Cómo ‘el hombre más malvado del mundo’ salvó el rock and roll

La influencia de Aleister Crowley y el ocultismo en el rock

Do what thou wilt shall be the whole of the Law.

Aleister Crowley 

I put a spell on you 

Because you are mine

Screamin’ Jay Hawkins

“Haz lo que quieras, será toda la ley”, dice uno de los principios de thelema, la religión fundada por el místico británico Aleister Crowley a finales del siglo XIX. Nacido en el Reino Unido en 1875, Crowley —apodado luego como La Gran Bestia 666— fue ocultista, alquimista, poeta, escritor y montañista, también fue líder de distintas sectas y miembro de sociedades secretas esotéricas como la Orden Hermética de la Aurora Dorada. Profesaba la libertad sexual, la experimentación con las drogas, la meditación y el sincretismo religioso como antecedentes directos de la cultura hippie. Fue vilipendiado durante la era victoriana por su consumo de drogas y por sus excesos sexuales con hombres y mujeres. Entre sus libros de ficción, poesía, ensayo y magia, está un extensa obra muy influyente, no solo entre los círculos esotéricos a los que perteneció sino también como objeto de estudio en las academias y fuente de inspiración para importantes músicos y bandas de rock and roll como The Beatles, The Rolling Stones, Led Zeppelin, Black Sabbath o David Bowie. 

Aleister Crowley en el rock and roll
Aleister Crowley
Getty Images

Este romance entre el ocultismo y la música popular ha desplegado un imaginario lleno de símbolos, mensajes secretos en canciones y leyendas urbanas que han modelado una de las formas de arte más importantes del siglo XX. El hechizo del rock sobre la cultura popular de los sesenta y setenta sirvió para propagar en los jóvenes, ya duchos en el consumo de LSD y otras drogas psicodélicas, los mensajes y creencias del New Age, inaugurando así la archiconocida “Era de Acuario” que según los astrólogos habría comenzado a mitad del siglo XX inaugurando un período de liberación mental y espiritual reflejado en avances tecnológicos y en el arte. 

Aleister Crowley es quizá uno de los pioneros de esta filosofía de “la nueva era”, al igual que del satanismo y de otras sectas esotéricas, las cuales estuvieron fuertemente influenciadas por su pensamiento y su forma de promover el individualismo y el hedonismo ajenos a cualquier forma de constricción moral. De este modo la máxima “haz lo que quieras”, es un “haz lo que te dé la gana”, en todo el sentido de la expresión. 

En Aleister Crowley: Magick, Rock and Roll, and the Wickedest Man in the World, Gary Lachman recopila las cartas que Crowley le escribió a su cuñado, Gerald Kelly. En estas rechazaba abiertamente las doctrinas del budismo, el cristianismo, el racionalismo y cualquier noción de debilidad, discreción y empatía: “Quiero blasfemia, asesinato, violación, revolución, todo lo bueno o lo malo, pero que sea intenso”, y es que aunque en estas cartas el “hombre más malvado del mundo” se presentara como ese ignominioso personaje, era su deseo de transgredir lo establecido su principal motivación, además de, claro, coleccionar cualquier experiencia que le conduzca a sentir en extremo.

Esta pasión por los extremismos —sea en las drogas, en el sexo, en el alcohol o en el ocultismo— es el fundamento detrás del “haz lo que quieras” de su thelema, es la doctrina de los excesos en todas las direcciones. Se trataba de una bofetada a la rígida sociedad inglesa y burguesa a la que pertenecía, la misma que le ha incluído en el panteón de la infamia británica junto con Jack el Destripador y Sir Walter Raleigh. Pero Crowley no fue solamente un inglés excéntrico y millonario que empeñó su fortuna en la magia negra y en el ocultismo, fue también uno de estos personajes que desean, ante todo, transgredir, liberarse de toda regla, abrazar la oscuridad de su ser para alcanzar una suerte de nuevo amanecer con toda la fuerza de ese impulso anárquico. No fue distinto a un Rimbaud, un Marqués de Sade, un Jim Morrison, un Charles Manson o a un Kurt Cobain. Tal vez fue esa voluntad por experimentar los excesos en todas las direcciones lo que lo llevó a tener un lugar privilegiado dentro del imaginario del rock and roll.

St.Pepper’s Lonely Hearts Club Band Aleister Crowley
Portada del album Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles, en la que aparece una foto de Aleister Crowley (última fila, segundo de izquierda a derecha)

En algún momento del siglo XVII, el filósofo Blaise Pascal dijo: “Todo mal humano proviene de una sola causa: la incapacidad del hombre de quedarse quieto en su habitación”. Esa hiperactividad no solo era evidente en la prolífica obra esotérica de la Gran Bestia 666 o Baphomet, como Crowley se hacía llamar, sino también en el mundo del rock and roll de mediados de los sesenta y de la década de los setenta, cuando el hard rock, el metal y el rock progresivo empezaron a incorporar elementos de magia negra, satanismo y ocultismo como respuesta al conservadurismo de la sociedad, como una forma de transgresión, de inquietud rupturista y excesiva, como la propia vida de Crowley.

Diez años después del fallecimiento de Crowley en 1957, Screamin’ Jay Hawkins, cantante de blues, género predecesor del rock and roll, interpretó I Put a Spell on You en la televisión estadounidense, dejando estupefactos a los espectadores con su presentación aterradora y macabra. A partir de ese momento, Hawkins fue conocido por incorporar elementos de ocultismo, magia negra y vudú en sus espectáculos: calaveras, sonidos guturales, miradas fijas, huesos como bigotes y capas de piel animal amarradas al cuello fueron parte del hechizo terrorífico, pero icónico del artista. Porque al igual que la magia, la música popular también libera encantamientos en el público; el artificio del mago es tan poderoso como el del músico.

La rebelión y el despertar espiritual que supuso la llegada del rock a la cultura popular de Occidente se convirtieron en vehículos indispensables para propagar estas nociones esotéricas y ocultistas propias del New Age, también desarrolladas por Crowley. Magos, demonios, faustos y dionisios comenzaron a conjurar el hechizo del rock and roll en las generaciones más jóvenes. Fuese como parte del performance o porque realmente eran practicantes de algún culto esotérico, los artistas empujaron el imaginario colectivo hacia formas no convencionales del pensamiento, hacia la expansión de la consciencia, dándole voz al inconformismo, a la rebelión hippie, para socavar las rígidas estructuras del conservadurismo y ver más allá, liberarse en esta suerte de bacanal lujuriosa y hedonista sin ningún tipo de restricción moral.

Screamin’ Jay Hawkins rock and roll
Screamin’ Jay Hawkins
Charlie Gillett

La magia negra de Crowley salvó el rock and roll, lo hizo inmortal, le dio un rostro y una identidad. Los músicos vendieron su alma, a voluntad o no, pero lo hicieron a cambio de convertirse en leyendas, de hacer comunión con lo divino, con la gloria de los excesos, a través de los riffs hipnóticos de la guitarra eléctrica, mediante el mordisco a un murciélago o con los versos de trovador. Si Fausto y Dorian Gray vendieron su alma al diablo, ¿por qué Keith Richards no? Si los dedos del violinista italiano Giuseppe Tartini fueron guiados por Satanás para tocar su extática y maravillosa sonata El trino del Diablo con la destreza del mismísimo Dios, ¿por qué el demonio no puede poseer también a Jimmy Page para hacerlo tocar por toda la eternidad el solo de Stairway to Heaven?

Peter Bebegal, en su libro Season of the Witch: How the Occult Saved Rock and Roll, explica cómo los músicos anglosajones serán los catalizadores de lo oculto en la cultura popular y a su vez cómo este romance con el ocultismo ayudó a los más importantes exponentes del rock a condimentar un imaginario que les salvaría de formar parte del catálogo de artistas vainilla que sonaban en la radio durante la década de los sesenta. La naturaleza transgresora del rock finalmente coincidió con la liberación sexual, las protestas en contra de la guerra de Vietnam y el consumo de LSD entre los jóvenes, abriendo el tercer ojo del rock and roll para establecer una comunión dionisíaca con el público y convertir cada concierto en una bacanal legendaria e inmortal.

Led Zeppelin  rock and roll
Led Zeppelin. De izquierda a derecha: Robert Plant, Jimmy Page y John Bonham
Getty Images

Para la década de los setenta, lo oculto ya estaba imbuido dentro del imaginario del New Age. Como una caja de Pandora, las bandas de hard rock, rock progresivo y metal hicieron uso de todo ese sincretismo y de esa simbología, destapando todo un imaginario místico agazapado que la memoria colectiva había enterrado hacía mucho tiempo. La Kabbalah, la Wicca, el tarot, el paganismo celta, la magia negra, el ocultismo, el satanismo, el vudú, la física cuántica, la meditación trascendental y los alienígenas ancestrales empezaron a pulular en letras de canciones, en las melodías, en las portadas de los discos y en la puesta en escena de estos músicos.

Entre las bandas de la época que se hicieron eco de estas corrientes esotéricas, está Led Zeppelin, cuyo líder y vocalista, Robert Plant, descendiente de gitanos bretones, incorporó, junto al guitarrista Jimmy Page, simbología pagana en las portadas de sus discos y en sus canciones. También incluyó de forma oculta la famosa frase de Crowley, “do what thou wilt”, en el arte de su disco de 1970, Led Zeppelin III, álbum conocido por su canción Immigrant Song, la cual incluye alusiones a la cultura vikinga y pagana. Además, la conexión de los músicos con la Bestia 666 trasciende a la vida real de estos artistas, puesto que Page compró en 1971 una de las casas del místico en Inglaterra, avivando los rumores y las leyendas urbanas acerca de un posible pacto diabólico entre la banda y el espíritu de Crowley. La casa aparece registrada en la película de 1973, The Song Remains the Same

Black Sabbath fue otra banda conocida por rendir culto al “hombre más malvado del mundo”, incorporando imaginería del 666 e incluso haciéndolo protagonista de una de sus canciones con Mr. Crowley, interpretada por el tumultuoso pero eterno Ozzy Osbourne.

David Bowie reconoció en una entrevista que durante la década de los setenta también se había sentido seducido por las doctrinas de Crowley, en parte inspirado por el ocultismo, en parte inspirado por su afición al consumo de cocaína. Su obsesión por la magia negra lo llevaría a incluir referencias al mago en varias de sus letras, al igual que a otros elementos del paganismo y el misticismo. En este video hace referencia específica a Crowley en su canción Quicksand de 1971:

Otros artistas y bandas legendarios que se inspiraron no solo en Crowley sino también en la caja de Pandora de misticismo y brujería que se destapó en los setenta fueron Stevie Nicks, miembro de la banda Fleetwood Mac, quien es conocida por practicar brujería, o Dave Mustaine, líder de Megadeth, quien hacía conjuros de magia negra desde su adolescencia. En Latinoamérica, Raul Seixas músico brasilero, se hizo eco de esta tendencia mística, introduciendo letras relacionadas con lo oculto y con la alquimia para solapar el significado de sus canciones de protesta en contra de la dictadura en Brasil. También músicos contemporáneos como Marilyn Manson incorporaron en su estética alusiones al satanismo y a cualquier creencia que contravenga las estructuras conservadoras de la sociedad.

De esta manera, el pacto de sangre entre el rock and roll y el ocultismo es lo que le ha dado la inmortalidad cultural que merece, dejándole al mundo los solos de guitarra inolvidables de Jimmy Page y los riffs hipnóticos de Jeff Beck para que siempre recordemos que detrás de cada acorde hay un Crowley conjurando un encantamiento satánico.

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