Virgin AF en una clase de Sexualidad Humana

Awkward AF es lo que es.
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Como dijo mi amiga y mentora Cher, yo no me identifico como una persona súper conservadora, o “prude” -como ella lo pone-, el problema es simplemente que mi crianza obstruye en la vía de poder disfrutar o aceptar plenamente el aprendizaje sexual tal y como es.

Verán, desde que nací y tuve edad suficiente, estoy en un colegio católico de monjas, solo para niñas; es decir, los niños me daban asco por lo menos hasta cuarto grado. Lo más cercano que estuve a una educación sexual fueron dos materias: la primera llamada “Soy Mujer”, en la que te daban los argumentos fisiológicos de por qué eres mujer y qué hacer al respecto, y la segunda fue la típica clase de Salud que dan en todos los bachilleratos, menos el condón y todo eso. Sin embargo, por razones que creo yo que tienen que ver con los tabúes y religión del colegio, varias informaciones fueron omitidas o censuradas, dejándome completamente clueless (como Cher) sobre muchísimas cosas que tienen que ver con la sexualidad.

Ahora que estoy en la universidad, he descubierto muchísimas cosas solo por grupos de Whatsapp o conversaciones de extraños en el cafetín sobre este tema tan ignoto. En espíritu de conocer más (y en parte porque una amiga me dijo que era fácil la clase), decidí inscribirme este trimestre en la electiva de Sexualidad Humana.

Ni siquiera se ha acabado el trimestre y les puedo decir que ha sido toda una revelación en varios sentidos.

Primero, si no había discutido mucho de este tema con mis amigas, mucho menos lo había hecho con hombres presentes. En esta electiva, la población masculina representa ¾ de la clase, y de las niñas no conocía a ninguna. Fue territorio desconocido para mí, pero lo he ido conociendo poco a poco.

Entrando a la clase la maestra preguntó si teníamos pareja, de ser así cuánto tiempo llevaban, si teníamos hijos (I know, wtf), de dónde provenía la educación sexual que teníamos y qué nos habían dicho.

A estas alturas del artículo ya se estarán imaginando mi intervención, pero se las dejo igual:

“Hola, soy Federica. No tengo pareja porque estoy casada con mis trabajos. La educación sexual que tengo proviene de los chinazos de mis amigos, y creía que -según me habían dicho mis padres-, mi papá le ‘había puesto una semilla en la barriga’ a mi mamá para que yo naciera como hasta 2do grado, de ahí sé lo que me enseñaron en el colegio, que si soy sincera, no es mucho que digamos”.

Varios se rieron y esa era la intención. Para mi, el humor es el mejor disfraz del desconocimiento.

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Les contaré más o menos cómo me ha ido en cada clase:

En la de sexualidad en las religiones, participé bastante. Sabía sobre la religión católica (duh), el judaísmo y el islam. Ligar las creencias con la religión no fue algo que me costó mucho.

Durante la clase de genitales masculinos, ni hablé. Es como si no hubiese estado. La profesora preguntó primero todos los nombres que se le asignaban al pene, coloquiales o no. Nunca había escuchado tantas maneras de llamar al órgano reproductivo masculino. Después mostró una imagen describiendo sus partes y para rematar mostró cómo estimular la próstata (las palabras "nuez" y "suaves caricias" estuvieron dentro de la enseñanza). Si me hundía más en mi asiento me iba caer.

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La clase de genitales femeninos fue un poco mejor, me sabía varias cosas gracias a mis clases del colegio, pero de igual manera ver a hombres hablando abiertamente de vaginas y el punto G fue bastante raro e incómodo para mí.

El problema real vino en la clase sobre afrodisíacos y los anafrodisíacos, cuando mis compañeros decidieron abrirse y comentar sobre sus experiencias sexuales. Aprendí sobre los efectos de la sopa fosforera en los hombres, la técnica de la menta “Halls” (díganle a un amigo que les cuente si no saben), y mucho más.

No puedo mentir y decir que me uní a la conversación o que estoy completamente a gusto con este tipo de aprendizajes, pero me estoy acostumbrando a escuchar este tipo de cosa y tener un pensamiento crítico sobre ellas.

Venezuela no es el 3er país de latinoamérica con embarazo precoz del mundo porque la gente está empapada de sabiduría sexual; al contrario, es la ignorancia y la incertidumbre la que nos han traído hasta acá. Es ahí cuando uno empieza a ver la real importancia de clases como esta.

Honestamente, es el siglo XXI, ¿los carros que vuelan están a la vuelta de la esquina y todavía no podemos decir “vagina” sin que suene como un insulto a nuestra mamá?

Sé que tengo mucho que aprender, pero sé que hay mucha gente que duda de este tema, así que aunque me incomode, me propongo responder cada pregunta sobre sexualidad humana que me sienta capacitada para contestar correctamente.

La palabra “vagina” no se va a ir a ningún lado, así que mejor es que nos acostumbremos.