¿Qué estás esperando lograr con tu conversación?

Aquí en el quinto mundo cuando alguien cuenta que fue atacado sexualmente, empieza un interrogatorio que incluye, “pero, ¿lo intentaste detener?”, “¿estás segura de que dijiste que no?”, “¿por qué no habías dicho nada?”. El énfasis está en que la víctima se comunique.

Se supone que hablar es hacer catarsis, liberarte de lo que te pasó, y hacerte sentir más cercana con aquellos a quienes se los cuentas. La cuestión es que no es una regla universal. Hay, al menos, tres cosas a tomar en cuenta:

¿Cuál es tu motivación?

Haber sido atacada sexualmente no significa que estás dañada. No tienes que advertirle a un novio en potencia como si estuvieses salvándolo de comerse un pollo vencido. Tal vez sea mejor que te tomes un tiempo para seguir procesando lo que pasó y luego revises tu motivación para contarlo.

¿Te sientes segura con la persona?

Aunque la reacción que tenga la persona tiene que ver más con ella que contigo, te va a afectar. Si aún no estás segura de cómo va a reaccionar, o de que no va a recurrir a la culpabilización de la víctima, tal vez no valga la pena hacerlo todavía.

¿Cuáles son tus expectativas?

Básicamente, ¿qué estás esperando lograr con tu conversación? Incluyendo si quieres algún cambio de comportamiento por parte de la persona con la que estás hablando, o si solo lo estás ofreciendo como información que complementa quién eres como persona.

#MeToo pareciera nutrirse del hecho de que todas las víctimas de violencia sexual han empezado a hablar, pero la realidad es que si fuiste atacada no le debes a nadie el contar tu historia, ni siquiera a otras víctimas. Y eso también incluye al público general, o el tipo con el que estás empezando a salir.