Los efectos de los cigarros electrónicos - The Amaranta
Ni te hace lucir como Johnny Depp

El cigarrillo electrónicoo, como es mejor conocido “vape” ha sido desde hace algún tiempo el juguete favorito de los faranduleros de oficio. Las razones por las que esta tendencia se ha impuesto entre los jóvenes son variadas. Desde “es que tiene sabores” hasta “es que quiero dejar de fumar”. Sin embargo, le han construido un pedestal a un objeto que no hace mayor diferencia ni en su apariencia ni en su salud.

¿Sabes cuando recibes un regalo de Navidad y no dejas de hablarle a tus amigos de eso? Algo así ocurre con el cigarrillo electrónico. Incluso a veces, más que un niño emocionado por su nueva adquisición, sus usuarios parecen una nueva generación de empleados de Herbalife, o defensores de la sagrada palabra de Game of Thrones, que tratan de convencer a las masas de lo transcendental de este producto.

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La primera vez que vi uno fue el la película de The Tourist (2011) en la que el personaje de Johnny Depp, galantemente, presumió de su avanzada pieza frente a una Angelina Jolie con exceso de maquillaje y un vestido demasiado pesado.

A pesar de sus atractivos movimientos a lo Jack Sparrow, el cigarrillo electrónico no causó mayor efecto en su interés amoroso por una razón que yo misma he defendido: usas la herramienta del cigarrillo sin explotar el “potencial” de uno. Así que ni defiendes ni una, ni otra postura. Porque sigues fumando algo que ni siquiera vale la pena aspirar en primer lugar.

Pero sé que ese es un argumento poco sólido para alguien que defiende esta práctica con su vida. Resulta que desde su invención en el 2004 por un farmacéutico chino, los sistemas de salud de distintos países del mundo han estado estudiando sus beneficios y sus efectos dañinos.

Si tu defensa está basada en que “el cigarrillo electrónico te ayuda a dejar de fumar” pues te traigo una noticia de último minuto: en un estudio hecho por American Heart Association se dice que si quieres utilizar este artefacto como Terapia de Sustitución de Nicotina, los resultados serán, en su mayoría, negativos.

“Los estudios basados en la población que reflejan el uso real de los cigarrillos electrónicos detectaron que el uso de estos dispositivos no está asociado con dejar de fumar de forma exitosa. Todos estiman la probabilidad de abandonar el tabaco es tan baja en el caso de usar cigarrillos electrónicos como en el caso de los parches de nicotina y que todos los tratamientos produjeron tasas de abandono muy modestas sin ir acompañadas de asesoramiento”.

Es decir, el amigo que te dice que gastará quince dólares en un vape para dejar de fumar por fin, te está viendo la cara de idiota. Es como si te dijera que está en una dieta solo ensaladas mientras come papas fritas con salsa de tomate porque “son vegetales, procesados pero vegetales al fin”.

Bueno, tal vez no tan así. Pues el cigarrillo electrónico sí está comprobado que trae menos toxinas que el cigarrillo convencional, pero no por eso se salva de la condena.

Mi crítica reposa en la excusa de adquirir uno de estos vapes para renunciar a un hábito que en realidad solo estás sustituyendo. Como un alcohólico que dice que deja la bebida pero sigue tomando sangría de frutas. Hay muchas otras razones para usarlo, tal vez el asunto de los sabores (que son carísimos, por cierto) o por el hecho de querer probar algo diferente.

Pero no vendas un producto con un discurso falso. Porque no te hace ver cool y no te salva la vida tampoco. Si quieres dejar de fumar, breaking news, enfrenta tu período de abstención como cualquier otro mortal, sin cigarros, parches, ni sustitutos.

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