmar la historia de El Vampiro del Lago, tras el timón de Zitelmann, ingeniero en computación de la Universidad Simón Bolívar que estaba nutriendo su vena artística en Inglaterra.

El mismo que se llevó el Grammy Latino por la producción de Flamingo, la canción de La Vida Bohème en el 2014 y que ahora nos sorprende con su debut en cine nacional que tomó nada más y nada menos que casi cinco años “desde que comencé a adaptar el guión hasta que se estrenó” en palabras de su creador.

Por más que la película se filmó solo en seis semanas. 

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En la rueda de prensa de El Vampiro del Lago.

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“Me cautivó el libro y sentí que la historia estaba muy alineada con el tipo de película que quería hacer”

En locaciones a lo largo y ancho de Venezuela, Zitelmann filmó el largometraje en un momento de “gran desafío por la situación económica precaria”, pero al menos en varias de sus locaciones favoritas, como “la Laguna de Tacarigua y el Cementerio de Guarenas”.

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Portuguesa

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La situación no impidió que el thriller policial llegara a las salas de cine y, además, ganara el festival de cine de Mérida; en tiempos en los que estamos acostumbrados a estereotipar y encasillar cualquier producción audiovisual nacional en “barrios, drogas y lucha social”.

“No me gusta el cine de barrio. Creo que Venezuela tiene historias mucho más interesantes que ofrecer que la tradicional película de malandros”. 

Es por eso que la mejor carta para convencer al mundo para que apueste por el cine venezolano es siempre hacer “buen cine”. En palabras de Zitelmann “demostrar que tenemos buenas historias y sabemos contarlas”.

Esta vez, con un libro que más allá de basarse en un episodio real, es una pieza que celebra la selección precisa de buen material actoral, locaciones justas y un buen guión. “En realidad me concentré más en tener una historia interesante, que en ser fiel a los hechos reales”.

En fin, aunque las expectativas que tenía cuando entré a la sala no eran demasiado entusiastas, ver los créditos después de una hora a lo largo y ancho de la pantalla negra me hizo sentir afortunada de elegir un largometraje nacional un viernes por la noche.

Para confirmarlo, les dejamos las preguntas rápidas que le hicimos a Carl Zitelmann:

Escena favorita: El enfrentamiento en el rancho de Zacarías.
Una anécdota graciosa o inesperada que te llevaste del rodaje: El perro, Musu, nunca había probado el azúcar y la sangre artificial era como granadina. Cuando la probó no podíamos alejarlo de la sangre de mentira.
Algo que no estabas dispuesto a sacrificar de la historia: Los parlamentos del vampiro.
¿Qué cambiarías de la película? Los pantalones de Julie en el lago. Odio esos pantalones, hasta los tuve que retocar en post.
El comentario más random que has recibido: Que hace falta doblar todos los diálogos porque no suenan maracuchos.
¿Qué película te hubiese gustado hacer? Hice la película que quería hacer. Ahora quiero hacer un western.

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The Rat Pack. Falta Miguelángel.

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¡Gracias, Carl! 

Nos vemos en el estreno de tu próxima producción western

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