‘Anima’: Thom Yorke y sus símbolos

Por si te quedaron dudas luego de ver el cortometraje de Paul Thomas Anderson

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“Who are these people?” (“¿Quiénes son estas personas?”) son las primeras palabras que se enuncian en Anima, el cortometraje dirigido por Paul Thomas Anderson que acompaña al disco homónimo de Thom Yorke. En un tren lleno de personajes uniformados, el vocalista de Radiohead se hace esta pregunta mientras, como muchos en el vagón, da cabezadas, fallando miserablemente en su lucha contra el sueño. Esas cuatro palabras son parte de lo que suena de fondo, Not the News, tema perteneciente al tercer álbum solista del cantante y al ritmo del cual los pasajeros del tren combaten las ganas de dormir gracias a la coreografía de Damien Jalet, quien también trabajó en el remake de Suspiria, cuyo soundtrack cuenta con canciones de Yorke.

“¿Quiénes son estas personas que visten de tonos grises y azules y parecen pertenecer a un mundo distópico?” es también lo que se cuestiona el espectador. “¿Quién es ella?” es lo que este puede preguntarse cuando ve a la mujer con la cual Yorke hace contacto visual en aquel tren en el que reina el adormecimiento. Ella es Dajana Roncione, pareja del cantante en la vida real y quien interpreta a una pasajera que llama su atención. Cuando esta se baja del vagón y deja su maletín, Yorke lo toma y comienza a buscarla. Fuera del tren, con bolso en mano y a pesar de estar uniformado al igual que los demás, el cantante se distingue entre las personas que transitan este ambiente subterráneo. Todos se comportan como máquinas, interpretando una coreografía que consta de movimientos mecánicos, pero no él. Él está decidido a conseguir a esta mujer.

Esto no se trata de entregarle el maletín a su dueña. Esto se trata de conectar. En aquel tren donde lo que más pesaba eran los párpados de los pasajeros, Thom Yorke y Dajana Roncione se miraron y abrieron las puertas de un pequeño universo que existía ahí, frente a todos, pero solo para ellos. Es esa conexión la que los diferencia del resto, la que los aleja de este mundo sistemático y de la tecnología. Son sus emociones las que los hacen humanos. Es el ánima.

Thom Yorke y Dajana Roncione en Anima
Netflix

El nombre del disco —y del cortometraje— viene de la teoría del ánima y el ánimus propuesta por el psicólogo Carl Jung. En su libro El hombre y sus símbolos, el fundador de la escuela de psicología analítica colabora con otros cuatro junguianos: Joseph L. Henderson, Aniela Jaffé, Jolande Jacobi y Marie-Louise von Franz. Esta última se encarga de desarrollar el concepto del ánima, el cual define como “la personificación de todas las tendencias psicológicas femeninas en la psique de un hombre, tales como vagos sentimientos y estados de humor, sospechas proféticas, captación de lo irracional, capacidad para el amor personal, sensibilidad para la naturaleza y —por último pero no en último lugar— su relación con el inconsciente”. El ánima, entonces, podría interpretarse como un conjunto de cualidades asociadas con la feminidad que están presentes en la psique del hombre. El ánimus es lo contrario; es “la personificación masculina en el inconsciente de la mujer”.

El arquetipo del eterno femenino, como también se le conoce, es el que conduce al hombre a realizar acciones que conllevan un alto grado de emocionalidad, acciones que son descritas en El hombre y sus símbolos y representadas casi de manera exacta en el cortometraje de Anderson: “Es la presencia del ánima la que hace que un hombre se enamore de repente cuando ve a una mujer por primera vez y sabe inmediatamente que es ‘ella’”, sostiene von Franz. A Yorke le bastó una mirada para intentar encontrar a Roncione en un mundo distópico, para enfrentarse a él, caminando en dirección contraria a sus habitantes y tratando de mantener el equilibrio sobre una superficie inclinada.

En un anuncio en la estación del metro aparece dibujada la frase “What happens to your dreams?” (“¿Qué sucede con tus sueños?”), la cual, sumada a la somnolencia de los personajes, hace evidente que Yorke y Anderson decidieron adentrarse en un territorio onírico. Este y el ánima, después de todo, comparten una estrecha relación. La fuerza interna femenina se manifiesta en los sueños a través de la figura de una mujer, tal como aparece la pasajera sin nombre en lo que podemos interpretar como una fantasía del protagonista. 

Según Jung, “para conocer y comprender el proceso vital psíquico de toda la personalidad de un individuo es importante darse cuenta de que sus sueños y sus imágenes simbólicas tienen un papel mucho más importante que desempeñar”. Además, el psicólogo suizo sostenía que solo a través de estas fantasías el hombre podría entender a cabalidad el aspecto inconsciente de cualquier suceso. En otras palabras, es una manera de procesar la realidad, algo que Yorke entiende a la perfección: “Si no sueñas lo suficiente, no procesas lo suficiente”, le comentó a Zane Lowe en Beats 1 de Apple Music.

Si Anima se siente como una ensoñación y al mismo tiempo un acercamiento a las emociones, es porque Anderson y Yorke, de alguna manera, ponen en práctica el procesamiento de los sentimientos a través de los sueños. Sin embargo, no es primera vez que el dúo hace esto. En el 2016, Paul Thomas Anderson dirigió el video de Daydreaming, sencillo de Radiohead. En él, el vocalista aparece atravesando una serie de puertas sin que nadie realmente caiga en cuenta de su presencia. Es como si Yorke, muy al estilo de Joel Barish, fuese un fantasma revisitando lugares en los que ha estado antes, recuerdos que viven en su memoria y cuyos elementos inconscientes ahora busca procesar con el fin de hacer una tregua consigo mismo. Esto, al final del video, le da suficiente tranquilidad para que pueda quedarse profundamente dormido al lado de una fogata dentro de una cueva.

Dado que la pieza audiovisual que acompaña a Daydreaming es, en realidad, bastante ambigua, esta ha inspirado una diversa cantidad de interpretaciones. Rishi Kaneria, en su canal de Vimeo, destaca que el total de puertas abiertas por Yorke en el video es 23 y, a su vez, ese es el número de años que el cantante estuvo casado con su exesposa Rachel Owen antes de divorciarse en el 2015. Adicionalmente, en la gran mayoría de los espacios a los que entra el británico hay mujeres —con frecuencia madres— o elementos representativos de la feminidad. El mismo hecho de que Yorke entre a una cueva arrastrándose y se acueste en posición fetal allí dentro, cerca del fuego, antes de cerrar los ojos parece ser una referencia. Y si se toma en cuenta que el video fue estrenado durante el fin de semana del Día de las Madres, casi podríamos dar por sentado que estas alusiones al ánima son completamente intencionales.

“Dreamers/They never learn” (“Los soñadores/Nunca aprenden”), dice la letra de Daydreaming. Es una afirmación pesimista que va de la mano con el descontento en la cara de Yorke mientras abre una puerta tras otra durante seis minutos. “And it’s too late/The damage is done” (“Y es demasiado tarde/El daño está hecho”) continúa diciendo el vocalista de la banda. Así, Thom Yorke afronta el duelo posterior a la culminación de esa relación de 23 años, a través de versos derrotistas y rodeado de personificaciones de lo femenino con las cuales no llega a tener ningún tipo de conexión ya que estas ni siquiera notan su presencia en la habitación. Anima, mientras tanto, propone algo distinto.

El cortometraje está dividido en tres partes con una canción del álbum figurando en cada una de ellas: Not the News, Traffic y Dawn Chorus. Esta última es una balada melancólica capaz de hacer sentir abatido a cualquiera, pero en cuya letra se puede apreciar un vestigio de esperanza. Como Daydreaming, Dawn Chorus reconoce el arrepentimiento ocasionado por la pérdida de algo, posiblemente una relación o quizá una persona, dado que la exesposa de Yorke, Rachel Owen, falleció en diciembre del 2016. A pesar de esto, la canción plantea la oportunidad de empezar de nuevo, volver a hacer las cosas y hacerlas bien: “If you could do it all again/This time with style” (“Si pudieras hacerlo todo de nuevo/Esta vez con estilo”), opción que ese “And it’s too late/The damage is done” de Daydreaming no ponía sobre la mesa.

El contraste entre ambas canciones permea la propuesta visual que acompaña a cada una. Mientras que en el video del sencillo estrenado hace tres años el cantante no tiene contacto con nadie, en la tercera parte del largometraje ocurre la muestra más significativa de conexión humana. Se siente como si aquel Yorke que circulaba como un fantasma por distintos lugares finalmente hubiese procesado sus recuerdos y ahora se encontrase en calma con estos ante la promesa de un nuevo amor: Dajana Roncione. Ella y el vocalista de Radiohead, entonces, pasan a interpretar una coreografía en pareja, la cual consiste en ambos girando uno frente al otro, manifestando la reciprocidad de su afecto.

El tono del inicio de esta escena aparenta ser desesperanzador, con Yorke levantándose del piso como quien acaba de recibir una paliza. Cuando se pone de pie, tiene a la pasajera del tren a su lado, el primer encuentro entre ambos desde que se toparon con el otro en aquel vagón. Ahí están los dos, recostados de la pared, desencantados, pero pronto se miran, comienzan a girar frente al otro y la cercanía entre ambos personajes sin nombre es igual que si, en lugar de estar parados, estuviesen acostados dando vueltas uno sobre el otro. Pronto su aspecto cambia y nos hace pensar más bien que sí se puede hacer todo de nuevo, esta vez con estilo, como si supiéramos lo que podría salir mal y aún así, en el pasillo a las afueras de un apartamento, decidiéramos aceptarlo con un simple “okey”.

La conexión que Yorke establece con esta personificación del ánima es la que, en un mundo donde las personas visten sin colores, no hacen contacto visual y se mueven como si estuviesen programadas para hacerlo, hace humano al cantante.

Creo que la razón por la que terminó llamándose Anima fue en parte porque estoy obsesionado con todo esto de los sueños y eso se debe a este concepto que Jung tenía. Pero, también, hemos comenzado a emular lo que nuestros dispositivos dicen de nosotros y emular la forma en que nos comportamos a partir de eso.

Thom Yorke
Thom Yorke en Anima
Netflix

Lo que nos diferencia de los aparatos tecnológicos que usamos a diario son las emociones, esas que entendemos a partir de nuestras ensoñaciones y fantasías. Por ende, soñar nos hace humanos. ¿Habrá llegado a pensar esto Philip K. Dick cuando se preguntó Do Androids Dream of Electric Sheep? (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?)? La obra de ciberpunk en la cual está inspirada Blade Runner comienza con una discusión entre Rick Deckard y su esposa —porque a diferencia de la película, en la novela está casado— que termina con ambos a punto de usar unas consolas capaces de controlar su estado de ánimo. Aunque por razones distintas, en este universo destruido que presenta el libro, las personas, como decía Yorke, también son capaces de emular lo que sus dispositivos dicen sobre ellos o el ánimo que estos determinan que sus dueños deben tener. El cantante, siempre descrito como paranoico dadas las reservas que tiene hacia la tecnología, concibe nuestra realidad como un mundo no muy alejado de ese San Francisco que Dick plasma en las páginas de la novela.

En el 2017, mientras se encontraba trabajando en el soundtrack de Suspiria, Yorke le dijo a BBC Radio 6 Music que había visto Blade Runner dos veces durante el mismo fin de semana. A pesar de no estar ausentes en el trabajo previo del británico, quizá esas ideas de los sueños y los recuerdos como aspecto diferenciador de la humanidad traspasaron la pantalla y llegaron hasta su proyecto más reciente. En el filme de 1982, Rick Deckard es un blade runner, es decir, un policía encargado de cazar y “retirar” —matar— androides, llamados replicantes, que han vuelto ilegalmente a la Tierra. Debido a que estos lucen exactamente como humanos, los blade runners deben determinar si realmente están tratando con un androide a través de una serie de preguntas que involucran situaciones hipotéticas y, por supuesto, recuerdos. Mientras que cualquier humano hubiese sido capaz de responder qué palabras se le vienen a la mente para describir a su madre, es esta interrogante la que hace que un androide pierda el control y revele que es, en realidad, un replicante.

Los replicantes de la película desean, desesperadamente, vivir como humanos, llegando a conservar fotos para sentir que tienen recuerdos a los cuales aferrarse de un pasado que en realidad no existe. Son nuestras memorias, singulares para cada quien, fabricadas y procesadas por nosotros mismos, las que nos hacen reales, las que nos llevamos a la cama al terminar el día para decodificar el aspecto inconsciente que reside en ellas a través de nuestras ensoñaciones. El universo de Blade Runner, al igual que el de Anima, comprende esto y, aun en un mundo donde la tecnología no es precisamente nuestra amiga, rescata aquello que nos hace humanos.

Irónicamente, aunque Yorke se opone a este mundo artificial y poco empático que ha pasado de plantearse como una distopía en películas a postularse como un destino ineludible hoy en día, la música perteneciente al disco tiene un sonido electrónico, mecánico y digital que el cantante ha venido explorando desde que Radiohead estrenó el álbum Kid A en el año 2000. Ahora, interpretar esto como una carencia de humanidad en sus composiciones sería errado. Las nueve canciones —diez si hablamos de la versión en vinilo— que conforman Anima tienen elementos que las hacen adquirir una dimensión humana, como lo son el pulso de sus ritmos y los sentimientos que colectan sus letras. “En un aspecto musical y de alguna forma técnico, estaba deliberadamente buscando algo tan frío como fuese posible. Esencialmente canto en una sola nota y el curso solo se repite. No hay nada pasando más allá de las palabras”, le cuenta Yorke a Zane Lowe, refiriéndose al proceso creativo detrás de Dawn Chorus. Como Lowe, cualquiera podría acordar que es en esa supuesta frialdad y en el poder de la palabra que radica la brutalidad del tema musical.

Thom Yorke
Alex Lake/Nasty Little Man

La emocionalidad que Dawn Chorus conlleva podría decirse que es, después de todo, el ánima en un plano frígido y racional. Marie-Louise von Franz, cuando hablaba del ánimus, comentaba que este permitía que nos encontráramos con mujeres “obstinadas, frías y completamente inaccesibles”. La aparente frigidez del sonido del tema musical, de alguna manera, representa esas cualidades de la psique. Sin embargo, Yorke logra llevar la sensibilidad propia del eterno femenino a la canción a través de las palabras y la fibrilación del ritmo.

Von Franz sostenía que el ánima podía adoptar la forma de la madre, como sucede en el video de Daydreaming; de la femme fatale, como lo es Sean Young en Blade Runner; o de la guía, como lo es Dajana Roncione que, por olvidarse de su maletín en el tren, dibujó el camino que Thom Yorke tendría que recorrer para encontrarla de nuevo. El cantante ahora demuestra que esta personificación femenina también puede llevarse a un plano musical, convirtiendo Anima en una obra mucho más profunda de lo que cualquiera que no preste especial atención podría imaginar.

“No querría soñar despierta. ¿Para qué? ¿Ilusionarme?”, escribió Susan Sontag en su diario en 1965. Pero lo cierto es que soñar despierto vale la pena si la fantasía luce como lo hace Anima. A simple vista, cualquier espectador afirmaría que en menos de 15 minutos Thom Yorke y Paul Thomas Anderson consiguen evocar la naturaleza de los sueños con éxito; pero, como en el inconsciente, hay mucho más que explorar. Anima no es solo un cortometraje ni mucho menos solo un disco, Anima es una experiencia constituida por múltiples capas de información que nos invitan a sumergirnos en ellas más de una vez. Anima es soñar despiertos. Anima es, realmente, Thom Yorke y sus símbolos.

  1. Me ha parecido muy interesante el desarrollo del tema. Buscar la lógica detrás del video hace irresistible volver a verlo y detenerse a analizar cuadro a cuadro los mensajes que están ocultos detrás de is personajes.

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