Teníamos que dejar que los pandas se extinguieran

No me importa que sean "cuchis"
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Sasha Bograd

Sasha Bograd

Desde el año pasado, el animal más gordamente adorable no se encuentra en peligro de extinción, sigue “vulnerable”, pero ya no es políticamente correcto que cuando pensemos en especies en peligro, imaginemos a un peludo oso blanco y negro.

En mi opinión tuvimos que haber dejado que el inclemente mazo de la madre naturaleza llevara al panda por el mismo camino del dodo.

Suena desalmado, pero los argumentos son válidos.

Antes de comenzar a decir por qué quiero acabar con la pequeña flota de pandas que quedan en el mundo, hay una sola cosa que no podemos atribuirles en su terrible lucha por sobrevivir en el planeta, y es que su fuente de alimentos (infinitos campos de bambú en la China) enfrentaron la deforestación de la mano del hombre. Gracias a nosotros y a la sed corporativa del país asiático (hablemos amarillístamente) estas grandes bolas torpes se quedaron sin alimento y necesitaron nuestra ayuda.

Hasta ahí nos vendieron la historia, y sin pensarlo dos veces, personas que ni sabían que hay más de 20.000 especies que enfrentan la extinción, se etiquetaron como activistas de los animales y defendieron a los pandas a capa, espada y billete. Mucho billete.

Canadá gastó en el 2012 la increíble suma de de 10 millones de dólares en cheques a China para mantener en sus zoológicos unos cuantos pandas, porque estos eran las grandes estrellas del lugar.

Estados Unidos le paga anualmente a China 1 millón de dólares por panda que tenga en su territorio, esto por supuesto sin que los pandas tengan crías porque esos son 600.000 dólares más por cachorro, sujeto a negociación.

Exacto, China, el país que básicamente empujó a este indefenso y francamente no muy inteligente oso a la perdición quemando su fuente de alimento, lo convirtió en su símbolo nacional y logró cobrarle a otros países por querer tener un pedacito de su fama.

Y después nos preguntamos qué hace un chino en Chichiriviche. Dominando el mundo, eso es lo que hacen.

Desde el instante en que se viralizó el panda, su innegable carácter amigable y conductas torpes, se fundaron varias compañías de preservación animal, poniendo al panda como su consigna principal. El World Wild life Fund de hecho lo hizo su logo.

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Chris Packham, un autor inglés bastante reconocido por su conocimiento acerca de la vida silvestre dijo:

“El panda es posiblemente uno de los más grandes desperdicios de dinero de la última mitad de siglo”.

¿Y cuál es el problema con esto se preguntarán? Lo que sucede es que este animal que cuesta enormes cantidades de dinero porque se adaptó al cautiverio y porque come casi 20 kilos diarios del muy costoso bambú, evita que otras especies como los manglares, rinocerontes y nutrias reciban fondos para subsistir, incluso considerando que estos son clave para sus ecosistemas.

Lo que quiere decir que animales como la rana morada no reciben fondos y muy seguramente dejen de existir porque a la gente no le importa preservar animales que se vean así:

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Pensarán que el panda es la víctima de todo esto y que por supuesto no debe cargar con la culpa de que los chinos perversos acaben con su comida ni en que sean los Miss Universo del reino animal y le hayan ganado en belleza a un poco de concursantes poco agraciadas.

Sin embargo, Darwin se revolcaría en su tumba al ver tantos esfuerzos puestos en preservar una especie que parece que no quisiera ser salvada.

Su principio de selección natural estipula (más o menos) que aquellos que mejor se adapten a su entorno serán los que perduren como especie.

Los pandas han demostrado tener las peores capacidades adaptativas desde que a tu abuela le dijeron que comiera sushi el domingo en la reunión familiar.

Ya sabemos que no pueden comer otra cosa que no sea bambú, y como son peludos y parece que tuviesen una máscara, esta se la vamos a dejar pasar.

Pero estos “súper” osos lamentablemente han demostrado cero interés en procear y salvarse por sí solos.

Sí, muchos lugares de preservación de pandas se han visto ingeniándoselas para hacer que las pandas se embaracen intentando con inseminación artificial, que suele ser entre familiares cercanos y esto complica la genética; y mostrando panda porn.

Por más SNL que parezca esto, no es mentira, les han tenido que mostrar a los pandas videos de otros pandas apareándose para darles una idea de cómo va la cosa.

Y aún así, dado el extraordinario caso de que un panda de a luz a dos crías, por procesos de comportamiento animal de la especie, la madre rechaza a uno quedándose con el más fuerte de los dos cachorros.

Así que más recursos y más energías para salvar a Anita la panda huerfanita.

Chiste cruel, pero así es la naturaleza.

Todo esto considerando que es casi imposible sacar a los pandas de cautiverio y reinsentarlos en la naturaleza porque están muy cómodos y ellos lo saben. En China, incluso se disfrazan de panda para acompañarlos en este cambio, y de nuevo, no es mentira.

Lu Zhi, un experto en pandas de la Universidad de Beijing dijo:

“Introducir un panda en la naturaleza es tan inútil como quitarse los pantalones para tirarse un peo”.

Muchas personas odian los mosquitos, las cucarachas, las culebras o los leones, yo por mi parte odio los pandas y pienso que todo ese dinero debería ir a, no sé:

¿Educación?, ¿Bajar los niveles de pobreza?, ¿Empleos?, ¿A comunidades hambrientas?

Sin embargo el mundo prefiere tener videos así:

Mundo enfermo.