reguetón y su influencia

¿Cómo se refleja la exposición al reguetón en nuestra cultura?

Una y otra vez hemos escuchado que vivimos en la era de la información, una era en la que estamos hasta un poco abrumados por la cantidad de data que absorbemos diariamente sin siquiera asimilarlo. Esta forma de vida y relación con el mundo no viene de gratis, sino que lleva consigo unas consecuencias importantes que podemos comprender al poner a las generaciones más jóvenes bajo la lupa. En pocas palabras, somos hijos de la información y la manera en que la incorporamos en nuestro proceso identitario es primordial para determinar la forma en la que interpretamos el mundo. Sin embargo, estamos aquí para hablar de reguetón y entender qué sucede cuando este pasa por el filtro que vamos construyendo en nuestra mente a partir de toda esa información que recopilamos.

¿Cómo se refleja el reguetón en temas de identidad y sexualidad?

Comencemos por el tema de la información. Claudio Duarte, el director de sociología de la Universidad de Chile, establece que “las identidades de estas poblaciones jóvenes aparecen mediadas o definidas como resultado de la inserción exitosa a los aparatos de consumo, producción e información”. Es decir, que aquí hay un proceso que tiene dos resultados que suceden simultáneamente: consumimos información con la que nos identificamos y esta pasa a ser parte de nuestra identidad, pero también la seleccionamos o somos más propensos a escoger algún tipo de información por la popularidad de la misma, puesto que esto garantiza una entrada en los colectivos que comparten mediante ella. 

Si llegaste a pensar que eras una persona con gustos y actitudes individuales que no están adscritas a ningún sistema social, date cuenta de la música que te gusta, en qué redes sociales te desenvuelves, a qué aplicaciones estás suscrito, y pregúntate por qué ejerces algunas de estas acciones. Verás que en al menos uno de los casos la razón es que estaba de moda, alguien te lo recomendó o compartes este gusto con alguna comunidad a la que quieres pertenecer; y es que buscar a otros para compartir significados, creencias y tener un entendimiento mutuo es algo muy normal y muy humano. No obstante, ya veremos qué pasa con estos vínculos que naturalmente buscamos cuando están intervenidos por la información y la naturaleza líquida del mundo en el que vivimos. 

 Entonces, ¿dónde entra el reguetón en todo esto? 

Cuando crecemos, empezamos a formar significados propios a partir de información externa que puede provenir de nuestra familia, amigos, el colegio o las costumbre sociales, entre otras cosas. En el caso de la sexualidad, lo más probable es que antes o durante tus años de adolescencia hayas sido expuesta a algún tipo de reguetón ―si eres de las mías, Gasolina de Daddy Yankee― y a partir de lo escuchado hayas empezado a construir un significado individual de la sexualidad. Este concepto luego fue validado por otros, puesto que el gusto por la música urbana es algo colectivo y, entonces, el reguetón permitió darle algo de significado a un concepto abstracto, que además es compartido por otros. Así, se mataron dos pájaros de un sólo tiro: definición de un concepto e identificación social a partir de medios de consumo que están popularmente aceptados.

Aunque no lo creamos, toda esa información que brinda el reguetón sobre la postura de la mujer y el hombre en las relaciones, los intercambios efímeros y sin compromisos, y demás, la vamos incorporando en el significado que le damos al sexo y lo que este puede representar.

Todo este concepto de las relaciones rápidas con un objetivo en mente está además suscrito a una narrativa aún más amplia, de consumo rápido y satisfacción inmediata, de manera que las personas empiezan a relacionarse a partir de la demanda y el consumo. Zygmunt Bauman, un sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico que dedicó parte de su trabajo a explorar la modernidad y el amor líquido establece: “Los vínculos y las asociaciones tienden a ser visualizados y tratados como objetos a ser consumidos, no producidos: están sujetos a los mismos criterios de evaluación de todos los demás objetos de consumo”. Es posible identificar cómo lo que propone Bauman entra fácilmente dentro del discurso del reguetón. Tinder, por ejemplo, es una representación clara de la cosificación y consumo de las relaciones, pues con unas cuantas fotos y una breve biografía tratamos de vendernos para que alguien nos escoja. 

De esta manera, podemos ver cómo la música urbana, además de ser un fenómeno mundial, contribuye a nuestra concepción de las relaciones, acompañada de otros factores.

¿Qué pasa cuando la sociedad está saturada de sexualidad? 

A diario podemos apreciar tendencias que se basan en la transparencia de la ropa, fotos de traseros grandes en Instagram, canciones que hablan sobre la intimidad y demás demostraciones abiertas de sexualidad. No estamos diciendo que estos movimientos están mal, sino que muchas veces la presencia simultánea en los medios de todas estas cosas puede saturar el filtro de información que tenemos con imágenes sexuales. Las consecuencias de esto son millones, algunas más importantes que otras, pero una de las que queremos resaltar es la normalización de la sexualidad. Por ejemplo, no es poco común leer a personas hablando de “mamar c*lo” abiertamente en la internet o escuchar de quienes envían fotos no solicitadas de sus genitales, entre otros comportamientos. 

En el caso del reguetón, la música de este género no solo habla abierta y detalladamente de momentos bastante íntimos, sino que también tiene algunos otros adornos: violencia, adulterio y venganza, entre otros. 

“La violencia simbólica, violencia amortiguada, insensible, e invisible para sus propias víctimas […] se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento, del reconocimiento o, en último término, del sentimiento”, escribe Pierre Bourdieu en La dominación masculina. Esto quiere decir que todos estos comportamientos se nos comunican por canales normalizados de consumo, en este caso acompañados de bajo retumbante y perreo, y no nos damos cuenta de que cantamos a todo pulmón: “Hoy se puso bonita / Pa’ que yo la viera / Y me dice que si la recuerdo / Hacemos lo que quiera”. 

Todo este planteamiento colisiona con cuestiones de liberación sexual de las mujeres y la proclamación de que a nosotras también nos gusta el sexo, pero la solución aquí no es “si no puedes con ellos, úneteles”, sino adoptar las partes del género que son disfrutables e intentar no caer en mensajes que contengan violencia sexual simbólica. 

Es importante no olvidar que la música urbana puede muchas ser una plataforma para transmitir mensajes misóginos. La siempre citable Simone de Beauvoir decía: “La mujer se determina y diferencia con relación al hombre y no este con relación a ella. La mujer es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el Sujeto, él es lo absoluto; ella es el otro, otro a través del cual él se busca a sí mismo. Para las mujeres, su ‘ser-para-los hombres” es uno de los factores esenciales de su condición concreta’. Esta concepción es evidente en el género del reguetón, pues si prestamos atención a muchas de las canciones pertenecientes a este, nos daremos cuenta de que la figura de la mujer es entendida a partir de la figura superior del hombre. Solo piensen en todas las situaciones que les son familiares a las letras de reguetón: “nadie te lo hará como yo”, “nunca podrás encontrar a nadie así”, “yo en el Mercedes y él te tiene en el Corolla”.

El mensaje con todo esto no es que renunciemos al reguetón, porque no lo haremos, sino que seamos un poco más conscientes de la información que consumimos y de la música y artistas con los que nos identificamos, puesto que como plantea Bourdieu, seremos víctimas, sin darnos cuenta, de los mensajes sexuales, violentos o misóginos que contienen estas canciones. 

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