La teoría del sexto dedo

¿Qué defecto tienes tú que no puedes ignorar?
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Sasha Bograd

Sasha Bograd

José, un amigo, se enamoró una vez de una mujer inteligente, hermosa y graciosa, todo un unicornio. Yo conozco a José, sus enamoramientos normalmente se limitan a “está buena” y una descripción del tipo “tiene un culo y dos ojos”.

Usualmente yo solo lo miro con completo desinterés y le digo algo innecesariamente agresivo como “bueno, no me parece relevante que alguien esté bueno y tú en realidad dices eso del 99% de las mujeres que ves con tu visión periférica… so whatever, dude”.

Tuve que prestar atención cuando me habló de esta tipa y la primera palabra que mencionó no estaba relacionada al físico.

José y el unicornio tuvieron un par de citas geniales. Tenían demasiado en común, ella botaba escarcha cada vez que caminaba, cagaba cupcakes de fresa, y obviamente “estaba demasiado buena”. Un día, decidieron tirar, y antes de desvestirse el unicornio dijo “oye, debo decirte que tengo un sexto dedo”. Cuando se quitó todo mostró que, en efecto, tiene un sexto dedo en uno de sus pies. José salió corriendo porque es la persona más superficial del planeta. De esos tipos que pesan 300 kgs pero jamás saldrían con una mujer que tuviese 300 gramos de más, mucho menos un dedo de más.

Después de escuchar eso, me di cuenta que en realidad todos poseemos un sexto dedo. Todos tenemos algo raro que nos hace potencialmente menos atractivos y lo ocultamos hasta el último momento posible. O tenemos la ventaja de que nuestro sexto dedo no es literal y podemos ocultarlo hasta muchísimo después del sexo. Y por el lado menos reflexivo e introspectivo, todos tenemos un turn off que nos hace salir corriendo y no querer ver a esa persona jamás en la vida. Afortunadamente no todos somos tan superficiales como José y nos alejamos de dedos extras un poco más metafóricos.

Para mi el sexto dedo que me haría lanzarme por una ventana, es una persona acomplejada compensando agresivamente sus carencias. Ni siquiera es un sexto dedo común y corriente, es un sexto dedo lleno de hongos y chancros.

Para Mariana, 24, comunicadora social

“Un tipo con malos olores, modales espantosos en la mesa, y que haga shows”.

Para Tiffany, 28, psicóloga

“Que sea bruta, que no tenga ni idea de lo que está hablando pero no lo acepte”.

Joaquín, 29, programador

La uña de coca. Mis palabras, no las de él. Habló de la “uña larga del dedo meñique” pero Joaquín es demasiado decente como para saber que en las calles es comúnmente conocido como “la uña de coca”. También le molesta que hablen de otro culo mientras están en una cita con él.

Diego, 25, publicista

“Que solo escuche trap”.

Cristian, 28, diseñador

“Que diga “soy marico pero no loca” o cualquier cosa parecida. Inmediatamente me paro y me voy”.

Carla, 25, editora

“Cualquier clase de error ortográfico. No puedo superarlo. Es el sexto dedo sucio y oloroso que me hace huir”.