Anécdotas en el baño de la discoteca a medianoche

Anécdotas en el baño de la discoteca a medianoche

Las bebidas espirituosas tienen muchos poderes: localizan el número de tu ex a una velocidad digna del Récord Guinness, estimulan tus glándulas lagrimales con más facilidad e hinchan tus dedos para que sea imposible escribir un mensaje sin typos; pero entre sus poderes más comunes, son conocidos por crearnos la necesidad de abrazar hasta al guardia de la puerta.

El alcohol podría terminar las guerras y salvar el mundo, si le diéramos una dosis adecuada a la población en cuestión. En especial, las bebidas espirituosas podrían ser la solución para terminar con la rivalidad femenina. Entrar a un baño a medianoche significa que cada mujer que se te cruce en el camino es potencial de mejor amiga. La camaradería y complicidad que compartimos dentro de cuatro paredes no se compara con las miradas que nos regalamos antes de pedir el servicio en la discoteca.

Además, como dice mi compañera con tendencia filosófica, Ainoa: “la vejiga fue hecha para que sufras y no tomes malas decisiones”. Por lo que, un consejo en plena cola o un “sostenme la puerta, por fa” puede hacer un poco más divertido tus interminables viajes al baño. 

“Estábamos de primeras en la cola para ir al baño y las chamas de atrás decidieron que no se podían aguantar y echaron la excusa de que eran nuestras amigas para entrar antes. Como nos daba pena hacer pipí con gente que no conocíamos, dejamos que fueran primero. Una de las jevas se puso en cuclillas con unas pantaletas de cheetah y agarró la toalla de la casa para resolver sus asuntos. Las otras dos empezaron a prestarse maquillaje y nosotras estábamos que si en una esquina esperando a que terminaran. En eso una de ellas nos empezó a preguntar si queríamos maquillaje y sin que le respondiéramos nos empatucaron con la esponja que usó media fiesta. Tuvimos que inventar que teníamos que hablar de algo súper importante para se fueran. Cuando salieron hablamos como 45 minutos de lo que acababa de suceder y después hicimos pipí” – Las Cheetah Girls.

“Una vez estaba en una discoteca y llevaba tiempo viendo a la misma chama y a su amiga de un lado para otro, en el baño, afuera, bailando, destruidas. Como vi que estaban tan mal, les ofrecí las llaves de mi carro para que se recostaran un rato. Lo abrí y dejé que dos desconocidas se durmieran ahí” – María Esperanza, 16.

“En la cervezada de mi universidad estábamos negadas a hacer nuestras necesidades en el baño público. Tuvimos que pararnos en plan letrina, mientras una hacía, otra se reía y otra alumbraba. Le explicamos a otra niña cómo hacerlo y alumbramos a una desconocida. El mismo día sobornamos al vigilante para que nos prestara su baño” – Ainoa, 21.

“Salí con unos amigos a tomar birras y se les ocurrió ir a un prostíbulo. El chamo con el que estaba saliendo en ese momento me dijo que fuéramos ‘para joder un rato’. Llegamos, compramos un servicio y mi mejor amiga se rascó mal. Fuimos al baño y una de las que niñas del burdel se sentó a hablar con nosotras, nos ofreció papel, nos empezó a echar cuentos de su vida y cuando mi amiga comenzó a vomitar fue y nos buscó un vaso (que nunca supimos qué era) para que se lo tomara. No pasaron ni cinco minutos y ya estábamos en perfecto estado. Nos dio su número y nos invitó para que ‘fuéramos cuando quisiéramos’. Quién iba a pensar que en un burdel una prostituta nos iba a ayudar así” – Rebeca, 21.

“Estaba esperando en una esquina del baño y una chama me empezó a pedir consejos de cómo hacía si quería hablar con su ex. Me contó la historia de su vida y terminé marcando el número de su ex novio en su celular para que las dos habláramos con él” – Daniela, 20.

“En el baño de una discoteca una prepago me dijo que no debería dejar a nadie tocar mi cuerpo de gratis” – La emprendedora.

“La primera vez que fui a rumbear a una discoteca llamada Holic estaba con mis amigas y tomé todo lo que nunca había tomado en mi vida. Al principio no hablaba con nadie en el baño pero después de que el alcohol hiciera efecto me hice amiga de todos los de seguridad y las que estaban en el baño. Cada vez que entraba les dejaba dinero y ellas me tenían reservado mi trono (la silla del baño porque no aguantaba los tacones jaja). Pasé más tiempo hablando con ellas que rumbeando. Ahora tengo sus números y cada vez que no me dejan pasar rápido a la discoteca ellas me ayudan” – Scarlett, 20.

“En un baño de Cancún me encontré a una niña llorando por su novio (que estaba con otra) porque ahora iba a ser su ex, uno de esos rollos que nos hacemos nosotras. El punto es que le empecé a decir que él no la merecía, que ella era demasiado para él, que se merecía estar solo. La agarré y le dije que hoy iba a tripear demasiado y que le iba a presentar a todos mis amigos para que se agarrara a uno en su cara. La saqué del baño con sus amigas y nos fuimos a bailar” – Andrea, 21.

Entre errores, estrategias y amistades repentinas, los baños de las discotecas son testigos de los momentos más incómodos y divertidos de la noche. La mayoría de las veces no podemos recordar lo que ocurre dentro de las cuatro paredes, pero cuando lo hacemos, siempre incluye una sonrisa cómplice o una niña que nunca habías visto en tu vida compartiendo sus secretos más oscuros. 

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