Sobre la importancia del aislamiento en el arte
aislamiento y arte

Sobre la importancia del aislamiento en el arte

¿Qué podemos esperar de los artistas cuando acabe la cuarentena?

En menos de un año, una pandemia ha cambiado la forma en la que vemos el mundo. A muchos, el encierro nos ha llevado a tener episodios de bloqueo creativo o inestabilidad emocional, mientras que, para otros, la reclusión parece ser una oportunidad de autoconocimiento y, al mismo tiempo, una fuente de inspiración. Puede que aún no lo sepamos, pero en estos momentos es muy probable que se estén creando las obras que sorprenderán al mundo pospandémico en el que despertaremos más pronto que tarde, pues es común que de momentos como estos surja la creatividad que les da lugar a la soledad y el aislamiento en el arte.

Son oscuras las razones por las que todo movimiento progresivo y ascendente debe realizarse con el sudor de la frente con sufrimientos, malos momentos y penas. 

Wassily Kandinsky en De lo espiritual en el arte 

Las tragedias y los eventos traumáticos parecen estar impresos en el ADN de los artistas. Si bien no conocemos todavía las razones de esto, lo que sí podemos asegurar es que todos los movimientos culturales están marcados por acontecimientos históricos que generaron un cambio de perspectiva en las sociedades del pasado, por lo que forman parte de un proceso de adaptación casi terapéutico de la humanidad cuando atraviesa momentos de crisis. 

Arte y pandemia La madona de (1310) de Giotto di Bondone
La madona de Ognissanti (1310) de Giotto di Bondone, uno de los artistas más innovadores de la época
Giotto di Bondone

Mucho antes de que siquiera se hablara del coronavirus, la peste negra ya había causado estragos en Europa, mermando gran parte de la población de Florencia, la capital del arte durante el Renacimiento. En su libro Painting in Florence and Siena After the Black Death, el historiador de arte Millard Meiss hace un análisis de los efectos que tuvo la plaga más mortal que enfrentó la Europa de la época sobre las representaciones artísticas y religiosas que se elaboraron posteriormente. 

Giotto di Bondone fue uno de los principales artistas del momento y, luego de su muerte, quienes fueron sus aprendices y seguidores propusieron un cambio en la pintura. Esta solía exaltar el aspecto divino de las imágenes religiosas, pintándolas en posiciones más elevadas que el resto de las figuras que las acompañan y resaltando su importancia con posturas rígidas y estructuradas. 

Guariento di Arpo fue uno de esos admiradores y quien, durante el estallido de la plaga, pintó la Virgen de la humildad, una pieza llena de esperanza por un mejor futuro, que representaba la fe que tenía la población en la Virgen María, cuya postura ahora denotaba la compasión que sentía por sus feligreses y la humildad de quien se ve rebajada a la sencillez por una tragedia. Es por eso que la vemos sentada, por primera vez, en el suelo mientras que el bebé que carga en brazos, mucho más parecido a un infante mortal que a un dios, refleja el valor de las generaciones futuras.

La Virgen de la humildad (1345-1350) representa las figuras tradicionales de la Virgen:
La Virgen de la humildad (1345-1350) representa las figuras tradicionales de la Virgen: la madre compasiva, la reina del cielo y la mujer apocalíptica que describe la Biblia
Guariento di Arpo

Esta misma idealización del futuro fue la herramienta que muchos usaron para sobrellevar la tragedia que representaba el paso de la peste. La forma en que la esta cambió la mentalidad de la población europea puede verse en una cita de Agnolo di Tura, cronista de la época, quien dice: “He pensado tanto acerca de estos eventos que ya no puedo contar historias sobre ellos” y establece que la población sobreviviente o “vivía de forma irresponsable y autocomplaciente,” o se entregaba a “una intensa religiosidad” para escapar de las pesadillas de la plaga.

Esto, aunado a la necesidad de olvidar, hizo que las obras, especialmente aquellas con contenidos grotescos, escasearan. Sin embargo, aquellas que se producían llevaban una carga de profundo pesimismo, como se vería en Triunfo de la muerte de Francesco Traini, que representa el paso por Europa de la muerte, la cual iba adueñándose de las vidas de ricos, pobres, jóvenes y ancianos por igual. 

El Triunfo de la muerte (c. 1350) representa el paso inevitable de la muerte
El Triunfo de la muerte (c. 1350) representa el paso inevitable de la muerte, una metáfora para la peste negra
Francesco Traini

Más adelante, a raíz de otra tragedia, la inspiración no vino de la naturaleza, sino de los propios hombres. A comienzos del siglo XX, los movimientos artísticos que empezaban a manifestarse se alejaban cada vez más de los convencionalismos a los que estaban acostumbrados los artistas. Estos solían pintar siguiendo las normas establecidas de color y forma que habían aprendido, pero estas expresiones carecían de sentimiento, por lo que se identificaron con movimientos que les permitían ser más introspectivos y enfocarse en la subjetividad y lo abstracto.

Impresionistas como Van Gogh exploraron el arte desde sus sentimientos de tristeza y soledad, pero no fue sino hasta que se desarrolló el movimiento expresionista que pudo verse en pinturas la relación entre el mundo interior del artista y sus creaciones. Quizá el más icónico de estos artistas sea Edvard Munch, quien inspirado en un momento de ansiedad sobrecogedora que experimentó cuando presenció el atardecer, creó su obra El grito (1893), en la cual plasmó el sentimiento en una amalgama de rojos y naranjas que envuelven a la figura central en un ambiente de desesperación. Y este es solo uno de la larga sucesión de pintores que buscaron integrar el arte con el sentir espiritual. 

El grito (1893) Aislamiento
El grito (1893)
Edvard Munch

Kandinsky también basa su libro más célebre, De lo espiritual en el arte, en esta idea de la manifestación artística como medio para expresar las emociones y la utiliza para dar los primeros pasos hacia el arte abstracto. Estos temas de introspección e individualidad inspiraron las vanguardias que vinieron con llegada de la Primera Guerra Mundial durante la década de 1910. Se trató de una nueva época que los historiadores llamaron la era dorada de los “-ismos”, todos ellos enmarcados en la exploración de la voz interna del artista.

Por un lado, movimientos como el surrealismo nos hablan del mundo onírico y personal de cada pintor. Siguiendo esta misma línea, el dadaísmo aboga por una deconstrucción de lo tradicional, expresando una ruptura de la racionalidad, tal como se había visto luego de la guerra. Por otro lado, tendencias como el informalismo lograron capturar con mayor precisión los horrores del conflicto bélico en la psique de estos artistas, quienes emplearon técnicas de manipulación y distorsión de materiales para reflejar las intensas emociones de una sociedad que había sido estremecida desde sus cimientos.

La soledad y el aislamiento son elementos comunes en todas estas obras, sea porque el mundo interior y espiritual que se explora en la comunión con uno mismo es la principal fuente inspiración o porque los resultados de estos eventos dejaron un sentimiento de desolación muy grande que no podía ser expresado solo con palabras. 

¿Por qué el aislamiento es fuente de inspiración para el arte?

La soledad y la creatividad están fuertemente relacionadas. Esta premisa es la que inspiró a Françoise Gilot, artista asociada al cubismo, a decirles a sus estudiantes de arte: “¿Cuántas horas pueden pasar solos durante un día, una semana, un mes, un año, la vida entera? Si pueden permanecer solos casi todo el tiempo, pueden ser pintores”; la que hace concluir a Otto Rank, en su libro Art and Artist (1932), que uno debe escoger entre dedicar la creatividad al arte o a las relaciones interpersonales; y la que nos permite a nosotros relacionar la imagen del artista con aquella de un personaje bohemio y huraño.

Françoise Gilot aislamiento
 Françoise Gilot, pareja del pintor Pablo Picasso (1947)
Raquel Revuelta

En Alone Together: Solitude and the Creative Encounter in Art and Psychoanalysis, Danielle Knafo, profesora de Psicología Clínica en la Universidad de Long Island, hace un análisis de esta relación y de la razón por la que el aislamiento en el arte no es nada nuevo. Knafo basa su investigación en que la soledad es un estado perpetuo de la subjetividad humana y la creatividad es la respuesta a la necesidad que tenemos de expresar esa subjetividad para comunicarnos y conectar con otros y, así, sentirnos realizados.

Pero no se trata de una relación directa, de causa y efecto, dice Knafo. Más bien se trata de un estado dinámico en el que nos aislamos, psicológica o físicamente, y buscamos conexión con otros, añorando, al mismo tiempo, la intimidad de los momentos a solas, aun si estamos rodeados de personas. Esta es la dinámica sobre la cual reflexionan varios artistas contemporáneos que ven con ironía la creciente soledad que hay en un mundo cada vez más unido por la tecnología.

Edward Hopper lo planteaba con sus cuadros, en los que se denota la melancolía y la soledad de la sociedad metropolitana que vivía en plena Segunda Guerra Mundial. En sus obras, podemos ver que no hay una soledad física, pero sí está presente la sensación de un retiro subjetivo de la posible conversación que pudiese ocurrir entre las personas retratadas. Y decimos “pudiese” porque ninguna figura parece estar hablando, apenas cruzan miradas a pesar de encontrarse juntas en un lugar que normalmente sería un hervidero de actividad, como si estuviesen esperando algo que no está allí.

Noctámbulos (1942) aislamiento
Noctámbulos (1942)
Edward Hopper

De la misma manera, Knafo concluye que parte de la razón por la que los artistas se refugian en la soledad es para encontrar confort en un ambiente en el que se sienten seguros, aunque también pueden recluirse para meditar y afrontar conflictos o traumas adquiridos a lo largo de sus vidas. Entonces, el aislamiento en el arte sería una forma de buscar una solución a estos problemas desde el análisis interior, con el lienzo convirtiéndose en un instrumento de catarsis y la pintura, en una manifestación del diálogo interno del artista en soledad. Si lo vemos bien, se trata del mismo proceso que Knafo describe anteriormente, en el cual la comunicación con otros implica un nivel de creatividad, solo que, en este caso, la conversación ocurre en la mente del artista.

Quizá las Pinturas negras de Goya nos den más claridad sobre esta forma de usar el aislamiento en el arte. Una década después de las guerras napoleónicas, un Goya sordo y recluido en la afueras de Madrid pintó sus últimas piezas más para él mismo que para el público. Sin una explicación oficial, las obras fueron expuestas luego de la muerte del artista y su interpretación se dejó a los ojos de expertos y críticos.

El aquelarre (1823)
El aquelarre (1823), parte de la colección de Pinturas negras
Francisco de Goya

El hilo conductor de la colección, además de un esquema cromático en el que predominan el rojo y el marrón, es una gama de sensaciones de pesimismo, incomodidad e incluso repugnancia que pesa sobre cada una de las obras. Esto tiene sentido para Knafo, pues explica que los artistas se ven especialmente afectados por las experiencias, Goya no solo pintó sus obras en soledad, sino que también se encontraba aislado del mundo gracias a su sordera, dejando al resto de sus sentidos la tarea de expresarse. Las motivaciones personales que los llevan a crear están conectadas a los sentimientos de dolor, pérdida o asombro y los momentos de soledad les permiten explorar el misterio de estos traumas que buscan resolver volcando su catarsis sobre el lienzo. 

Y esta no es la única forma en que los artistas utilizan la soledad como inspiración. Algunos han dado un paso más, convirtiendo el aislamiento en el arte en sí. Graciela Carnevale en 1968 hizo de su audiencia la pieza de su exhibición en Rosario, Argentina cuando encerró a todos los invitados a la exposición dentro de la galería en un mensaje de protesta contra la alienación a la que se veía sometida la población argentina durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. 

Acción de encierro (1968)
Acción de encierro (1968) de Graciela Carnevale
Hammer Museum / Galería Visor

Por otro lado, Chris Burden, en su pieza performance Five Day Locker Piece (1971), se convierte a sí mismo en la obra de arte al encerrarse en un casillero por cinco días seguidos, llevando al plano literal el aislamiento en el arte. Burden estaba confinado en un espacio muy reducido e interactuaba con otras personas durante los días, pero en las noches la soledad claustrofóbica era abrumadora. Una experiencia similar describen los artistas cuando hablan del alma encerrada en el cuerpo-objeto que desea algún tipo de conexión con otros.

No importa de qué forma o en qué tiempo histórico, el artista necesita la soledad para reencontrarse con sus heridas y sanarlas sobre un lienzo, una hoja o una instalación. De una reclusión forzada como esta, podemos sacar lo que Knafo llama un resultado regenerativo y, ¿quién sabe? Tal vez toda esta creatividad nos lleve a repetir el desenfreno de los años veinte y nos dé obras que valga la pena recordar dentro de cincuenta años más, demostrando cuán importante es el aislamiento en el arte.

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