2 semanas de ejercicio, 5 días a la semana - The Amaranta

Un reto que parecía suicida

Para alguien que no ha hecho ejercicio nunca y además come tocineta como si fuese mandarina
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Una vez más, me encuentro sentada frente a mi computadora tratando de recordar por qué dije que sí a formar parte de un challenge. Otro juego macabro, propuesto por el sospechosamente diabólico team de The Amaranta.

Por impulsos de terquedad; por ganas de demostrar que todo lo que se supone que es un reto para mi, no va a ser más que un cambio ligero de rutina; por demostrarme a mí misma que puedo hacer lo que me proponga; por vanidosa o porque simplemente soy una antojada, ya con este van 3 challenges que ponen a prueba mi compromiso, capacidad de probar cosas nuevas e inevitablemente mi sanidad mental.

Todo empezó un día en que mi editora, el pequeño minion morado que lleva por nombre María Teresa Vallenilla, decidió retornar a su estilo de vida saludable que implicaba una buena rutina de ejercicio. Por recomendación al estilo sobremesa con “las chamas del colegio” terminó uniéndose a una propuesta nueva de ejercicio que es el hijo de una mezcla de un bootcamp, entrenamiento en equipo y gimnasio con atención personal. Ahí fue cuando inició un tipo de ejercitación física que no solo le fascinó, sino que se empeñaba en vendérmelo como lo hacen las mujeres de los infomerciales en la televisión durante horario matutino.

“Si te unes ya, no solo tendrás un cuerpo espectacular sino que notarás una gran mejora en tu estado de ánimo. Ejercicio = endorfinas ¡no hay nada que perder!”

Por supuesto, yo teniendo una legendaria carrera fracasando en cuanto deporte se haya inventado, si me unía al plan de Mate, mi reputación como odiosa de toda actividad física corría riesgo.

Naturalmente, decliné todas las propuestas y a pesar de que sabía que los beneficios le ganaban a la flojera de hacer ejercicio que respaldaba todos mis argumentos, estaba negada rotundamente a acompañarla a sudar.

Es que eso es lo que me pasa, mi experiencia con los deportes es traumática, perdí en todos los partidos de fútbol, kickingball, basquet y la ere en el colegio, mi coordinación ojo-mano es parecida a la de un ciego, y el hecho de trotar en una caminadora en un gimnasio donde repetición es igual a éxito, me recuerda a un laboratorio de ratas. Además no me gusta sudar, me parece que el sudor son las lágrimas del cuerpo diciendo que la está pasando mal.

Aquí es donde “El Negro” entra en juego, el fundador del plan de ejercicio en cuestión, un chamo moreno (ergo el nombre) que se nota tiene más fuerza en los párpados de lo que tiene cualquier mortal en todo el cuerpo. Este hombre y mi siniestra editora tuvieron la genial idea de crear un reto en el que la escritora de The Amaranta menos apta físicamente, intente 2 semanas enteras de ejercicio en GC Athletic Center, para que luego narre su experiencia a ustedes queridos lectores.

Sí, esa soy yo.

De esta manera, el Hobbit malvado que es mi mejor amiga y jefa, logró hacer que las cosas salieran como ella quería. En una sola movida tenía un buen artículo y una compañera de sudadera.

Por no pintar a esta revista digital tanto como un lugar oscuro y totalitarista, Mate me hizo la propuesta y yo, por la tendencia impulsiva de la que hablé antes, respondí con los ojos abiertos y con tono de sifrina caraqueña:

“OBVIO”

Antes de que pudiera chistar, casi me hizo firmar un contrato en sangre, que evitara que me podía retractar del challenge.

Como diría mi madre, ya estaba montada en el burro y en vez de quejarme la semana previa al reto, más bien compartí con mis amistades mis emocionantes nuevos planes de vida saludable y activa.

Comentarios desalentadores (no en tono de crítica sino porque saben de mi estado físico) llovieron de las bocas de todos, uno de ellos que ya llevaba meses en GC Athletic Center, incluso sugirió que iba a morirme, literalmente.

La cuestión es que lo normal para los novatos en GC es desmayarse, sufrir semanas con dolores post entrenamiento y la parte que más me emocionaba, sudan como si los hubiesen bañado con ropa.

Temblorosa como un chihuahua frente a un pitbull, fui a conocer al famoso Negro antes de mi ya asumida tortura. Para mi muy grata sorpresa, me topé con un personaje carismático, interesado y atento que disfruta tanto su centro de entrenamiento, como todos lo que asisten a él. Le comenté de mi “condición antiatlética” y además le participé que una lesión mal curada cuando estaba terminando bachillerato, me cobró factura en la rodilla por lo que me van a operar a principios del año que viene. Interesado por ver mi evolución y asegurandome que iba a cuidar de mi rodilla, nos dimos la mano y prometí dar lo mejor de mí.

Qué cursi la última oración.

Condiciones

- 2 semanas de ejercicio.

- 5 días a la semana.

- llegar a tiempo.

- cuidar de la rodilla.

- mostrar mi evolución a través de stories en Instagram.

- no morir.

And so, let the games begin.

Mi perfil

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Semana 1

Era lunes y se celebraban los cumpleaños de octubre en The Amaranta, por supuesto la presencia de dulces, cigarros y bebidas espirituosas derivadas de cebada era obligatoria y mientras se acercaba la hora de partir a una de las sedes de GC en Cerro Verde, mi cuerpo y mente estaban cada vez más negados a ir. Con apoyo de toda la oficina, llamé a Mate a pedir permiso de faltar a mi primer día de entrenamiento y con un fulminante “Ainoa, es tu trabajo”, me puse mis zapatos de goma y rodillera, y salí cabizbaja a las 6:00 p.m. a hacer ejercicio.

Música fuerte y un grupo de gente que parecía que hacía ejercicio en el vientre de sus mamás me esperaban, y ahí empezó el mambo. Roberto es parte clave del proceso también, mano derecha del Negro y chamo buenas vibras especializado en ser esa voz que temes porque es la que anuncia el cambio de estación. A este joven con pinta de noruego navegado, me le presenté y le avisé que El Negro sabía que yo no podía hacer nada de impacto por la rodilla chueca, razón por la cual, el calentamiento que consta en trotar un buen rato, en mí se modificó a squads, saltar cuerda, jumping jacks y un paso extraño en el que solo movía las rodillas en círculo.

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No llevaba 15 minutos y ya no podía respirar. El Negro y Roberto, dedicando especial atención a mi respiración y rodilla me guiaron para que pudiese sobrellevar el circuito que habían planeado para ese día, por supuesto, no sin antes grabarme y burlarse sanamente de mí.

Con la lengua en el piso y el aspecto más horrible que había tenido en años me retiré de GC con la advertencia de que si mañana no iba, no me iba a poder mover. “Pura paja” me dije.

El martes fui en la mañana a las 7:30 a.m. a la otra sede en San Luis y mi mamá me tuvo que ayudar a vestir porque no lo podía hacer sola del dolor. El mismo plan de calentar y realizar un circuito integral de ejercicios que en Cerro Verde, pero en grama y al aire libre.

Mi dolor infinito desapareció apenas comencé a hacer squats y unas cosas que se llaman burpees que son horribles. De nuevo, terminé agotada, sudada, pero extrañamente activa el resto del día.

Para el miércoles ya había entendido la magia del lugar, este fue el día en que consideré amputarme las nalgas para ver si así me dejaban de doler de las agujetas, sin embargo quería volver. El ambiente de música alta, el grupo de personas que va que te motiva para que puedas completar los circuitos con ellos, la severidad sana del Negro y la paciencia de Roberto creaban una atmósfera que además de hacerte sentir cómodo, te motiva a querer seguir con ellos.

Repito, el miércoles sentía partes de mi cuerpo que ni idea que existían. Hay un músculo en los hombros que tuve hasta que buscar en un libro de anatomía de la sorpresa que me llevo saber que estaba ahí.

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Mitad de semana y todo fluía bien, lo bueno de este tipo de ejercicio es que es sin máquinas, eres tú el que le exige a tu cuerpo y si acaso con la bonita ayuda de una cuerda de saltar o unas pesas.

El jueves me sentía profesional, a pesar por supuesto, de mi evidente tosquedad y poca gracia haciendo ejercicio, sentía que le iba llevando el ritmo a la cosa y aunque en las noches llegaba agotada y a mi cama clavado olímpico, estaba más activa durante el día.

El viernes le confesé a Mate que lo de las endorfinas y la felicidad tenía que ser cierto. Con la peor actitud del mundo acepté que ella tenía razón y en una semana ya me sentía la reina del arroz con leche.

Semana 2

Luego de pasarme un fin de semana entero insistiendo en que mi cuerpo sí se veía mejor, que ya estaba más flaca y que las nalgas de seguro semejaban un par de pelotas de fútbol, las ganas con las que me presenté el lunes a GC eran similares a lo emocionante que es ver que hay punto de ventas en el puesto de empanadas.

El martes, porque si vas a hacer las cosas, las vas a hacer bien, como era Halloween, Mate y yo fuimos disfrazadas como par de intensas a GC, un playlist de los 80’s, una malla entera y unos calentadores nos hicieron ver tan gallas como se lo imaginan, pero así descubrimos que hacer ejercicio con Rock es genial.

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Como no todo puede ser perfecto, el miércoles como un cataclismo me arrolló una jaqueca tan bestial que tuve que interrumpir mi buena racha y disculparme tanto con los seguidores de la larga lucha en Instagram, como con El Negro.

El jueves ya era una veterana en los ejercicios y no me dolía ni el hecho de que Maduro es presidente (exageración pero entienden el punto).

Por último el viernes, bien temprano, acompañada de buenos amigos viejos e interesantes amigos nuevos terminé el challenge superando mis propias expectativas.

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Como era obvio, descubrí que el ejercicio es bueno cuando lo haces bien si le agarras el gusto, y la dinámica distinta de GC me funcionó al pelo.

¿Lo del ánimo? Cierto también, por alguna razón que pueden googlear, me sentí como eufórica después de hacer ejercicio y digamos que la promesa latente de unos abdominales nuevos también es motivo para sonreir.

La conclusión de todo esto fue que la calificación que obtuve, según Roberto fue un 11/10 por “echarle un cerro”; el asombro de mis amistades, un sólido 9/10, mi opinión sobre GC Athletic Center un 1.000/10 y la nota que le doy a Mate por intensa, un 9/10 (porque si no me despiden).

El ejercicio lo voy a seguir, y la ingesta de tocineta se mantendrá siempre y cuando la inflación lo permita. Todo está en el balance.

#DISISHOWWEDO.