GOMA: Gemologías Oportunas Minorías Agitadas - The Amaranta

GOMA: Gemologías Oportunas Minorías Agitadas

Las gemas de arte contemporáneo que la bestia encontró bajo las piedras

Esto es lo que quiero decir con el fin del arte. Significa el fin de cierto relato que se ha desplegado en la historia del arte durante siglos y que ha alcanzado su fin al liberarse de los conflictos de una clase inevitable en la era de los manifiestos.

Arthur Danto, Después del fin del arte (1996)

En su flexibilidad porosa, en su multiplicidad curiosa, inestable, libre, la gente de GOMA no se infla ni se desinfla, no se hincha aerostática en el helio mágico de la altura de la desmesura, ni se derrama flácida sobre el asfalto de apáticas modestias ni sentimientos de derrota.

Rafael Castillo Zapata, Poros flexibilidades y multiplicidades curiosas (2019)

En mi opinión, la vida es muy corta para dedicarme a buscar el arte y hablar de estos temas, y toda esa mierda que pasa en este planeta tan insignificante llamado tierra, que es matemáticamente inexistente para el resto del universo. Aunque generalmente lo que haga se suela exponer en galerías de arte o en algún centro, esto no va a cambiar mis ideales.

Abdul Vas, entrevista para PAC (Plataforma de arte contemporáneo), (2011).
GOMA
GOMA, 2019
Ezequiel Carías

Abraham Araujo, “el hombre detrás de la bestia” —como le dice Pedro Marrero en el texto que acompaña la muestra—, el hombre detrás del devenir-animal deleuziano que en lugar de convertirse en cucaracha como el Gregor de Kafka, se transfigura en la forma o sin-forma de una criatura curiosa y ávida de estímulos que se alimenta del sonido, de la imagen, del arte y de la cultura popular sin distinción entre lo bajo y lo alto para digerirlos en una serie de artefactos de esparcimiento como respuesta al monotema y a los lugares comunes de la escena cultural caraqueña, y a la que ha bautizado con el nombre de: Bestialo Culapsus. Aunque surge como una bestia de dos cabezas: la de Araujo y la de Gustavo Dao, sobre quien ahondaremos más adelante, el proyecto ha quedado en manos del primero, quien es hoy artífice y curador de GOMA, una plataforma de difusión artística que parte justamente de esa inquietud de buscar más allá de lo evidente, lo que está agazapado bajo la superficie, lo que se halla debajo de las piedras.

El proyecto cultural Bestialo Culapsus: Artefactos y Esparcimiento nace en 2008 como una respuesta natural y humana al tedio de la vida nocturna caraqueña, monotemática y anquilosada en lo conocido, en lo común. Con las fiestas 0-800® en locaciones secretas de la ciudad, empieza Abraham Araujo a sacudir la escena, a desacomodar lo acomodado, para luego incursionar en otros ámbitos culturales como la organización de proyecciones itinerantes de cine de culto, publicaciones independientes, fanzines, conversatorios, ferias editoriales como Un Zine Fin de Semana, talleres y hasta una emisora de radio web llamada Una valiente nueva radio (UVN Radio/A Brave New Radio), que transmitía sesiones en vivo a través de Facebook live y en la que el primer interés de Araujo —la música— sería motivo de una investigación exhaustiva que aglutinaba en cada emisión temáticas específicas como el silbido u otros sonidos que daban cuerpo al discurso del programa. 

Desde el 2014 la curiosidad de Araujo por todo aquello que sea estética e intelectualmente estimulante lo llevó a indagar en distintos proyectos de artistas venezolanos dentro y fuera del país. Estos fueron los primeros indicios de GOMA, una plataforma que busca renovar la escena del arte y promover trabajos de relevancia y alta factura desde una periferia que ha pasado desapercibida por el público y por los espacios de arte contemporáneo en la ciudad. Tras cinco años de intenso trabajo de curaduría, Araujo AKA Bestialo Culapsus, logró armar la primera muestra de este proyecto, que desde el 21 de julio exhibe los trabajos de diecisiete artistas en los espacios de la Galería GBG Arts en la ciudad de Caracas, con la museografía de Ricardo Báez y Mario Matos acompañada por los textos de notables escritores y críticos de arte como Pedro Marrero, Rafael Castillo Zapata, Amílcar Ortega y un video testimonial a cargo del historiador Ariel Jiménez que puede verse al inicio de la exhibición junto a las entrevistas de los artistas participantes. 

GOMA flyer

“Que un espacio comercial como la Galería GBG Arts se abra a la producción de esos jóvenes, esos jóvenes que están enfrentándose a situaciones que mi generación no tuvo que enfrentar a la misma edad”, afirma Ariel Jiménez en su testimonio, destacando justamente estos elementos diferenciadores y disruptivos de la muestra. “Me interesa también en particular el hecho de que ellos aborden las artes visuales a partir de experiencias profesionales que no son tampoco tradicionales para los artistas de las artes plásticas, para los pintores, los escultores, que vienen de una tradición plástica muy concreta”, agrega. Se trata de un proyecto que viene de una generación que abarca entre los 22 y 38 años, es decir, artistas que en 1998 quizá no habían nacido o eran muy jóvenes para votar y cuyos mejores años de infancia y adolescencia estuvieron ineludiblemente trastocados por los inicios de una coyuntura política que hoy nos es muy familiar. Nos referimos, pues, a nuestra generación, la de la diáspora, la de las fiestas de despedida y las llamadas grupales por Skype. Estamos todos atravesados por ese discurso, sea por los que se han ido o por los que están y quieren irse, de ahí la vigencia de esta muestra, porque es un registro que da cuenta de una realidad generacional muy distinta a las que le precedieron. Se trata de un imaginario “estallado” y atomizado en lugares tan diversos como Japón, Australia, España, Bélgica o Estados Unidos, una venezolanidad fundida en otras culturas que manifiesta modos de vida y de creación completamente peculiares, pero a la vez amalgamados en la viscosidad de la nostalgia y del estado de conciencia del inmigrante; del síndrome de Ulises que padecemos todos, incluso quienes no nos hemos ido, porque extrañamos un país que no está más.

Jeanne Jiménez
Jeanne Jiménez 
Josselin Chalbaud

Los cruces geográficos se alimentan también del cruce de disciplinas que componen la muestra. A excepción de unos pocos, como es el caso de Aquiles Hadjis o Luz Carabaño, que sí tienen una formación académica en Bellas Artes, la mayoría de los participantes provienen del diseño gráfico, como Araujo, de la ilustración o la publicidad, de ahí la heterogeneidad y la singularidad de propuestas que parecen tensar las cuerdas de los círculos del academicismo artístico, buscando formar nuevas tramas de sentido y al mismo tiempo desafiar al discurso dominante en torno al alto y bajo arte, que es quizá la demostración del más puro espíritu de contemporaneidad, ya que, después de todo, nos encontramos en un contexto mundial en el que el Arte, con A mayúscula, el de los grandes relatos y manifiestos ha muerto.

 Alejandro Beltrán GOMA
Alejandro Beltrán
Daniel Benaim

“Eppur si muove” —y todavía se mueve—, dice Galileo cuando la Inquisición le increpa sobre el movimiento de la tierra, porque sí, a pesar de dónde estemos, de lo que como país nos esté ocurriendo, el planeta sigue su curso y los problemas estéticos, completamente ajenos al microcosmos de nuestra coyuntura, continúan seduciendo la curiosidad de estos artistas venezolanos desperdigados por el globo. Son inquietudes personales que se alimentan de lo que ven, de la cultura que les rodea, y que al mismo tiempo documentan este momento histórico que es la generación de la diáspora, “porque efectivamente el mundo sigue existiendo, zonas felices siguen existiendo, el cosmos sigue existiendo más allá del planeta, los problemas de la vida sobre la tierra siguen existiendo”, concluye Ariel Jiménez. 

Pedro Medina GOMA
Pedro Medina (detalle)
Ezequiel Carías

En su texto GOMA, plataforma moldeable en crecimiento,  el escritor Amílcar Ortega cita a Séneca: “Una gema no puede pulirse sin fricción, ni un hombre perfeccionarse sin enfrentar dificultades”, aludiendo a cómo los tiempos de crisis han sido capaces de germinar los más ricos e interesantes movimientos artísticos. Y es que los 17 artistas que conforman la muestra: Germán Adolfo, Igor Bastidas, Alejandro Beltrán, Luz Carabaño, Gustavo Dao, Carlín Díaz, José Ostos, Aquiles Hadjis, Daniella Isamit, Abraham Araujo, Jeanne Jiménez, Pedro Medina, Sebastian Merkl, AV/CV, Angyvir Padilla, Darío Utreras y Abdul Vas, oriundos de distintas ciudades del país, provenientes de diversas disciplinas: la publicidad, el diseño gráfico, la fotografía, la pintura o la ilustración, y emigrantes regados por el mundo —con excepción de los tres que aún están en el país—, desde Japón y Suriname hasta Francia, Bélgica o Argentina, son estas gemas que con la fricción de un país estallado han pulido un cuerpo de trabajo que en su caleidoscopia muestra los refrescantes futuros alternativos del arte contemporáneo en el país, más allá de lo conocido y de la rutinaria y abarrotada preocupación por el tema político. GOMA le inyecta una estética refrescante a la escena artística de la ciudad, zanjando la ortopedia de la mirada del crítico e invitando a los espectadores a seguir la máxima de Kant: Sapere Aude —¡piensa por ti mismo!— para comprender el sentido de los trabajos o darles ellos mismos el sentido que quieran: “Ya saben qué hacer”, les dice Aquiles Hadjis a los visitantes en su entrevista para la exposición. 

 Aquiles Hadjis GOMA
Aquiles Hadjis
Josselin Chalbaud

Se trata de un grupo de artistas provenientes de la periferia, que no se pliegan al discurso de los academicismos, de los otros ismos, de los Soto, de los Cruz-Diez o de los Reverón, pero esto no quiere decir que sean novatos o que el arte sea un hobby para ellos, es claramente más que eso, es una curiosidad desbordada que devora cuanto medio analógico o digital tengan a su alcance. 

En el caso de Igor Bastidas, nacido en Caracas y radicado en Nueva York, su formación como ilustrador y diseñador gráfico lo ha llevado profesionalmente a involucrarse en proyectos para prestigiosas publicaciones como el New York Times, The Guardian o The New Yorker, un trayectoria de varios años que se manifiesta, también, en distintas propuestas comerciales para grandes como Apple o Google, y personales, asimilando el formato GIF animado, maximizando la economía y potencialidad de este medio en la repetición infinita de su historia como inmigrante en Brooklyn, pieza que exhibe en GOMA.

via GIPHY

Carlín Díaz, caraqueño establecido entre París y Bruselas, es otro caso interesante de este grupo de artistas que tienen una exitosa carrera trabajando en distintas áreas. Como diseñador gráfico y director de animación, Díaz ha trabajado para importantes casas de moda como Prada, pero también se ha diversificado en un corpus de trabajo multidisciplinario que va desde el collage textil y el GIF animado, así como la pintura, exponiendo su trabajo en distintas galerías en diferentes partes del mundo como en Berlín y Glasgow y siendo reseñado, también, en reconocidas revistas de diseño como DEZEEN o It’s Nice That. Con una estética descrita por Marrero como psicodélica y abstracta, influida por las líneas reconocibles de un Léger o un Miró y cargada de un “erotismo pastel”, Díaz despliega su voracidad creativa y transversal para presentar un conjunto sólido y coherente de obras en su primera muestra en Caracas. 

via GIPHY

Carlín Díaz
Daniel Benaim

Un elemento que destaca en esta exhibición además de la curiosidad y la multidisciplinariedad de sus artistas participantes, es el erotismo con el que están impregnados algunos de los trabajos. El Big Dick Selfie de Gustavo Dao, egresado de la Escuela de Comunicación Visual Prodiseño y co-fundador con Abraham Araujo de Bestialo Culapsus: Artefactos y Esparcimiento en 2008, una ilustración originalmente comisionada para la revista de porno softcore Jacques Magazine, según relata Marrero, reclama el lugar de la pulsión erótica y salvaje del cuerpo. Esta expresión cruda de la más alevosa bestialidad del subgénero del selfie está impresa, además, sobre un tapiz de casi dos metros de longitud, como para que el miembro hinchado de virilidad y autoerotismo desafíe todas las hipermetropías, los astigmatismos y las miopías. 

Big Dick Selfie (Detalle)/ Gustavo Dao 
Ezequiel Carías

El otro erotismo, el de la calle, el de la ciudad dispuesta a matarte, está en el trabajo fotográfico del más joven de los expositores, Sebastian Merkl, venezolano que camina Caracas en búsqueda de aquellos cuerpos que le interpelen, de lo inesperado y lo convulso, del caos que le abre las fauces para devorarle, y al que él le responde con la promesa o la amenaza de un “Te cojeré [sic]”, como reza uno de los muros retrata. Son cuerpos semidesnudos, amistades que comparten su mirada cómplice con el lente de su cámara analógica, la prótesis que lo completa y que pase lo que pase siempre busca su camino de vuelta. Dos veces se la robaron, dos veces la recuperó. Las casualidades que calman, pero que inquietan. 

Sebastian Merkl
Daniel Benaim

De lo uncanny de lo inquietante sabe también Luz Carabaño, nacida en Maracay, graduada en Artes en la Universidad de Nueva York (NYU), quien en un giro irónico juega con su habilidad de mimesis para transformarla en retruécanos de figuras conocidas y darles un giro fantástico que nos haga dudar. Juega también con lo mal dibujado, con el garabateo hiperquinético de los niños para profanar el lugar sagrado del Arte, con A mayúscula, algo así como hacerle un rayón a una pintura de Manet en el MoMA. 

Luz Carabaño
Daniel Benaim 

Lo único más profano para los conservadores de las academias y los discípulos de las bellas artes es, quizá, difuminar los límites entre la alta y baja cultura, entre lo popular y lo intelectual, entre las caricaturas japonesas y las más profundas reflexiones de un Werner Herzog, porque si no buscamos más allá de los estímulos usuales, nos aburrimos. De la vacuidad que origina la creación: de imágenes, de sonidos y de sentidos, el gemólogo detrás de la bestia, Abraham Araujo, nacido en Caracas, también exhibe en GOMA una instalación sonora a la que ha llamado A Letter To God Even When God Won’t Read The Letter called: Major Tectonic Shifts Going On, una carta a punto de partir halada por unos globos negros mientras que la grabadora y los audífonos Sony mantienen a resguardo el ensayo sonoro que sobre el aburrimiento armó el curador de la muestra. Entre voces de caricaturas, bostezos y entrevistas a celebridades y artistas de alto calibre, el compendio sobre el letargo y la modorra se nos presenta como un proceso iniciador del proceso creativo, el proceso detrás del proceso, después de todo: ¿qué es el origen de todo, sino el gran bostezo del universo? 

Para Araujo, egresado de la Escuela de Comunicación Visual Prodiseño y apasionado de la música desde muy joven, lo sonoro y lo visual están íntimamente ligados a un interés por lo raro, por las líneas que difuminan la cultura popular y lo más elevado de las bellas Artes. Es esa curiosidad, esa motivación de investigador por lo estimulante, por las rarezas y las problematizaciones, lo que lo ha impulsado en sus diversos proyectos y, en el caso de GOMA, el criterio desde el cual parte para seleccionar cuidadosamente las obras de esta muestra. 

A Letter To God Even When God Won’t Read The Letter Called: Major Tectonic Shifts Going On (Instalación) / Abraham Araujo 
Ezequiel Carías

Las múltiples combinaciones de palabras con las que Araujo jugó para completar el acrónimo de GOMA finalizaron en estos cuatro términos que le dan nombre a la plataforma: Gemologías Oportunas Minorías Agitadas, como una suerte de magma que se desborda en la curiosidad visceral de los artistas que forman parte de la muestra. Sean los dioses de un fanático de AC/DC como Abdul Vas; las tonadas, la cerámica y el carbón de Angyvir Padilla; las pieles tumbadas al sol del blanco de orilla Alejandro Beltrán; las Getas sonoras de Aquiles Hadjis o el ruido blanco de todos los discos de Bob Marley comprimidos en el LP de Daniella Isamit, lo que los aglutina está más allá de una estética: es el denominador común de una minoridad que produce nuevos significados, que teje nuevas tramas de sentido partiendo de indagaciones puras, no domesticadas por los discursos academicistas, para digerirlas en forma de arte.

 La máxima de Joseph Beuys, “Todo hombre es un artista”, describe esta capacidad humana de modificar el entorno, de hacer arte partiendo de todos los medios posibles, de problematizar, de documentar y de satisfacer una necesidad absolutamente individual de crear. Por eso estas minorías agitan, desacomodan, increpan y hasta inquietan, porque el arte es hacerse preguntas, preguntarle al otro y confiar en que este las responda a su modo. GOMA es el registro de una generación diseminada por el mundo que quiere agitar(nos) y no pasar más desapercibida. 

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