Reseña What the Health

WTF a What The Health

Después de ver varias polémicas en redes sociales y comentarios en internet, me recomendaron un documental en Netflix llamado What The Health que al parecer critica el consumo de carne.

Pensando que sería, como los demás documentales que he visto en Netflix, otra crítica más a las empresas procesadoras de carne en los Estados Unidos y la cantidad absurda de químicos que utilizan, me senté a verlo mientras desayunaba una arepa con perico (dícese huevo revuelto con sofrito de tomate y cebolla).

Pues estaba equivocada con respecto a mis expectativas.

Antes de aclarar mis opiniones, prefiero explicarles en qué consta What The Health. En hora y media de película, los productores se concentraron en criticar y malinterpretar el consumo de carne animal y todos sus derivados, luego de una humilde y poco sutil invitación al mundo entero a ser vegano.

El documental va más o menos así:

Kip Andersen, el narrador y además productor de la película, empieza hablando de cómo en este momento de su vida es un “hipocondríaco en recuperación”. El motivo de su enfermedad se debe a que en su familia hay precedentes de cáncer y diabetes, por lo tanto, él tomaba medicamentos y seguía un estilo de vida “sano” para evitar padecer una enfermedad que no estaba ni cerca de aparecer .

Pero la cuestión está en que, además de automedicarse innecesariamente durante unos buenos años, a Kip casi se le va el mundo cuando en 2015 La Organización Mundial de la Salud anunció que las carnes procesadas (tocineta, embutidos, salchichas, hamburguesas) entraban en el grupo número uno de los alimentos cancerígenos, donde evidentemente también se encuentran químicos como el tabaco.

Por lo tanto Kip concluye esta primera tragedia como: “¿entonces fumé toda mi infancia?”

O sea, ya va.

Si la OMS califica las carnes procesadas dentro del grupo 1 de alimentos cancerígenos no significa que las consecuencias de comerte una salchicha son las mismas al fumarte un cigarro (como lo colocan en el documental).

El resto del filme prosigue en Kip cuestionando a organizaciones asociadas a las enfermedades letales como American Diabetes Association, American Cancer Society, y Susan G. Komen ya que en sus páginas web recomiendan recetas con carne a sus pacientes diagnosticados.

Su problema está en que “¿cómo una asociación en contra del diabetes va a recomendar unos camarones envueltos en tocineta si la OMS dijo que daba cáncer?”

Solución: ser vegano.

Luego de ser rechazado por todas estas organizaciones, Kip nos muestra una hipótesis cero esperada y muy al estilo “infomercial gringo” donde se plantea lo siguiente:

“Pero si la carne y sus derivados dan cáncer ¿por qué todas estas organizaciones nos invitan a consumirla?”

Y en eso suena una música toda misteriosa y en la pantalla teclean “American Cancer Society SPONSORS”; para la sorpresa de todos, los patrocinantes de estas ONGs son empresas productoras de carne y sus derivados. Por lo tanto Kip nos lleva a asumir que la responsabilidad de tanto diabetes y cáncer en los Estados Unidos está en manos de estas ONGs y sus malvados patrocinadores.

Luego de esta escena ultra amarillista, Andersen muestra en pantalla historias de personas con problemas de diabetes, asma y osteoporosis, quienes nos dan a conocer la farmacia que toman a diario y lo “infeliz que es su vida por su enfermedad”. Afortunadamente para ellos, Kip vino a salvarles la vida mediante una dieta vegana de dos semanas. Luego de ese plazo, los mismos enfermos se ven rozagantes y contentos porque en 14 días, a punta de vegetales y lentejas, no toman ni uno solo de sus medicamentos y están prácticamente en estado de salud como para correr un maratón.

Ya va.

El documental termina con Kip trotando por una carretera bellísima en un ambiente súper saludable y nos comenta: “Sentí la sangre por mis venas con otra vitalidad; no solo podía sobrevivir mediante una dieta vegana, sino que podía prosperar».

Luego de ver, analizar y repensar esta película me quedaron tres conclusiones bastante generales.

La primera, este documental tiene que estar específicamente direccionado al público estadounidense que mantiene una dieta constante de tocineta, pizza y Coca cola. Si 16 millones de personas en EEUU sufren de diabetes y es el tercer país con más casos en el mundo, no creo que sea porque comen mucho pollo a la plancha ni salmón ahumado. Claro está que los gringos siempre le han llevado la delantera al mundo en obesidad y no es precisamente por falta de habitantes veganos; más bien porque cada dos cuadras existe un Mc Donalds. Por lo tanto, a la señora que sufre de asma y además obesidad por supuesto que le va a cambiar el estilo de vida en dos semanas comiendo saludable, no necesariamente con una dieta vegana.

En otro ámbito, What The Health hace una comparación demasiado radical y absurda con respecto al consumo de carnes. Es ilógico comparar el daño de cinco cigarros con el consumo de un huevo; si la estadística fuera así mitad del mundo tendría cáncer o moriría a los 35. Está comprobado que las carnes procesadas pueden causar ciertas enfermedades, pero si nos vamos a poner con radicalismos en cuanto al consumo animal, estos comen las mismas plantas que nosotros. Que por cierto también están cundidas de pesticidas y químicos.

Por último, no veo el sentido en desvalorizar a las personas que sí comen animales. Se llama cadena alimenticia. Si Kip Andersen y todo su crew quiere dejar de comer carne porque da cáncer y diabetes, chévere, pero tampoco se tiene que despreciar a aquellos que les guste una buena parrilla y que seguramente cuentan con un estado de salud normal.

Como absolutamente todo en este planeta, es una cuestión de extremos. Claro que te vas a morir si desayunas, almuerzas y cenas salchichas, pero te aseguro que tampoco llegarás muy lejos a punta de solo lechuga. Si Kip Andersen quería promocionar el veganismo mediante la crítica al consumo animal ha debido aclarar el tema del balance; porque si la cosa fuese así de drástica nuestra historia del hombre carnívoro no hubiera llegado hasta el día de hoy.

No se necesita convertirse en vegano para mantener una vida saludable. Si desayunas Dunkin Donuts, almuerzas Wendy’s y cenas Domino’s es bastante, pero bastante probable que te de un infarto; pero el hecho de ser vegano, hacerle saber a todo el mundo por redes que lo eres, y no moverte de tu sofá tampoco es sinónimo de salud. 

  1. Empatía, altruismo y amor propio. Ese era el mensaje. Claro que no todos lo ven de ese modo.
    En ninguna parte dice que comiendo lechuga vivis sanamente. Y si, los animales comen plantas, pero vos no comes la planta directamente, comes el cadáver de un animal y lo cierto es que no sabes de dónde viene lo que comes, o sí?

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