Porque la educación universitaria no es la misma de hace diez años

Como es costumbre, vamos a hablar del país, de la situación y de lo miserables que somos. Siendo venezolanos actualmente, además de estar regados por todas las calles y rincones del mundo, nos categorizamos por ser una población bastante echada pa’ lante sin importar la profesión o el lugar donde nos desenvolvamos.

A nosotros los jóvenes entre los 20 y 30 años viviendo en Venezuela, nos toca trabajar mientras logramos sacar un título universitario, ya sea para sustentar nuestros caprichos de fin de semana, o para pagar la matrícula de estudio. Todo eso en una situación donde el transporte público es un chiste, no puedes tener un teléfono bueno porque te lo roban y cualquier diligencia que en normalidad se hace en un día, aquí está lista en una semana.

Pero además de todos estos impedimentos, existe la reciente decadencia en cuanto a la calidad educativa de las universidades. Yendo de la mano con el factor “situación país”, es una realidad bastante latente que el sistema educativo universitario no es lo que significaba obtener un título en Venezuela hace cinco o diez años.

Ya sea por la escasez de profesores, la falta de organización, o la mediocridad en las instituciones, suele pasar que los mismos estudiantes deciden retirar una carrera debido a que encuentran mayor remuneración profesional desenvolviéndose en un trabajo, que yendo a clases para que los profesores falten o para recibir una clase sin preparación.

A raíz de este reciente fenómeno, decidimos consultar a nuestra fiel audiencia sobreviviente en este país comunista, si de verdad vale la pena trabajar por un título universitario y las razones por las que el alumnado ve un descontento.

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Por la mediocridad de los profesores

Ya sea por el sueldo que les pagan o porque simplemente su prioridad no es la cátedra que dan en una universidad, hoy en día solemos encontrar profesores que, a nuestros ojos, parecen tener la misma preparación académica que un niño de primaria. Porque faltan a clases y no avisan o porque dan una clase pirata, nosotros estudiantes nos sentimos prácticamente estafados cuando pasamos una materia esencial para la carrera con una calificación que no representa el aprendizaje obtenido.

Por la desorganización de la universidad

Ya sea por la demanda que presentan algunas escuelas de estudio o por simple falta de personal, se presentan casos donde la institución hace lo imposible por ayudar al estudiante a lograr la meta final: obtener el título para poder largarnos del país. Ocurre bastante con la flexibilidad de horarios en las universidades para  poder trabajar al mismo tiempo, específicamente cuando la gran mayoría del alumnado necesita ese sustento laboral para pagar la matrícula.

Por el costo de la matrícula

Simple; se pierde el sentido de trabajar como un burro para pagar unos estudios que al final no están representando la educación universitaria que se ve en un pénsum. Lo que ocurre en algunos casos es que la persona aprende mucho más en el área de trabajo, que yendo a clases para que el profesor falte.

La gran conclusión de este experimento es que el alumnado sí siente un descontento con respecto a la calidad profesional de los profesores, entendiendo por supuesto que la gran mayoría del personal hace su trabajo por vocación más que por la remuneración económica, pero a la vez exigiendo que por un precio costoso, se reciba la educación necesaria para ser los profesionales que necesita este país. 

Es evidente que a pesar de la molestia, nosotros como estudiantes, con cuatro años de carrera encima, la gran mayoría no va a retirar la matrícula, sobre todo cuando el título es necesario para salir del país. Simplemente nos queda aguantar la mediocridad de ciertos profesores, apreciar a los buenos que todavía dan clases con pasión, y por supuesto entender que toda esta situación tiene responsables: un gremio interesado en que el sistema más afectado en toda la población, sea el educativo.