El recorrido de Soto por su cumpleaños

Uno de los grandes maestros del arte cinético, Jesús Rafael Soto, estaría cumpliendo hoy 94 años. En Venezuela, a pesar de que lastimosamente la cultura del arte no es prioridad, unas pocas obras de Soto son tan conocidas, o hasta trilladas, como el piso cromático de Cruz-Díez en Maiquetía. Alardeamos, muy por encima, que Jesús Soto fue un artista venezolano importantísimo y que tiene una obra gigantesca anaranjada en la autopista Francisco Fajardo. De resto, son pocos los que verdaderamente conocen el talento de Soto dentro de su propio país.

Para dar contexto, a finales del siglo pasado la carrera artística de Soto llegó a lo más alto, exponiendo sus obras en los museos más importantes del mundo como el Pompidou y el MOMA, y por supuesto en muchísimos lugares de Venezuela.

Obras repartidas por Venezuela que, bajo otra estructura gubernamental o Ministerio de Cultura, serían aprovechadas hoy día por el simple nombre de Soto, como lo haría cualquier país del mundo.

Para nuestros papás y abuelos, la representación del arte en Venezuela fue la mejor. Caracas era capital latinoamericana de cultura, la ida a teatros y museos era casi cotidiano, y se sentía el mayor de los orgullos al presenciar una obra de Soto, en tantos lugares de Venezuela.

Las obras todavía existen; y como para nuestra generación lo más que sabemos del arte cinético es el piso del aeropuerto y la esfera en la autopista, en The Amaranta decidimos hacer un recorrido de Soto por Caracas y hacer homenaje a una de las representaciones internacionales más importantes de Venezuela y su legado en nuestro país.

El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas

El que fundó Sofía Ímber (amiga de Soto por cierto); quien lo internacionalizó con obras de artistas importantísimos, hizo del museo uno de los lugares más visitados de Caracas, y dedicó treinta años de su vida, para que en el 2001, el presidente Chávez se lo quitara.

Pues de allí en adelante, como todo lo que toca el chavismo, el museo y sus instalaciones fueron decayendo poco a poco.

Ir a un sitio como este en Venezuela, requiere de una organización previa. Estamos hablando del centro de Caracas, donde las probabilidades de que te roben son tan altas como la cifra de la inflación. Por lo tanto, hablé con una tía para que me ayudara de guía turística y así evitar el factor “señor me perdí en el centro, ayúdeme pero por favor no me robe”.

Pues llegamos al museo.

Decepción es poco comparado con lo que sentí al entrar y visitar el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Está completamente descuidado, de once salas que tiene solo dos estaban abiertas, te sientes inseguro hasta dentro del mismo museo, y por supuesto las únicas personas dentro éramos un par de personas en la recepción, mi tía y yo.

En cuanto a las obras de Soto, además de la que te recibe en la recepción Mural Signals, claramente hay una sala dedicada a él (gracias a Dios una de las abiertas) donde se exponen tres obras del artista. Progresión Caracas I (1974) y Progresión Caracas II (1974) Cuadrados Azules y Negros (1972).

Las progresiones y la obra están expuestas así no más. No hay nadie que supervise si algún salvaje quiere dañarlas, o alguna explicación cultural de lo que significa el personaje Soto para el museo y para Venezuela.

Las obras en sí, una maravilla claro. Lástima que estén allí como restos de lo que un día fue cultura y prestigio en Caracas para que solo las visiten unos pocos interesados.

El Teatro Teresa Carreño

Del MACC nos fuimos caminando, con el corazón en la garganta, al Teresa Carreño. Llegamos sanas y salvas, y pudimos presenciar dos obras. En el techo del teatro, los Cubos virtuales blancos sobre proyección amarilla te dejan estupefacto por unos segundos debido al asombro y magnitud de la obra. Pedimos permiso para subir, tomar unas fotos y verla de distintos ángulos. Obviando un pendón gigantesco con la cara de Chávez que guinda al lado de la obra, esta, junto con la estructura del teatro como tal, son de los tesoros culturales más importantes que tiene Caracas.

La esfera de Soto

Una de las representaciones universales de Caracas, que hoy es testigo interdiariamente de resistencia y esperanza en una multitud que es reprimida por un combo de asesinos corruptos.

Lluvia en el centro Benaven

El muy conocido Cubo Negro, al igual que otros edificios de oficinas en Caracas, cuenta con un Soto gigantesco que cae en el medio del edifico sobre el paso peatonal. Esta obra también ha presenciado a venezolanos ahogados, heridos, o que pasan de regreso de marchar huyendo del caos y el psicoterror ejercido por la Guardia Nacional Bolivariana.

Está difícil recorrer todas las obras en Caracas del maestro Jesús Soto en un día. Son muchísimas, y cada una expresa la genialidad del artista y su estilo único. Este corto recorrido lo hice por conocer sitios que fueron importantes en la época y hoy restan en el deterioro de sus instalaciones y en la ignorancia del venezolano.

Sumamente lamentable; porque si el vigilante que estaba en el museo no pudo decirme en dónde estaba el cuadro de información de una obra de Soto, cómo pretendemos que cualquiera que le pase por enfrente al museo sepa que dentro de esas cuatro paredes posan obras de artistas internacionales renombrados, o peor, obras de venezolanos más conocidos afuera que en su propio país.

A pesar de admirar la magnitud y belleza de las obras de Soto, terminé el recorrido decepcionada. Triste por la calidad de cultura artística que podría moverse en Caracas y no se aprovecha; frustrada porque hay venezolanos que piensan que Cruz-Díez y Soto son la misma persona o que arte cinético es una forma de llamar al cine; y molesta porque al final los responsables de que la cultura en Venezuela sea tan mediocre como el currículo de nuestro presidente, son un grupo de ladrones ordinarios que ven más valor en un reloj de marca que en una obra de Jesús Soto.

Hoy Soto estaría cumpliendo 94 años, y creo que no lo pasaría contento sabiendo que algunas de sus obras cogen polvo en museos deteriorados y devorados por el chavismo. 

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