Si un actor hetero interpreta personajes ‘queer’ no está mal

Impedir que un actor heterosexual interprete personajes ‘queer’ y viceversa está mal

Nos encontramos en la época de la cultura de la cancelación. Es por ello que constantemente, los social justice warriors —guerreros de la justicia social en español— juzgan las decisiones de un sinfín de compañías de teatro y productoras de cine y televisión con el objetivo de crear conciencia sobre temas como la igualdad de género, el racismo y la visibilidad queer.

No es raro que estos individuos sientan la necesidad de defender a grupos minoritarios sin tener un verdadero conocimiento sobre si los ayudan o no. Estas personas han logrado, incluso, que se detengan proyectos que cuentan con intérpretes heterosexuales representando a personajes queer dado que, a su parecer, es injusto que los miembros de la comunidad LGBTQ+ no tengan la oportunidad de darles vida a sus propias historias. 

Como espectadores, sabemos que las películas o las obras de teatro nos presentan ficciones que buscan ser congruentes dentro de su contexto, pero, a veces, asumimos que el único modo de lograrlo es mediante actores que tengan una conexión con las realidades que escenifican. Por esta razón, podemos sentir que un relato queer solamente puede ser contado con dignidad cuando son miembros de la comunidad LGBTQ+ quienes actúan en ellos, porque conocen mejor las situaciones con las que lidia este colectivo. Sin embargo, un buen intérprete no necesita sentirse completamente identificado con un personaje para hacer una encarnación respetuosa.

Carol queer
Cate Blanchett como Carol Aird en Carol (2015)
The Weinstein Company

Según teóricos de la actuación como la actriz alemana Uta Hagen o el director ruso Konstantin Stanislavski, el actor tiene como trabajo transmitir sensaciones y comunicar la idea del autor a través del personaje que debe encarnar. Un intérprete no necesita, en el caso de las historias LGBTQ+, identificarse como queer para que su actuación emocione al público, pues no hay razón por la que no pueda conectar con su personaje a través de sus propias experiencias y sentimientos, aunque no sea parte de la comunidad.

En la actualidad, se puede cuestionar el uso de intérpretes heterosexuales en relatos queer  porque tanto nuestra sociedad como la actuación han evolucionado, permitiendo que muchas minorías se integren a este arte, pero la verdad es que no siempre ha sido así. Por ejemplo, para nuestra generación quizá sea difícil imaginar representaciones escénicas en las que las mujeres no puedan participar, pero eso fue normal por muchos siglos en el teatro.

Los orígenes de la actuación van de la mano con el surgimiento de la tradición teatral en el Occidente, la cual comenzó cerca del año 500 a.C., con las tragedias griegas, según un artículo del Teatro de Carolina del Norte. Durante ese tiempo, este arte era exclusivo para los hombres, puesto que las mujeres eran vistas como seres inferiores y, de acuerdo a The Harvard Gazette, era considerado peligroso que estuvieran en el escenario, ya que podían despertar deseos impuros en los espectadores. Por esta razón, los hombres debían darles vida a los personajes femeninos.

 Paco León como María José Riquelme en La casa de las flores
Paco León como María José Riquelme en La casa de las flores
Netflix

Desde el inicio de su existencia, la presencia de la mujer en el teatro ha sido más que una regla, una excepción.

Laurence Senelick, autor de The Changing Room: Sex, Drag, and Theatre

La tradición que impedía que las mujeres actuaran se mantuvo en el mundo occidental hasta la popularización de la ópera en el siglo XVII, cuando se volvió necesario que se integraran voces femeninas a esta forma de teatro musical. No obstante, la Iglesia no estuvo totalmente de acuerdo con este cambio, por lo que empleaban a los castrati —cantantes masculinos que fueron sometidos a la castración durante su niñez para que conservaran su voz aguda— para interpretar los papeles que requerían sopranos, mezzosopranos y contraltos. Es por esto que la incorporación de las mujeres a las artes escénicas fue paulatina y no se normalizó hasta mediados del siglo XIX.

Sean Penn como Harvey Milk
Sean Penn como Harvey Milk en Milk (2008)
Focus Features

La falta de respeto por la actuación parece brotar del hecho de que todo profano se considera a sí mismo un crítico válido.

Uta Hagen en Respect for Acting

Hoy en día, creemos conocer todo lo que requiere una buena actuación debido a que crecimos viendo cine y televisión; sin embargo y como explica Uta Hagen —actriz y profesora de actuación alemana—, este arte requiere trabajo, estudio y habilidad, y no se trata simplemente de imitar la realidad a través de una fórmula. Esto es algo que muchos no saben, así que tienden a hacer afirmaciones sin sentido, como que seguramente todos los buenos actores saben mentir o que el ser histriónico es suficiente para interpretar correctamente un papel.

Lo que pocos conocen es que el elemento más importante en este arte es la emoción y esta, realmente, no es fácil de evocar. Konstantin Stanislavski, uno de los teóricos más relevantes de la actuación, afirmó que “en el lenguaje actoral, saber es sinónimo de sentir”. Es decir, el centro del conocimiento en este oficio es la afección; a través de ella es que el actor logra entender lo que plantea el texto teatral o el guion de cine con el fin de llevarlo a las tablas o representarlo ante la cámara. Es por eso que si tomamos Call Me by Your Name como ejemplo, veremos que lo que nos permite conectar con Elio no tiene que ver con el hecho de que Timothée Chalamet sea queer o no, sino con que creemos que el enamoramiento y los sentimientos que experimenta el personaje son genuinos.

Call me By Your Name queer
Timothée Chalamet como Elio Perlman en Call Me by Your Name (2017)
Sony Pictures Classics

Mientras que el trabajo de un guionista o un dramaturgo es crear una historia que exprese su visión sobre un tema o una premisa, y el del director es encontrar un modo de comunicar esa visión a través de su propuesta escénica o cinematográfica, la labor de un actor es transmitir emociones que le permitan al público sentir que lo que ve es natural y real dentro del universo que se le plantea. Al fin y al cabo, las personas somos seres sentimentales y aunque en ocasiones intentemos evitarlo, nuestro lado más humano y espontáneo está vinculado a las afecciones. 

Tanto Hagen como Stanislavski concuerdan en que lograr generar y transmitir esas emociones de forma orgánica requiere un trabajo previo. La actuación necesita de práctica, estudio y entrenamiento para construir lo que el director inglés Peter Brook denomina la vida inventada, esa versión “más concentrada y comprimida en tiempo y en espacio” de nuestra realidad con la que nos topamos como espectadores. Estos autores del arte de la interpretación afirman que para llegar a crear esa verdad en el escenario o en la pantalla, la investigación es crucial, pues ayuda a construir la caracterización de un personaje, la cual, además, debe concebirse tomando en cuenta el texto teatral o el guion cinematográfico.

El texto verbal de una obra, especialmente el de un genio, es la manifestación del […] poder concreto de expresar los pensamientos y sentimientos invisibles del mismo autor. Dentro de cada una de las palabras hay una emoción, un pensamiento que las produce y justifica su existencia.

Konstantin Stanislavski

En el libro Creating a Role, Stanislavki propone que la preparación para un papel comienza con la primera lectura de un texto o guion, pues a partir de ella el intérprete puede tener una impresión inicial de la historia. El director ruso afirma que este encuentro posee una frescura virginal, la cual deja una marca permanente en la actuación del sujeto. Las palabras del creador son el primer material que posee el artista para hacer su caracterización. 

Incluso los pequeños detalles dependen del texto, lo que significa que si existen personajes mal planteados en él, esto dificulta la tarea de los intérpretes. Un rol mal construido puede perjudicar la actuación de los artistas, así que si un papel queer es creado desde una unidimensionalidad que simplemente muestra características estereotípicas que le restan humanidad, existe una inconveniente difícil de eliminar por más que el actor haga su mejor esfuerzo. 

Jack Whitehall y Dwayne Johnson en el set de Jungle Cruise
Jack Whitehall y Dwayne Johnson en el set de Jungle Cruise
Dwayne Johnson

Un ejemplo de este problema es McGregor Houghton de la película Jungle Cruise, el primer personaje abiertamente gay de Disney, interpretado por el comediante Jack Whitehall. El estudio describió el papel como extravagante y con “mucha pluma”, lo cual no fue bien recibido por la comunidad LGBTQ+, cuyos miembros opinaban que Disney no mostraba respeto hacia ellos al basar su primer rol queer en una visión estereotípica que además sería interpretada por un actor heterosexual. Aseveraban que la compañía no estaba haciendo ningún esfuerzo por contribuir con una visibilidad LGBTQ+ justa y que, tal vez, un intérprete queer podría hacer más humano a un personaje mal planteado. Pero la verdad es que si un papel está mal escrito, el actor, sea parte de la comunidad o no, encontrará que no hay mucho que pueda hacer.

La película Milk, escrita por Dustin Lance Black —guionista homosexual—, presenta lo opuesto, debido a que estos personajes queer fueron construidos por un individuo que conoce la cotidianidad de la comunidad LGBTQ+. La mayoría de los actores eran heterosexuales, pero sus papeles habían sido concebidos como seres humanos complejos y reales que, además de ser homosexuales, tenían otras características que los definían, y eso permitió que las representaciones de Harvey Milk y Jack Lara funcionaran y transmitieran emociones auténticas.

Esté bien escrito o no un texto teatral o un guion cinematográfico, luego de su primer acercamiento al material, el actor debería dedicarse a hacer un estudio o investigación para entonces construir una caracterización. Según Stanislavski, el análisis le permite al intérprete familiarizarse con toda la obra y conocer mejor su función en la historia. Es un proceso esencial para que el actor pueda comprender por qué su personaje se comporta de algún modo o por qué toma ciertas decisiones.

Como actores, no debemos considerarnos inmunes a la necesidad de aprender sobre nuestro mundo, nuestro país y nuestra comunidad inmediata. Debemos llegar a la formación de un punto de vista.

Uta Hagen en A Challenge for the Actor
The Danish Girl
Eddie Redmayne como Lili Elbe en The Danish Girl (2015)
Focus Features

A través del estudio, los actores pueden conocer mejor tanto las vivencias de su personaje como esas de la cultura LGBTQ+ para interpretar un rol queer. Para The Danish Girl, Eddie Redmayne se dedicó a leer Man Into Woman, la autobiografía de Lili Elbe —artista transgénero que inspiró el filme—, y la memoria Conundrum, de la autora Jan Morris. También, se reunió con seis mujeres transexuales de distintas generaciones para hablar y conocer a fondo sus experiencias. Redmayne tomó toda esta información para entender lo que vivió su personaje y buscar un punto de encuentro con su realidad, y así dar con una buena actuación.

La conceptualización y la investigación son importantes para que el actor entienda el contexto del personaje o los motivos de sus acciones, pero todo esto pasa a un segundo plano cuando el intérprete está en escena. El análisis en la actuación funciona para que el artista logre comprender qué elementos de su propia experiencia debe tomar para representar orgánicamente todo lo que estudió, según Stanislavski. Y si bien este es un paso esencial, hay un punto en el que el actor debe dejar de ser un observador o un intelectual para convertirse en un participante activo que siente, reacciona y vive los acontecimientos planteados en el guion o el texto. 

Ahora, el actor no se convierte en su personaje a través del texto, de las palabras de su rol, del análisis intelectual o de otros medios conscientes de conocimiento, sino que lo hace a partir de sus propias sensaciones, sus emociones reales y sus experiencias personales.

Konstantin Stanislavski en Creating a Role

Según Uta Hagen, para dar una actuación genuina, el intérprete debe buscar dentro de sí una manera de identificarse con lo que siente el personaje. Cuando no es capaz de lograrlo, simplemente termina haciendo una mímica de los comportamientos del ser que representa. Lo realmente valioso de una interpretación es que esta pueda hacerles creer a los espectadores que las emociones y reacciones del personaje son auténticas, incluso cuando sabemos que esas palabras y esa historia no le pertenecen al actor. En Boys Don’t Cry, Hillary Swank logró interpretar un papel queer porque decidió cuestionarse en qué aspectos ella, como persona, no encajaba en el binomio masculino-femenino y al grabar la película se insertó en la historia de una manera tan intensa que incluso sintió que había perdido toda su feminidad, como le expresó a Entertainment Weekly en el 2000.

 Brandon Teena  queer
Hillary Swank como Brandon Teena en Boys Don’t Cry (1999)
Fox Searchlight Pictures

Si el actor es solo un compañero disciplinado que se desconecta parcialmente cuando no es su turno, no puede ser fiel a su obligación mayúscula, que es la de mantener un equilibrio entre su comportamiento externo y sus impulsos más privados.

Peter Brook en La puerta abierta

Aunque la actuación viene desde adentro y debe alimentarse de experiencias personales, nunca puede hacerse en solitario. Peter Brook explica que el trabajo no funciona cuando el actor simplemente hace la mímica de escuchar y reaccionar ante las conductas de otro intérprete, pues esto elimina toda posibilidad de que exista un contacto real entre ambos. El artista debe ver dentro de sí para saber cómo su personaje experimentaría una situación, pero en el escenario o en el set debe estar lo suficientemente alerta y presente para observar lo que hace su compañero de escena hace porque si no, pierde la oportunidad de representar al personaje como el ser social que es.

The Favourite
Rachel Weisz como Sarah Churchill y Olivia Colman como la reina Ana de Gran Bretaña en The Favourite (2018)
Fox Searchlight Pictures

La relación queer entre Rachel Weisz y Olivia Colman en The Favourite demuestra que la actuación es un trabajo en equipo, porque la dinámica entre las actrices en el filme hace sentir al espectador que existe un vínculo genuino que va más allá de la amistad entre ellas. Se puede notar en la pantalla que tanto Weisz como Colman tenían una construcción de personaje muy sólida, pero que no estaban ensimismadas, sino que vivían en conjunto la historia que debían representar.

Poco a poco, podríamos seguir ejemplificando todo lo que proponen distintos teóricos de la actuación acerca de lo que se necesita hacer para caracterizar un personaje de la forma correcta. Si tomamos en cuenta las enseñanzas de estos directores, actores y escritores, entenderemos que si bien la vida personal de un individuo es importante para este trabajo, su oficio no debe reducirse a imitarla en la pantalla o el escenario. Si fuese así, nunca veríamos representaciones de épocas diferentes ni de criaturas que no pertenecen a nuestra realidad.

Todos los buenos textos de teatro y los guiones de cine buscan crear personajes multidimensionales que sienten, reaccionan y opinan sobre su mundo. Si una obra o película involucra personajes queer y reducimos la esencia de los mismos a su vinculación con la comunidad LGBTQ+, estaríamos expresando que los homosexuales, bisexuales, transexuales e individuos de género no binario se caracterizan únicamente por su sexualidad o identidad de género. 

Todos los individuos somos más que nuestra preferencia sexual, todos somos más que las pequeñas etiquetas con las que la sociedad nos clasifica, y la actuación del intérprete debería reflejar tanto la identidad sexual de su personaje como otros aspectos de su vida. Si el actor hace su trabajo con respeto y siéndole fiel a la historia que se cuenta, no existe razón por la que boicotear el proyecto. Dejemos de cuestionar quiénes deben interpretar personajes queer y empecemos a preguntarnos cómo lo hacen para, entonces, tener bases para argumentar en contra de las malas representaciones que sí perjudican a la comunidad LGBTQ+, las cuales no son lo mismo que esas hechas por un actor heterosexual.

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