¿Quién le dijo a Clint Eastwood que los sobrevivientes son buenos actores?

¿Quién le dijo a Clint Eastwood que los sobrevivientes son buenos actores?

Un lunes a mitad de precio me encontré varada en una sala de cine frente a un material audiovisual de una hora y 36 minutos que resultó ser una pesadilla hasta para los espectadores con los conocimientos más básicos y desabridos del cine.

The 15:17 to Paris, dirigida y producida por Clint Eastwood, es de esas propuestas que por más prometedoras que suenan en las primeras dos líneas de la sinopsis, la película debería ser catalogada como una tortura china en los países mejor legislados. 

La carrera de Clint Eastwood se ha centrado en la incansable búsqueda del heroísmo estadounidense para adornar su pantalla; ya sabemos lo que hizo con Sully, American Sniper y hasta con Flags of Our Fathers.

Todo lo que levante las astas estadounidenses alimenta el cine de Clint Eastwood; y hasta nos atrevemos a decir que su alma.

Su último proyecto, sin embargo, hace un movimiento inusual: en lugar de usar talentos como Tom Hanks o Bradley Cooper para recrear sus emocionantes y americanas historias, eligió a los héroes de la vida real.

Es decir, las personas que de estaban presentes en el ataque terrorista de 2015.

Dejennos explicarnos mejor: The 15:17 to Paris cuenta la historia de los tres jóvenes amigos estadounidenses, Spencer Stone, Alek Skarlatos y Anthony Sadler, que frustraron un ataque terrorista el 21 de agosto de 2015 en un tren Thalys de alta velocidad que iba desde Amsterdam a París.

Entonces, ya que Clint Eastwood se sentía en un golpe de suerte por sus últimos éxitos, decidió que era una brillante idea castear a las personas que frustraron el ataque terrorista en la vida real, para que recrearan sus vidas en la pantalla grande.

Así que, ¿por dónde comenzamos?

Por el hecho de que la actuación es una profesión y por ende, debe ser estudiada porque existen personas que de verdad se ganan la vida con esto. ¿O primero debemos resaltar que la película se vende como el retrato del ataque terrorista cuando el incidente solo sale como por tres minutos en pantalla?

O mejor, hablemos sobre que los tres amigos que se personificaron a sí mismos en realidad son un insulto para Meryl Streep; y no está políticamente correcto que maltrate a héroes americanos pero necesitamos sentido común.

Como si todo el asunto ya no estuviese lo suficientemente mal per se, una excelente recomendación que Eastwood le dio a los muchachos fue que adaptaran el guión a lo que sus verdaderos “yo” dirían.

Es decir, no solo lanza a no-actores a actuar, sino que también los incita a que modifiquen un guión que no saben manejar para que sus personalidades se acoplen a un personaje que ni está bien definido.

Porque si decidimos lanzárnoslas de existencialistas, nadie sabe quién es y actuar como uno mismo es hasta más difícil que encarnar a otra persona.

Así que aquí estoy, resentida por haber perdido mi tarde en pura incredulidad porque no puedo creer que Clint Eastwood haya decidido, sobriamente, dirigir una hora y treinta minutos de tortura para cualquier persona con ojos y oídos.

Menos mal fue un lunes a mitad de precio. 

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