Reto “estar presente” - The Amaranta

Sobre mis falsas esperanzas de “estar presente”

Lo intenté por una semana y fue patético.
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Being-Present

Hace cinco años tenía sentido hablar del término “estar presente” como si fuese la cura al virus que la tecnología nos ha contagiado. Sin embargo, hoy primer martes de septiembre del 2017, digo sin hesitar que ya nos hemos convertido en el virus.

¿Por qué? Porque ya no tenemos idea de qué significa no estar conectada a nuestros celulares. En un momento estamos viendo una película tranquilos en la comodidad de nuestras pijamas, y de la nada recibes una invitación por WhatsApp a comer empanadas y tomar cervezas. ¿A qué realidad te vas a atener? La verdad es que siempre queremos asegurar nuestro próximo paso, y en eso dicen que está la falla.

¿En qué consiste “estar presente”?

Pues muy simple (en teoría). Para estar presente es necesario desconectarte del mundo digital para enfocarte únicamente en el mundo a tu alrededor. Pero la práctica de este reto para una millennial como yo resultó ser más complicado de lo que imaginé. 

Pero a falta de ideas para escribir y con las ganas de “desconectarme” estas vacaciones, opté por vivir una semana con la siguiente condición:

Juro no utilizar el teléfono (aplicaciones) cuando esté en reuniones familiares o con amigos. Tampoco cuando esté trabajando. Esto incluye no tomar fotos ni historias mientras esté en estos momentos. Tampoco utilizar el iPod o cualquier forma de distracción mientras esté esperando a alguien o cuando esté aburrida. Es decir, el teléfono será utilizado exclusivamente en la necesidad de comunicarme, no más.

Entonces el reto consistía, básicamente, en solo estar ahí, living the moment. Y fallé...catastróficamente.

Lunes, día 1:

Ya era hora de dejar la vagancia y confié en la alarma que había puesto la noche anterior a las 8 de la mañana. Como era de esperarse, le di snooze ocho veces y me terminé despertando a las 10:30 a.m. Lista para trabajar, me dispuse a meter mi teléfono en una gaveta y en silencio.

Luego me di cuenta que ese sería el menor de mis problemas.

Gran parte de mi inspiración al momento de escribir viene de más de cinco pestañas a la vez de noticias basura de farándula y música que tus papás escuchaban cuando estaban de novios. Sin embargo, tendría que prescindir de eso y enfrentarme a la página en blanco sin la ayuda de Fleetwood Mac. Fue una pesadilla, y me tardé más de lo que tenía pensado.

Cuando terminé, inevitablemente quise revisar mi teléfono para ver si nadie se había muerto en mi ausencia o si la dictadura había acabado mientras trabajaba en mi isla libre de distracciones. Pero no, todo seguía igual, en especial el plan que tenía mi amigo de reunir a toda el gang el miércoles en su casa. Plan al que confirmé mi asistencia y pasé el resto de mi día viendo Jessica Jones.

Este día me acosté muy orgullosa de haber cumplido con el reto. Pobrecita no tenía idea.

Martes, día 2:

Era el día de entregar las ideas semanales en TheA y como casi todas las escritoras estaban de viaje o tenían dificultades para llegar a la oficina, el consejo editorial se hizo a remoto. Aquí mi reto consistió en ofrecer ideas que no le dieran ganas de vomitar a mi editora. Lo que fue difícil porque solo tenía una pestaña abierta en mi laptop para la tarea. Así que me dediqué a buscar respuestas en el techo de mi cuarto.

Al parecer sirvió porque se me ocurrieron unas bastante buenas.

El resto de mi tarde consistió otra vez en Jessica Jones y en explicarle a mi novio lo importante para mí que era este reto. Entendió bastante bien, pero quien no lo logró fue mi mejor amiga que le parecía una ridiculez estos sacrificios que yo hacía para la revista.

Después de un rato de debate, me di cuenta que estaba ignorando por completo el episodio que estaba viendo y la llamada de comer de mi mamá para callar a mi mejor amiga vía Whatsapp.

Fail total. Toda la noche, en mi aburrimiento, me sumergí en la mayor profundidad que pude de Instagram, scrolling todo lo no había podido hacer en la mañana de ese día ni del anterior para matar el despecho de haber fallado.

Miércoles, día 3:

Cuando tienes una resaca, te odias a ti misma por caer tan bajo en el alcohol sin haberte importado nada. Así pasó conmigo, los memes de Instagram y los videos de teorías locas de Game of Thrones

Como castigo, una gripe infernal fue impuesta sobre mí. Lo que me obligó a cancelar los planes que mi amigo había propuesto. Después le propuse a mi novio quedar en mi casa el fin de semana para hacer algo con nuestras vidas que no fuese trabajar y poder estar presente en algo distinto. Aunque lo hiciera moqueando, no me importaba.

Estuvo de acuerdo.

Jueves, día 4:

Ese día mi mamá tuvo la delicadeza de levantarme a las 8 de la mañana para acompañarla al banco. Mientras esperaba, no me molestó revisar los correos desde mi teléfono ni verificar que a mi novio aún le faltara mucho por salir de su casa.

Otra vez, mayor fail. Pero en serio, ¿quién quiere estar presente en una cola de banco?

Cuando por fin llegó mi novio, fue más fácil olvidarme del reto como una imposición. Así que salimos a caminar un rato y cuando llegamos, tardamos una hora en decidirnos por una película mientras, revisaba de vez en cuando "a sus espaldas" los memes de Instagram

Shame.

Viernes, día 5:

Ya no podía esperar a que se acabara el reto. Fue una idea estúpida. O al menos era una idea con muy poco sentido en el 2017.

Pasamos todo en día en librerías, caminando, comiendo y hablando de la gran mentira que son las personas que hacen este reto y dicen que lo lograron. Ya estaba molesta con el asunto. Pero nada que un shawarma y una partida de Scene It en la noche no podía resolver.

Sábado, día 6:

Mi novio se tuvo que ir en la mañana, mis papás se despidieron amablemente de él y cuando se fue, corrí a donde estaba mi teléfono y pregunté en el único grupo de WhatsApp que leo quién quería salir a tomar cervezas. 

Pero cuando tengo unas birras en la mesa, no hace falta planear mi próximo paso. No importaba. Horas después nos encontramos con otros amigos y se volvió una noche perfecta de panas y cervezas bien frías.

Reto, ¿qué reto?

Domingo, día 7:

Como un buen domingo, curé el rastro de las birras con un sueño que duró hasta el mediodía, café muy fuerte, pijamas bombachas y un buen libro. Acción que quise publicar en Instagram bajo la siguiente premisa "¿Acaso dejaré de leer el libro por haberlo publicado?".

Por supuesto que no...pero sí estaría pendiente de quién le daba like diez minutos después de haberlo hecho. FAIL

Ya entendí.

¿Por qué no pude seguir el reto?

Porque por alguna razón es muy difícil desconectarse por completo. El aburrimiento ya no es una opción cuando tienes tantas plataformas de comunicación.

No puedo hacer algo sin mirar de reojo el siguiente paso que tomaré o de algo que pasa a kilómetros de distancia.

Lo que sí aprendí

1. Puedo dedicarme por entero a mi página en blanco sin procrastinar y sin verle los dientes afilados ni su instinto asesino

2. Entendí lo molesto que es cuando alguien usa el teléfono en vez de prestarte atención a ti.

3. Que un momento lindo o romántico no es lo mismo con el ojo puesto en el grupo de WhatsApp.

4. Nada es tan urgente como parece.

Entonces, ¿cuál es el verdadero reto aquí?

El verdadero reto no significa evitar registrar la salida con tus amigos, ni ignorar por completo tu celular y mucho menos entregar tu alma al mindfulness

"Estar presente" es un estado mental que te permite disfrutar por completo lo que sea que estás haciendo. Te obliga a hacerte la pregunta "¿Qué es más importante?", un almuerzo con tus papás o un meme X que te haya mandado cualquier amigo.

El verdadero reto consiste en disfrutar a tu forma lo que sea que estés viviendo, a veces con distracciones o y otras veces no, porque eso también es parte del momento. Con toda la vibra de la frasesita repetida del Carpe Diem, te digo que el punto está en no ser esclavo de ninguna de las dos modalidades, saber priorizar y pasarla bien sin interrupciones.