El aporte del cine a la lucha contra la desigualdad social

El aporte del cine a la lucha contra la desigualdad social

Sobre cómo el cine representa y denuncia las diferencias sociales en el mundo

El año 2019 estuvo lleno de títulos exitosos. Con películas tan esperadas Once Upon a Time in Hollywood y Marriage Story, y otras menos conocidas aunque igual de populares como Midsommar, el año pasado fue uno muy emocionante para los amantes del séptimo arte. Sin embargo, quizá no hubo sorpresa más grande para las críticas y el mundo que la obra maestra de Bong Joon-ho, Parasite. Una de las razones por las que esta cinta alcanzó una fama tan grande y se llevó cuatro premios Óscar es la forma en que trata temas tan importantes como el clasismo y la desigualdad social en una época en la que ambos crecen descontroladamente.

Desde 2015 pudimos ver un incremento en la cantidad de películas que toman la desigualdad social como concepto principal para sus historias. Filmes como High-Rise (2015); BlacKkKlansman (2018); y las aclamadas obras de Jordan Peele, Get Out (2017) y Us (2019), son buenos ejemplos del creciente interés que los cineastas han tomado en el tema. Igualmente, el año pasado se explotó esta tendencia con el estreno y el éxito de cintas como Joker, Ready or Not, Hustlers y Knives Out.

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El clasismo, el racismo y, en general, la falta de equidad social han estado presentes desde hace siglos, prácticamente desde el principio de las civilizaciones humanas, por lo que es de esperar que también estén representados en el cine. En películas como Metrópolis, el filme alemán de 1927, se diferencian dos clases sociales: los trabajadores que laboran debajo de la tierra y tienen prohibido subir a la superficie, y la élite intelectual que controla al país. Por otra parte, en la cinta Guess Who’s Coming to Dinner (1967), la trama gira en torno a una pareja interracial que busca la aprobación de sus familiares para casarse. 

Aunque en muchos casos las películas que intentaban denunciar la disparidad social tomaban este tema como su argumento principal, no necesariamente lo hacen así los largometrajes de ahora. Una de las razones detrás del éxito de cintas como las de Jordan Peele y otras que usan la división de clases en sus narrativas es que toman este elemento y lo hacen parte del subtexto, dejando que la trama principal se desenvuelva en torno a un conflicto más sencillo y universal que conecte con audiencias de cualquier estrato social. 

Tomemos Us (2018) como ejemplo. Sin muchas explicaciones, esta es una película de terror sobre una familia que debe luchar por su vida cuando un grupo de extraños que se parecen a ellos invade su hogar. A pesar de ello, es el subtexto el que verdaderamente deja un mensaje mucho más poderoso: se trata de una advertencia para esta América que se identifica como progresista, pero que todavía carga con las consecuencias de la inequidad y la injusticia. Así, las películas modernas dependen más de su carga simbólica que del peso que viene adherido a temas tan controversiales como los que engloba la desigualdad social.

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Lo mismo pasa con trabajos que tocan el tópico del feminismo. En Rosemary’s Baby, de 1968, todos los personajes buscan obtener un beneficio a costa de abusar física y psicológicamente de la protagonista, quien al final termina cediendo en representación de los valores tradicionales que plantean que la mujer debía ser perfecta y abnegada, y cuidar de su familia, sacrificando sus propios intereses. Aunque, por supuesto, la premisa es bastante más simple, una mujer es aterrorizada por un culto satánico hasta la locura. Como en Us y el resto de las películas que tocan esta temática, el verdadero mensaje se encuentra en el subtexto, en la mujer como símbolo y el culto como personificación de la sociedad.

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La forma en que se hacen estas declaraciones dentro de un largometraje es primordial para que el mensaje no se pierda en la exageración y en lo políticamente correcto, especialmente en tiempos en los que la desigualdad social ha crecido, hecho contradictorio si consideramos las facilidades que nos otorga la tecnología. Los avances que ha tenido la sociedad en teoría deberían mejorar la calidad de vida de las personas al permitir cosas como que se pueda trabajar a distancia, pero al parecer, no ha sido así.

La desigualdad en el mundo está profundamente arraigada y ha alcanzado un nivel escandaloso. El número de milmillonarios en el mundo se ha duplicado en la última década.

Oxfam

Según datos de Oxfam, en 2019 había 2153 millonarios en el mundo, de los cuales, el 1% poseía más del doble de capital que 6900 personas juntas. Al mismo tiempo, el Foro Económico Mundial señala que uno de los mayores problemas de nuestro tiempo es la falta de movilidad social, lo que ocasiona un deterioro en la economía de cada país, pues el recurso humano es el principal motor de la misma, y cuando se perpetúa la inequidad histórica, este recurso se desperdicia.

El nuevo índice creado por la organización para medir este factor determinó que la mayoría de las economías fallan estrepitosamente en proporcionar las condiciones ideales para que sus ciudadanos puedan prosperar, haciendo casi imposible para las personas el escapar de situaciones como la pobreza heredada o desigualdades históricamente comprobadas, tal como nos muestra Bong Joon-ho en Parasite.

Bong Joon-ho para Vanity Fair
Bong Joon-ho para Vanity Fair
Kelia Anne Maccluskey

Toda esta información, de la que solo mencioné una fracción, queda reflejada en las recientes obras de directores y escritores que esperan hacer una diferencia en el cine. Parte del éxito de las películas actuales sobre desigualdad social es que aciertan completamente al no reducir estos estudios a una visión maniqueísta en la que “los ricos son los malos, y los pobres y oprimidos, los buenos”. En historias como Joker y Us, que tienen contenidos políticos muy evidentes, queda la pregunta en el aire: ¿quién es el verdadero héroe? Nadie lo es, y eso es lo mejor.

 Joker desigualdad social
Joker de Todd Phillips
Warner Bros. Pictures

Además de las temáticas, los elementos simbólicos que las películas usan para caracterizar la desigualdad social también merecen reconocimiento, debido a la inteligencia con la que el director muestra su visión de la cultura y los problemas sociales que quiera representar. Bong Joon-ho, por ejemplo, describe Parasite como una “película de escaleras”, haciendo referencia a la forma en que estas se utilizan para dar una sensación de verticalidad y división entre las clases. Es la misma técnica que vemos en High Rise, cuya trama se desarrolla en un edificio en donde cada piso constituye un estrato social. Es la representación visual de un mundo en el que el dinero pone a unos encima de otros. 

Incluso el olor puede ser un elemento diferenciador de las clases, como vemos en el diálogo que comparte la pareja adinerada de Parasite, Park Dong-ik y Park Yon-kyo. Ambos hablan sobre el olor particular que tiene su chofer, describiendolo como ese olor que tiene el metro o de cuando lavas un trapo viejo.

Así como las escaleras son parte de la narrativa de Parasite, también podemos ver otros cientos de símbolos de desigualdad social en otras películas. Se trata de las referencias a Los Goonies, los conejos y los túneles subterráneos en Us; la música en BlacKkKlansman, la máscara de payaso en Joker. Todo es parte de la historia y cobra mayor fuerza cuando hay un director detrás de ella que también está inmerso en esta realidad, sea porque la ha vivido o la visto.

BlacKkKlansman Desigualdad Social
BlacKkKlansman de Spike Lee
Focus Features

Bong Joon-ho también deja claro su punto de vista sobre otro aspecto de la desigualdad en la industria cinematográfica con sus comentarios irreverentes sobre la visión miope de Hollywood con respecto al cine. Quizá lo más atractivo de películas que no solo se enfocan en hacer una denuncia, sino que también tienen el mérito de mantener su belleza es que no se hacen desde la culpa de las clases privilegiadas, se hacen desde la visión de directores, hombres y mujeres que reclaman sus derechos haciendo arte, y de eso también se trata el cine.

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